viernes, 28 de noviembre de 2014

Tangerine Dream




Paul Bowles y los desnortados de la Beat Generation, y el recuerdo en prosa de los últimos estertores de aquella época en la prosa de Eduardo Jordá, un lugar mítico que aquí no es mera literatura, sino el cruce de coordenadas de la propia vida, el cosmopolitismo y lo atávico, todo eso es Tánger. Álvaro Valverde ha compuesto con la luz de la ciudad y sus reverberaciones su más reciente publicación, un libro unitario y, por eso mismo, tratándose de un muy buen poeta, lleno de matices. Hay páginas minimalistas como un haiku:

La ciudad, 
desde el barco,
es una mancha blanca.

Una sábana al sol.

La ciudad es correlato objetivo, como cuando tras presentarnos sus calles, un portal, un rótulo, leemos:

Piezas sueltas de un puzle
que tendrás que ordenar.

Para saber de ti.

Del medio centenar de composiciones o cuencas de este collar tangerino, casi un sueño como el nombre de aquel grupo de rock basado en parte de la letra de una canción de los Beatles, esta, tan atemporal, tan de cualquier latitud, me parece uno de esos logros que habría deseado firmar cualquier poeta y que hay que agradecer, porque es él quien la ha escrito, a Valverde:

De los barcos envidio
la promesa latente
de una vida distinta.
Los observo a distancia,
con vagos sentimientos encontrados:
el de huir a lugares donde nunca se escapa,
el de tornar de sitios de donde no se vuelve.