sábado, 1 de noviembre de 2014

Otoño y premios





Aún calurosa por estas tierras, trae la estación sus frutos, que en el campo son vegetales y en camino a nuestras bocas, y de tinta y papel en lo literario, para el deleite de la vista y la inteligencia en los mejores casos. A veces, más que frutos ya cosechables, se trata de la siembra de lo que se recogerá dentro de unos meses, en el correr del tiempo que no se detiene aunque a todos se nos vaya terminando la cuerda del reloj, en el que ya empieza a haber piezas oxidadas por la intemperie que es, no importa qué techo la cobije a ratos, toda vida. 
     En los últimos días varios amigos han obtenido premios de poesía, y otros me han hecho llegar los libros galardonados suyos, propios ya al leerlos y disfrutarlos, o he tenido también la ocasión de presentar alguno. Si el jueves compartía mesa y conversación con Eduardo García en torno a su poemario Duermevela, por el que recibió el XXXV Premio de Poesía Ciudad de Melilla, unos días antes recibía la alegría de que Javier Vela se alzaba con el Premio de Poesía Joven Emilio Prados, para menores de treinta y cinco años. La obra se titula Hotel origen y será publicada por Pre-Textos. Pre-Textos será también la editorial que publique el libro merecedor del Premio Unicaja este año, que ha ganado Enrique Baltanás. Cuando se publique su libro Las propiedades del aire se enmendará un importante desacierto: que la concesión del premio no conlleve la edición del libro ganador, como le sucedió el año pasado a José Manuel Benítez Ariza con Panorama y perfil. Hay que felicitarse, sin embargo, por su inminente aparición en la Colección DKV de Poesía que dirige en Jerez de la Frontera José Mateos.
     De Murcia, pero pasando por Gijón, donde reside el poeta, me llega finalmente Lo que dejan los días, de Pablo Núñez, libro ganador del XX Premio de Poesía Dionisia García. De un hermoso soneto suyo son estos versos que se pueden aplicar a esta perseverancia en la escritura de la que tan buenas muestras dan los volúmenes, premiados o no:

las ideas, los gestos, las palabras
que alguien dijo una vez y se quedaron
en el alma del mundo resonando;

y también permanecen, felizmente,
viejos sueños que acaso cumpliremos.
Ingenuos arañazos a la muerte.