miércoles, 19 de noviembre de 2014

Aldaba y pico



Comíamos ayer, con el balcón cerrado al fresco de noviembre, y como un comensal imprevisto llamó con dos toques muy leves una sombra, de figura distinta a la del gorrión, aunque de similar tamaño, y verde y hasta azul, no sé si reflejo del esplendor del cielo. Se posó luego en la persiana enrollada de la casa de enfrente, pista de despegue, curva y también verde, de su suelo. Y se marchó con su secreto aéreo.

Late el cristal.
¿Qué recado nos trae 
el verderón?

2 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

No lo sé con seguridad... ¿Quizá que vosotros teníais la persiana sin enrollar?
Abrazos, siempre

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Nosotros no tenemos persiana. Solo el cristal nos separa de la intemperie. Vimos el ave, pero ¿nos vio ella a nosotros?