jueves, 13 de noviembre de 2014

Primera piedra



Mandaba la semana pasada el nuevo libro de poemas al editor (supongo que aparecerá en la primavera) y ya han venido nuevos versos a importunarme. Son tan recientes que no tienen todavía título:



Hilos que cosen el botón
–ese ojal que le guiña–
de la vida a la muerte.

Hebras de pasta dentrífica
–¿contra qué caries?–
cayendo de cerdas oscureciéndose.

Tiras de una cebolla finísima
que ni siquiera logra
hacernos llorar.

Bufandas sin teñir
abrigando amorosas
nuestro frío.

Muelles helados en la noche
vistos desde un avión,
no un buque: su estela.

Pequeños chiles
todos cubiertos de nieve
en agosto.

Canas, versos blancos
que no riman con el mundo
cada vez más negro.

Mangos de un hacha invisible
que sin moverse
nos decapita.