miércoles, 30 de abril de 2014

Pérez Azaústre sobre "La lluvia"




Felicísimo estoy, y gritando de alegría, por la generosa lectura que hace de La lluvia Joaquín Pérez Azaústre. ¡Gracias!

martes, 29 de abril de 2014

El Rastro




Se presentó la otra tarde el cuarto número de la revista El Ático de los Gatos (elaticodelosgatos.comunicacion@gmail.com), que dirige Rosario Troncoso y diseña Paco Mármol. Se dan en ella unos poemas míos. Este es uno de ellos: 


EL RASTRO

Hoy vengo a visitarlo una vez más,
con su nombre rotundo
–la plaza de Cascorro– y con su frío
cogido de la mano de mi padre,
guante de lana arriba y con bigote
aún no cano como una estalactita,
pero ya como tiza que se adentra
por la pizarra
calculando la resta de sus días.

Cosas viejas para asombro
de aquel nuevo huésped del mundo:
trastos, cachivaches, descabaladas piezas
de un rompecabezas inservible,
una locomotora sin vagones,
curvadas vías a otra escala,
revistas de espectáculos con actrices ya muertas.

Esta otra mañana de domingo
he visitado aquellas callejuelas
de la memoria –ese otro Rastro–,
y allí he visto, igualmente nublados,
mis siete años como un sucio candelabro
abollado y por quien nadie pregunta.

En una acera rota los juguetes
y mi cara de asombro
grabada con navaja diminuta
en la corteza rota del recuerdo.

Con zapatos Gorila y con su trenca,
y, tan remota,
una soledad sin estrenar:
expuesta mercancía a la intemperie.

lunes, 28 de abril de 2014

Bonilla y Maiakovski




Estado Crítico publicaba el jueves esta reseña mía de Prohibido entrar sin pantalones, la novela de Juan Bonilla sobre el poeta ruso.

domingo, 27 de abril de 2014

Machado y Yeats: paralelismos y divergencias




Con diferencia de solo tres semanas, en lo más crudo del crudo invierno (son palabras de W. H. Auden en su peculiar elegía al irlandés), dos de los más grandes poetas europeos morían, ambos en un país extranjero (Francia), en pequeñas localidades costeras asomadas al Mediterráneo. Era 1939.
Hoy, setenta y cinco años después, tal vez merezca la pena ver juntas ambas trayectorias, lo que de común tuvieron ambos más allá de esa circunstancia final, pues son notables los puntos en común, tanto como –lo veremos– las líneas de divergencia.
William Butler Yeats nació en 1865, diez años antes que el poeta español, en el seno de una familia ilustrada.  Su padre fue pintor, como su hermano Jack (José, el hermano de Machado también lo fue). Y sintió un gran interés por las tradiciones populares de su país, que llevó continuamente a su literatura, con la recuperación de personajes como el héroe gaélico Cú Chulainn. También compuso un buen puñado de baladas, sobre todo en sus primeros libros (la del padre John O’Hart, la de Moll Magee, la del cazador de zorros, la del padre Gilligan…). No pocos de sus poemas se titulan, además, “canciones” (la del errante Aengus, la de la madre anciana). Las baladas, poemas narrativos, tienen su correlato en los romances, y cabe recordar aquí, mutatis mutandis, “La tierra de Alvargonzález”. En cuanto a las canciones, estas son parte inseparable de la obra machadiana, incluso en el título de Nuevas canciones (1924).


El simbolismo está también presente en la primera época de Yeats en composiciones como “La caída de las hojas” y “Ephemera”, y fue, a partir de La rosa (1893) derivando en un simbolismo menos literario (que él había aprendido en parte en Arthur Symons) y cada vez más esotérico, espiritista, astral, manifiesto la reelaboración personal de mitos y creencias sobre el Otro Mundo feérico tan vigente en el campesinado irlandés de su época. Por cierto, y aunque esto es meramente anecdótico, la hermana de Bergson, a cuyos cursos asistió Machado en la Sorbona, fue la esposa de una importante figura de la asociación ocultista la Rama Dorada: el mago MacGregor Mathers.
Parece hoy aceptado que Machado fue masón, como tantos en aquella época, aunque en su caso particular muy poco activo, y más como una vía de conducir sus inquietudes de trascendencia, pues era un hombre religioso, al margen de la Iglesia oficial. El paso de Yeats por esa Golden Dawn y no solo ella, más el conocimiento que tuvo de H. P. Blavatsky son de sobra conocidos.
También se caracteriza Yeats, como Machado, ajena al fanatismo y en la línea de un afán regeneracionista, por una preocupación patriótica: “A la Irlanda del mañana”, aunque en su caso, y a pesar del título de este poema, no tan pendiente de lo porvenir como del pasado, con sus relatos y canciones en la estela de Davis, Ferguson y Mangan. Las críticas acerbas de Antonio Machado a la “España de charanga y pandereta”, un lugar insensible al arte, a lo elevado, tienen su equivalente en “A un rico que prometió una segunda suscripción al Museo Municipal de Dublín si se probaba que el pueblo quería cuadros.” Ahí, Paudeen y Biddy son personajes que se podrían extrapolar a Machado, a esos pagados de sí mismos refractarios a lo nuevo y noble. “La ciudad ciega e ignorante”, ¿no podría ser, incluso, la maravilla que es para Machado la Sevilla sin sevillanos? ¿O en realidad España toda?
Están además las máscaras, las personae, las voces apócrifas que Yeats emplea por ejemplo en el poema dialogado “Las fases de la luna”, donde aparece Aherne y Robartes (a ambos volverá a dar la voz más tarde, y al segundo en el ciclo de poemas Michael Robartes y la bailarina (1921). También, la figura de Hanrahan el Rojo. También Jane la Loca. Esto hizo que el gran estudioso del irlandés, Richard Ellmann, titulara su trabajo sobre él Yeats, The Man and the Masks. Los apócrifos de Machado, aunque descuellen entre ellos Abel Martín y Juan de Mairena, alcanzan (cierto que con poca elaboración) la veintena.
Fue, sí, breve ese lapso de tres semanas en el que murieron Yeats y Machado. Pero en realidad, ahí acaba el paralelismo: el primero lo hizo en una buena vivienda de Roquebrune, en la Costa Azul; el segundo, también muy enfermo, en el cuarto de un muy modesto hotel de Colliure. El primero, con una muy saneada economía que se vio notablemente favorecida por las buenas regalías de sus obras y por la concesión, en 1923, del Premio Nobel de Literatura. El segundo, prácticamente en la indigencia, huido de un país en guerra del que escapaban miles y miles de compatriotas en condiciones aún más penosas que él mismo. Los restos de Yeats fueron trasladados tras la Guerra Mundial a Irlanda, al condado de Sligo del que era una rama de su familia. Los de Machado siguen en la tumba francesa.
Es tarde cuando redacto estas líneas y no deseo agotar (bastante lo estoy yo ya) el tema. Seguro que estas cosas y otras, sobre algunas de las cuales hablé en el curso de mi intervención en una mesa redonda celebrada este viernes pasado en la Feria del Libro de Tomares junto a Enrique Baltanás y Andrés Trapiello, formarán parte del ensayo que sé que prepara el profesor David Gareth Walters, de la Universidad de Swansea, en Gales. He leído que trabaja sobre el asunto. Aguardo con interés la publicación de su estudio.


sábado, 26 de abril de 2014

Mucho ruido y pocas nueces




En la columna de El Mundo, ayer, me ocupaba de unas traducciones deficientes. No de Shakespeare, como podría deducirse del título, sino de unas simples placas de tráfico para peatones en la Semana Santa de Sevilla.

viernes, 25 de abril de 2014

Juan Ramón Jiménez y José Antonio Primo de Rivera




Muchos han sentido atracción por la figura compleja, llena de matices, de José Antonio Primo de Rivera. En el reciente libro de entrevistas a Juan Ramón Jiménez recopilado por Soledad González Ródenas, Por obra del instante, el moguereño se despacha con los intelectuales del 98, a los que tacha, acusándoles de una posición poco digna, de "espinazos horizontales". Por contra, incluye entre los "espinazos verticales" a José Antonio. Puede sorprender, pero en realidad no es extraño. Como Rosa Chacel o Federico García Lorca, en otras ocasiones J.R.J. mostró su simpatía por él, por su temperamento y por su inteligencia, admiración que no necesariamente tenía que sentir, también, por el movimiento político que fundara el hijo del dictador. Así, por ejemplo, en una dedicatoria que con otras varias a Ganivet, Cajal, Costa o Besteiro pensaba incluir en Ideolojía y que se conserva en la Sala de Puerto Rico, J.R.J. escribió: "A José Antonio Primo de Rivera, frente clara, corazón entero, conciencia noble." También en 1952 escribía a Gregorio Marañón un prologuillo-dedicatoria en que incluía a José Antonio entre los aristócratas no de cuna, sino de virtud. Y ello a pesar de que no podía guardar buen recuerdo de quienes allanaron su domicilio de la calle Padilla al acabar la guerra: una de los tres que arramplaron con libros y papeles del futuro Nobel era el falangista Félix Ros, participante en la Corona de Sonetos en honor de José Antonio. Desde su exilio, Jiménez escribió una carta a Rafael Sánchez Mazas, carnet número 4 de la Falange, pidiendo su intervención para recuperar lo suyo. 
     Un detalle curioso, uno de esos azares que demuestran que el mundo es un pañuelo, es que un primo de Zenobia, el juez Federico Enjuto ("el primo Fred"), con quien J.R.J. coincidió en el exilio en Puerto Rico, fue instructor del proceso que llevaría a la condena del jefe falangista en Alicante.
     No es de la misma opinión que Jiménez el novelista Antonio Orejudo, quien en su Fabulosas narraciones por historias hace pasar por tonto al autor de Diario de un poeta recién casado a través de un personaje doblado de narrador, y por no menos cretino al fundador de la Falange, a quien de forma habitual cose un epíteto que declara su antipatía: "el repeinado José Antonio". Que a Orejudo este no le cae nada simpático lo demuestran las cuatro o cinco apariciones del marqués de Estella, a quien nos los presenta por primera vez en 1924 en una fiesta de la buena sociedad madrileña. Lo que pasa es que se le va la mano en el retrato que hace de su personaje, a quien convierte en un monigote esquemático, y por ello burdo. 
     Ayer se cumplía un aniversario más de su nacimiento. Pese a sus rasgos violentos (como los de tantos de la izquierda y la derecha de aquella época, por otra parte), pese a que el régimen de Franco lo mirificara -lo mitificara-, en lo sustancial su figura sigue resultando sugestiva. A ella se han adherido no pocos energúmenos, pero también numerosas personas idealistas, honradas, bienintencionadas. Esto es algo que, aun por lo bajini, reconocen muchos. Cierro ya la entrada con unas palabras que no son mías, sino de Rosa Chacel en Alcancía"Porque no me extraña que llegasen a matarle: estaba hecho para eso, pero que después de muerto se haya hecho el silencio sobre su caso... Era difícil y expuesto por la gran confusión en torno. Por el contrario, los gitanillos, las faldas de volantes, los toritos bravos y todo el puterío sublimado extendiendo por el mundo una España histriónica era vivificante para la cosecha de turismo. Es cierto que su simpatía por los fascismos europeos, tan macabros, le salpicó con el cieno en que ellos se enfangaron, pero leyéndole con honradez se encuentra el fondo básico de su pensamiento, que es enteramente otra cosa."

miércoles, 23 de abril de 2014

PELEAS DE 1975




 Antes de ser este que escribe,
yo fui aquel chico
como antes de ser Muhammad Ali
este era Cassius Clay contra Joe Frazer.

Peleábamos en un cuadrado de tierra
de nuestro parque triste
como otros en el ring
bajo los focos.

Sin guantes,
pequeñas cordilleras arrasadas,
los nudillos eran un campo visto desde el cielo,
parcelas cuarteadas de un secano,
rojas lindes lo mismo que una red,
un colador del que se hubiera 
escurrido la carne
dejando el vino tinto de la pena.

Emborrachándonos,
la sangre bombeaba adrenalina
bajo la piel;
para no perderse el combate,
asomaba desde el palco de la ceja
al dintel y al alféizar
de esa ventana: nuestra boca,
las butacas partidas de los labios.

Con frialdad y sin énfasis
nos golpeábamos.
Queríamos ser hombres, cuando ahora
solamente anhelamos
que termine el último asalto;

sonando la campana absolutoria,
reposar en la lona, y para siempre.

(Este poema acaba de vez la luz en el número 42 de Sibila. Estaba destinado a ser como otros que junto a él salen un adelanto de La lluvia, pero por insólito que sea apareció antes el libro que la revista).



martes, 22 de abril de 2014

Una entrevista en "El Cultural"



A propósito de la aparición de Los huesos olvidados, la semana pasada atendí a las preguntas de Alberto Gordo, quien -cosa cada vez más infrecuente entre periodistas, abrumados por la precariedad y las prisas- se había leído la novela antes de abordar la entrevista. Esta se publicó ayer y se puede leer aquí. Ah, dejo aquí el cartel de la próxima presentación en Sevilla.


lunes, 21 de abril de 2014

Algo más sobre Leopoldo María Panero




Es cierto que a la poesía de Leopoldo María Panero, especialmente la de sus últimos años, la atraviesa un tremendismo, una incoherencia, repetidos hasta la saciedad. Y también la suciedad escatológica. Pero toda su obra está salpicada de destellos. Y alguna vez, también, de humor, que no es característica que abunde entre los locos. 
     De 1981 son las Tres historias de la vida real, tres microrrelatos de antes de que estos se pusieran de moda en los que Panero despliega un juego brillante sobre la identidad y que pueden arrancar una carcajada. Su contenido desborda la promesa ya divertida de sus títulos: "La llegada del impostor fingiéndose Leopoldo María Panero", "El hombre que se creía Leopoldo María Panero" y el de advocación tan fordiana como "El hombre que mató a Leopoldo María Panero (The Man Who Shot Leopoldo María Panero".
     En el primero de ellos, alguien llama a la puerta del poeta y dice llamarse como él. "Sin embargo, su falta de entereza al representar el papel, sus abundantes silencios, sus equivocaciones al recordar frases célebres, su embarazo cuando le obligué a recitar a Pound, y finalmente lo poco de sus gracias, me convencieron de que se trataba de un impostor." 
     En el segundo, el hijo menor de una familia se levanta de la cama y va en bata al dormitorio del padre para decirle que es Leopoldo María Panero. "Mientras se demoraba en acentuar su disgusto por la película de Chávarri El Desencanto, no hubo más remedio que llamar a un psiquiatra. Ya en el manicomio, persistía en su delirio, imaginaba escenas de la infancia, calles de Astorga, campanadas, porrazos de mi padre."
     Pero es el tercero el que más me gusta, con su desdoblamiento y alusión cinematográfica. Aquí, el poeta -en otras ocasiones transmutado en llanero solitario o indio crow- aparece como un sosias de John Wayne. Así comienza esta página lúdica, en la que no cae la sombra de tantos otros poemas: "Mi querido amigo Javier Barquín siempre creerá que fue él quien mató a Leopoldo María Panero. Pero eso no es cierto. Nadie tenía entonces valor para hacerlo. El sujeto tenía aterrorizada a toda la ciudad. Había raptado a varias mujeres y amenazaba con torturarlas". Y continúa este peculiar western con un cierre que es al mismo tiempo clásico -en el homenaje a Ford- y sorprendente.
     He citado solo fragmentos. Nadie debería vetarse el disfrute de la docena de líneas que compone cada uno de estos poemas en prosa o cuentos líricos. Delíricos.
     

domingo, 20 de abril de 2014

Otia Ludovici Alberti Conquensis





Seguramente habrá algún error en la declinación del título de esta entrada, pero lo siento: mi latín no da para más. Sea como fuere, el sentido es claro: "Entretenimientos de Luis Alberto de Cuenca". Y sirve para glosar su flamante colección de poemas: Libro de vacaciones (Colección Palabra de Honor, Visor Poesía).
     Se acercan al centenar los poemas que Luis Alberto ha juntado en este volumen, fruto de la aplicación veraniega a los versos que el autor ejercita durante los meses de agosto, lejos por unas semanas las prisas y las obligaciones. Como un disco rayado, no se puede decir sino una y otra vez que cada entrega nueva del poeta es un motivo de gozo. Y aunque no pocas de estas poesías ya las hayamos leído adelantadas en revistas, qué maravilla la frescura y la profundidad, la gravedad y el desparpajo que enarbolan estas páginas como una bandera contra el aburrimiento.
     La devoción por no pocos temas comunes me hace disfrutar de lo lindo de poemas como "Ensueño céltico", que se abre con este apóstrofe: "Celtas, pienso en vosotros esta tarde, / cegado por un sol mediterráneo / que no es mi sol." Y así, muchos otros. Pero hay un par de ellos que me han llegado especialmente hondo. El primero es "Ah de la vida", en el que reverbera el topos borgeano de no haber sido feliz (en este caso, en realidad, lo mucho que se desconoce o no se ha experimentado). El Luis Alberto que ha ido cumpliendo años cierra así la composición: "Pobre experiencia tengo de la vida. / ¡Qué pena estar tan cerca de la muerte!". En cuanto al segundo, bien podría ser llevado a un taller de poesía para ser comentado si no prescrito como un must. Con el título "Inspirado en Faulkner", sus versos centrales rezan:

El deber del poeta es escribir
sobre la compasión, la fortaleza
y la debilidad, sobre el espíritu
de sacrificio (que redime al mundo),
la piedad, el coraje, el heroísmo.

viernes, 18 de abril de 2014

Los "Cuatro últimos lieder" de Strauss





(He encontrado en una carpeta estas viejas versiones con su nota preliminar que hice hace ya más de tres lustros; creo recordar que, aunque destinadas a alguna revista, no fueron publicadas. En cualquier caso, he modificado algunos versos; no por saber más alemán, que sé bien poco, sino por desconocer algo menos lo que pueda ser la poesía)

Cincuenta años hace que Richard Strauss vistió de una armonía aún más honda que en la que en ellos había a estos cuatro poemas; de Hermann Hesse los tres primeros y de Joseph von Eichendorff el último. Los Vier Letzte Lieder, editados póstumamente, están fechados en la primavera y el verano de 1948, a solo un año de la muerte del gran compositor alemán.
Uno no es crítico de nada, y menos de un arte, la música, para el que le gustaría estar más dotado, pero en estas canciones póstumas de Strauss reconoce, porque no está sordo del todo, una belleza y una serenidad extremas, aguzadas por el hecho de saber que se compusieron cuando ya el músico sabía que eran su despedida. Todo en ellas tiende hacia el crepúsculo, y el lirismo y la emotividad que las permean son contenidos y aún dulces, como un vino cordial con que regar ese último trago.
            Parva tetralogía, coronada como la de Wagner por un ocaso de adioses, en algunos momentos este ciclo de lieder tiene tanto un valor filológico como musical, pues que restituye su verdadero significado a una palabra gastada y en desuso: “sublime”. Ese carácter suyo librará del olvido a unos poemas que quisieran invitar a su audición, el empíreo del que han sido degradados para bajar al purgatorio de esta página impresa.







PRIMAVERA

(FRÜHLING)

En oscuras cavernas
largamente soñé
con tus árboles y brisas azuladas,
con tu aroma y el canto de los pájaros.

Ahí estás hoy, manifiesta,
destellante, engalanada,
inundada de luz
y como un milagro ante mí.

Nuevamente me reconoces,
me haces señas con ternura,
mis miembros todos se estremecen
con tu deliciosa presencia.



SEPTIEMBRE

(SEPTEMBER)


El jardín se entristece,
fría se hunde la lluvia entre las flores.
Se estremece el verano
en silencio, cerca ya de su fin.

Doradas, hoja tras otra caen
de lo alto de la acacia.
El verano sonríe atónito y cansado
en el muriente sueño del jardín.

Entre las rosas, largamente
se demora, ansía el reposo.
Lentamente se cierran
sus grandes ojos fatigados.



YENDO A DORMIR

(BEIM SCHLAFENGEHEN)

Estoy muy cansado del día,
ahora mi espíritu anhela
que la amiga noche estrellada
lo envuelva como a un niño fatigado.

Manos, abandonad vuestro afán;
olvida, frente, todo pensamiento;
todos mis sentidos ahora
desean hundirse en el sueño.

E inadvertida, el alma
quiere levantar, libre, el vuelo
hasta que en el mágico orbe nocturno
hondamente viva mil veces.



AL OCASO

(IM ABENDROT)

Con penas y alegrías,
mano a mano hemos caminado,
reposemos de nuestros viajes
ahora en una tierra silenciosa.

En torno descienden los valles,
ya el aire se oscurece,
dos alondras aún se alzan, aisladas,
como ensueño entre la brisa.

Acércate y deja que trinen,
pronto será hora de dormir,
no nos perdamos
en esta soledad.

¡Oh, paz inmensa y silenciosa,
tan profunda al ocaso!
Qué cansados estamos de vagar,
¿será, tal vez, esta la muerte?

jueves, 17 de abril de 2014

Esto y lo otro



Pobre como un hueso.

                                    *     *     *

La verdadera riqueza sería esto: disponer de un caudal suficiente como para no tener que invertirlo, colocarlo de algún modo que dé lo justo para que ese discreto capital no se deprecie, pero sin especular con él buscando réditos a partir de especulaciones que sabes obscenas. El lujo de no tocar el dinero.

                                    *     *     *

Hay libros que nos llevan tan, tan lejos
que son más que volúmenes velámenes.

                                    *     *     *

Acumula en su biblioteca
muchos libros sobre el desprendimiento.

                                    *     *     *

ÚLTIMA HORA

El mirlo emite
su viejísima nueva:

las seis en punto
de la eternidad.

(Era más extenso, pero a veces el nido del poema se hace quitándole ramitas, no añadiéndolas)


miércoles, 16 de abril de 2014

Lecturas recientes de poesía (I)




Sin comerlo ni beberlo, degusto y paladeo numerosos libros de poesía que me envían o entregan en mano sus autores, no pocos de ellos amigos además. Manjares por lo general, buenos caldos. Querría dar cuenta de todos, pero no siempre es posible. Hoy vienen aquí algunos de los más recientes. 
     Del sevillano Jesús Cárdenas he leído estos días de abril su Después de la música (Cuadernos del Laberinto), un libro que entiendo muy autobiográfico. Me quedo con estos versos, su juego de palabras en el último, modificando el refrán: "Sin duda te equivocaste, amigo. / Craso error en la partida de la vida. / Debiste saber que al final, / el que a hierro quiere, a hierro muere."
     Joaquín Pérez Azaústre me firmó en uno de nuestros almuerzos en el restaurante de Enrique Becerra (solo han sido dos hasta ahora, pero qué buen recuerdo guardo de ambos) su Vida y leyenda del jinete eléctrico (XXIII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma). Se trata, como se lee en el primer verso de la sección 3, de "el poema el poema largo el poema río el poema canto". Ajeno a las mayúsculas o a la puntuación, el largo poema es una letanía en la que caben muchas referencias, guiños, engastes. Me gusta que en sus artículos de prensa Joaquín se moje en asuntos políticos y sociales, esté o no de acuerdo con sus opiniones. Y que traiga al poema la preocupación que le suscitan estos tiempos feroces. La sección 10 de Vida y leyenda es señaladamente comprometida contra las injusticias de la edad presente. Me ha hecho recordar las imprecaciones de Pound en sus Cantares. Sus siete versos iniciales: "quién os hizo creer que la hacienda era vuestra / que era vuestro el jornal que el regadío era vuestro / miedo verde la ley la pericia no es vuestra / la finura el arreo ni la soga ya es vuestra / ni tampoco el domingo la ternura no es vuestra / y los hijos también morirán sin ser vuestros". Fordiano que es uno, junto a los ecos de los westerns de Robert Redford (como el del título) me ha gustado hallar referencias a Centauros del desierto en el fragmento duodécimo de este canto, este río.
     Lorenzo Oliván (mi hermano en Keats) también me dedicó su libro hace poco, en la presentación que acompañado por Juan Manuel Romero realizó en la estupenda librería Birlibirloque. No podría hablar de Nocturno casi (Tusquets) sin mencionar la calidad de poemas como "Raíz y huida", "Canícula", "Desde esa piel", "Preguntas", "Hondura de las sombras", "La marea" o "Lo hondo". Del segundo de ellos son estos versos: "Contemplo en el asombro de mi carne / esta misericordia de la luz, / su domesticación jamás innoble, / perro que lame a aquel en quien confía."
     Cordobés como Pérez Azaústre, pero asentado ahora en Sevilla, José Ignacio Montoto ganó el pasado año el Premio Andalucía Joven con La cuerda rota (Renacimiento). Se lo he dicho a él personalmente y lo repito aquí: es el que más me ha interesado de los suyos hasta ahora. Adopta una máscara femenina, y se desenvuelve muy bien en el versículo, que sabe poner a veces al servicio de un erotismo como el de este verso del poema cuyo título es también el del poemario: "La cadencia de mi cuerpo sobre el tuyo: música en la noche oscura del alma.")
     "Un sistema binario de sentidos hacia dentro, hacia fuera. // Dos atardeceres diarios", escribe Montoto en "Lo que nadie nos contó." Ese sistema binario, esas dualidades están muy presentes en Paseo de la identidad, de Luis Bagué Quílez (XII Premio Emilio Alarcos). Se manifiesta esto que digo ya en el poema de apertura: "El eterno dilema -mocca o latte- / se cuece en un crisol de credos maniqueos. / Café o té. Sacarina o azúcar, / nube blanca o morena. Navegamos / en red wifi o conexión por cable." En este libro de Bagué, que se pasea por Argentina y Estados Unidos, hallamos muchos dípticos. Ya que he mencionado esos dos escenarios, en "Biología marina", por ejemplo, donde se nos presentan lobos y leones marinos en Mar del Plata y San Francisco. Pero hay más casos. También, algunos poemas que consisten en fragmentos, en retazos, en sucesión de textos breves. Uno de ellos, toda una lección moral sobre la que planea una vez más la antítesis casi omniprente en el volumen, predica: "Estética y cosmética. // No te muerdas las uñas, / pero muérdete / las uñas antes que la lengua."

martes, 15 de abril de 2014

Un cuestionario



Miguel Sanfeliu plantea en su blog Cierta distancia siempre el mismo cuestionario a muy diferentes escritores. Es interesante como estudio comparativo ver cómo abordamos unos y otros las mismas preguntas. Ayer me tocó a mí. Se puede leer en este enlace.

lunes, 14 de abril de 2014

"A Poet in New York"



En The White Horse Tavern (Nueva York)

Para celebrar el centenario de Dylan Thomas, dentro de seis meses, la BBC ha rodado un drama televisivo, que promete mucho por venir de ella y tratar sobre quien trata, acerca del poeta galés. Con guión de Andrew Davies y producida por Griff Rhys Jones, el papel del autor de Under Milk Wood será interpretado por Tom Hollander. 
     Por lo que sé, el biopic se centrará en el viaje infausto a Nueva York, del que un Thomas con solo 39 años ya no regresaría. Lo que sorprende, y halaga pero también indigna un poco, es que no hayan encontrado mejor título que el del libro póstumo de Federico García Lorca, Poeta en Nueva York. Hurgo en la vida de Thomas y encuentro que en 1938, este leyó con gran placer la poesía del granadino. En una carta de aquel año escribe que lo está leyendo en un ejemplar que se ha llevado a un viaje, junto con otro volumen que contenía traducciones al galés contemporáneo del bardo altomedieval Taliesin. "Leímos un montón de Lorca, que es magnífico, y resultó que me aprendí de memoria la mitad de los poemas." Me gusta entonces el homenaje de que la película sobre Thomas ostente el título de Lorca.
     El autor del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías había sido traducido por primera vez al inglés por el folklorista A. L. Lloyd en 1937, en Lament for the Death of a Bullfighter and Other Poems. Fue reseñado por Spender aquel mismo año. Ese fue el libro que Dylan Thomas, como confiesa, memorizó en gran parte. 

domingo, 13 de abril de 2014

Tiros en la calle Rosich




El 3 de mayo de 1935, José Antonio Primo de Rivera celebró un acto en la sede de la Falange en Barcelona, un piso situado en el número 4 de la calle Rosich. Militantes del POUM efectuaron disparos en el exterior. Lo de los tiros es algo que había leído aquí y allá en biografías de José Antonio o libros sobre la Falange. Que fueran poumistas los que hicieron fuego es algo que descubrí en Sísifo y su tiempo, las memorias de uno de los veteranos del partido: Víctor Alba. En Los huesos olvidados -como suele decirse, "novela basada en hechos reales"- hago que Juan Bosch fuera uno de los participantes en el tiroteo.

sábado, 12 de abril de 2014

viernes, 11 de abril de 2014

Baco en las marismas



Ahora que llega la semana en que muchos sevillanos se echan a recorrer las calles del centro, querría recomendar un hallazgo que, aunque tiene que ver con Baco, también, por qué no, guarda relación con la Cena (que hay que recordar que no es solo una procesión del ya inminente Domingo de Ramos, sino el origen de la eucaristía, ese ágape en el que no faltó el vino).
            Fue en un reservado de la Antigua Abacería de San Lorenzo donde, tras las deliberaciones del jurado de un premio de poesía, la fortuna quiso que probara uno de los caldos que más gratos me han resultado últimamente. El crianza, del que consumimos dos botellas, no era el consabido riojita ni un Ribera; tampoco de esas denominaciones de origen que, como el Somontano, han ido ganando prestigio en añadas recientes. Este tinto del que guardo tan excelente memoria se elabora en Lebrija, y atiende al nombre de Overo.
            En Sevilla, el vino no acaba en el mosto del Aljarafe, en los gongorinos de Villanueva del Ariscal ni en los que proceden de la Sierra Norte, como los dos que ostentan el nombre de Ocnos, ese blanco ilustrado que homenajea a Cernuda (poco bebedor, por cierto). No soy enólogo, y solo puedo hablar de mi experiencia: me ha gustado descubrir ese vino.
            Como las cervezas artesanales, que están en boga, las bodegas pequeñas, los pagos familiares y a escala humana, van teniendo un hueco en nuestras mesas. De uva syrah y tempranillo, este marismeño Overo tiene una nota de cata que, trasvasada aquí de lo que describen sus productores, invita con moderación a un don de la ebriedad (título del poeta Claudio Rodríguez): las frutas rojas, la ciruela madura, aroma intenso que recuerda a las compotas.
            Es zona de vides esta de la Baja Andalucía, rodeada por municipios vinícolas como Jerez o (qué bueno está también el Barbazul) Arcos. Y también de toros: cuánto amó una de esas dehesas Fernando Villalón. Y aquí situó su Toriada. ¡Cómo han ido cambiando las cosas! Hace medio siglo, en su casa de Madrid Manuel Halcón bebía en bota vino de Lebrija, que no había conocido botella.


            Tomando un vino de la tierra de Antonio de Nebrija, el autor de la primera gramática de nuestra lengua, celebramos el fallo de un premio de poesía. Aunque esta sea a veces agramatical, rompedora de la norma, bien estuvo ese patrocinio. También es una hermosa coincidencia que según una leyenda Lebrija fuera fundada por el dios Baco. Lo cuenta en su Punica (libro tercero, versos 393-395) Silio Itálico, romano como los armaos de la Macarena.

jueves, 10 de abril de 2014

Autorretrato de la bondad




Tiene la realidad tantas aristas que muchas veces quedan reflejadas en las páginas las siluetas de personajes estridentes, de sucesos horrorosos, de voces horrísonas. Solemos gritar hasta gastar las cuerdas vocales, o las yemas de los dedos en el teclado, tanto da, para atacar, para impugnar, para derribar. No faltan ocasiones en que es justo que así sea, pero es lástima que no prestemos tanta atención a la bondad, a la belleza. Jesús Cotta es uno de los hombres más amables y cordiales que conozco, pero también un poeta excelente. Lo vuelve a demostrar en Menos la luna y yo, su reciente libro (Isla de Siltolá, 2013).
     Qué bien sabe Cotta recuperar la infancia, como en "Primera voluntad", que prolonga su evocación en otras páginas, ya sea en la recordanza de los que se fueron, ya en la presencia viva y vívida de sus propias hijas.
     Y cómo sabe recuperar el campo, la naturaleza, como en los versos de "Autorretrato". Su bellísimo primer terceto de endecasílabos blancos reza, y qué hermosa metamorfosis la del tercer verso: "Toda mi adolescencia se resume / en una cierva que me creyó un árbol / y la pude tocar con una rama." El último terceto no es menos conmovedor, porque sobre él se proyecta la ausencia que se trasforma en compañía íntima, entrañada: "Cuando murió, mi padre se creía / que yo ya no fumaba, pero ahora / que sabe la verdad, fuma conmigo."

miércoles, 9 de abril de 2014

La revolución traicionada




Ignacio F. Garmendia firma esta reseña de Los huesos olvidados, mi primera novela, en las páginas de libros del Diario de Sevilla y otros periódicos andaluces.

martes, 8 de abril de 2014

Aprobar con Senabre




No sé si con nota -el lector juzgará-, pero Los huesos olvidados ha aprobado en el severo examen que Ricardo Senabre somete a las novelas que juzga en El Cultural. Que, en lugar del último párrafo con que suele señalar deficiencias gramaticales o de estilo, el crítico opine que el libro sostiene "un relato pulcramente escrito" ya es una victoria. Otras cosas parecen haberle gustado, además de eso. Su reseña se puede leer aquí.

lunes, 7 de abril de 2014

"También yo soy intraducible"



O al menos eso es lo que dice Walt Whitman en el poema 52 del Song of Myself. Hoy llega a librerías -traduttore, traditore que trata de contradecirlo- en mi versión. Nórdica, la editorial, ha preparado este exquisito aperitivo que, solo ya por sus ilustraciones, por no hablar de la banda sonora, merece los dos minutos y pico de deleitosa atención.

domingo, 6 de abril de 2014

Tejado



Un libro abierto, boca abajo, sobre un cuerpo que duerme: tejado en que se cobija algún sueño.

sábado, 5 de abril de 2014

viernes, 4 de abril de 2014

El personaje Companys




No es que yo me lo haya sacado de la manga: lo cuenta Octavio Paz. En un rocambolesco episodio, Bosch, el protagonista de Los huesos olvidados, tuvo que ver de manera insospechada con Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña. En esta fotografía, Companys en su despacho en 1933.

jueves, 3 de abril de 2014

La extensión de mi cuerpo



Ilustrada por Kike de la Rubia y con presentación y selección de Juan Marqués, Nórdica pone a la venta la semana que viene esta traducción mía del gran Whitman: veintiséis poemas del célebra Canto de mí mismo. Realmente, el libro ha quedado precioso, como se estila en la colección.

miércoles, 2 de abril de 2014

Paz en la guerra civil



Lucha en las calles de Barcelona

La primera reseña publicada de Los huesos olvidados es esta que firma en el suplemento Libros de La Razón Toni Montesinos. 

martes, 1 de abril de 2014

El método Synge




Hace ya casi una semana se publicaba esta reseña del más reciente libro de Enrique Vila-Matas, Kassel no invita a la lógica. De lo que es capaz uno para embutor una cita en gaélico.