viernes, 23 de enero de 2015

Dos veces Oliván



Llevo días pensando en él desde que vi la foto del fiscal argentino muerto por una bala que aún no se sabe quién disparó. El rostro del difunto me recuerda al del felizmente vivo, el fiscal Nisman al Oliván último que vi solo hace unos meses en la presentación de su más reciente libro en Sevilla. Y ahora lo encuentro en una divertida mención que una vieja gloria novísima hace de mí en una página de sus diarios. Que lo diga como desagravio ante una crítica mía, o porque verdaderamente lo crea, da igual. El caso es que, tras exhortar a una nueva traducción completa de la poesía de Yeats, porque la que yo publiqué, aunque trabajo inmenso -reconoce- no tiene "el poder" del original (esto se lo habrá soplado Perogrullo), suelta esa maravillosa pifia con la que quiere apuntalar su juicio y que, como viga que cae en un derrumbe, da al traste con el mezquino edificio de su pulla. Hay una, sí, muy buena, afirma, pero es solo antología: la de Oliván. Y es entrañable ver cómo el veterano vate cae en un error de principiante. Lo que Oliván ha traducido -muy bien, por cierto- no es al poeta de "Leda y el cisne" sino al de la "Oda a un ruiseñor", ¡no a Yeats sino a Keats! La comparación, entonces, me pone de un humor excelente.