domingo, 12 de octubre de 2014

Recuerdo de Fidel Villar



Murió el jueves el escritor granadino Fidel Villar Ribot, quien hacía muchos años que tenía gravemente herida la salud. Su enfermedad, su debilidad de cuerpo, la pérdida de masa muscular, los problemas de su organismo parecían tener el contrapeso de un vigor admirable y de una facundia que, porque era cariñosa e inteligente, y procedente de una gran cultura, no abrumaba. Recuerdo algunas conversaciones interminables, en Granada o Sevilla: siempre aprendí de él.
     Cuando yo trabajaba como director literario de un pequeño sello, estuvimos a punto de publicar unos relatos suyos. La enfermedad económica del país, no la suya física, lo impidió cuando aquella empresa se fue a pique. La última vez que lo vi -luego hablamos alguna vez por teléfono- me regaló un hermoso lunario lorquiano que tituló Polisón de nardos. Antes, el conocimiento y la lectura de Elena Martín Vivaldi. 
     Poeta, narrador, articulista, también fue traductor, y vertió nada menos que a Eugénio de Andrade. Su propia poesía, saludada con entusiasmo por Jorge Guillén, María Zanbrano o Gerardo Diego, tiene versos como estos, de hace treinta años, que se ven ahora tintados por la profecía:

No murió entonces la ilusión clara,
esa inocencia que crees huida para siempre
ni la flor que en tu vientre robar viste
porque tu corazón es joven como un fruto
y los días seducirán tu rostro
para un gozo que ni la muerte turbe.