miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA CIUDADELA





Estantes, caballetes
que sostienen el lienzo
de la literatura.
Tras los lomos de los libros
no acaba nada,
todo comienza.

De cartulina o piel, un lomo
siempre es un vaso comunicante,
y lo que importa
no es tanto lo que pintó el autor
como lo que vemos nosotros.

En la lectura,
la vista es el pincel;
la tela, ensueño.
Rompiendo el marco de la página,
vuela el cuadro de la imaginación.

(Escrito tras visitar las bibliotecas personales de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis, conservadas en la Ciudadela de la Ciudad de México)




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