sábado, 3 de enero de 2015

Pulligan


Después de escribir este poema me llegó la noticia de que un empresario quiere reflotar la marca. Buena suerte. Mi agradecimiento a los amigos de la revista Anáfora, cuyo tercer número abriga a este jersey:



                 PULLIGAN

Me regalaron uno a los dieciocho años
y yo me compré otro a los cuarenta y ocho.
La misma talla abarca las tres décadas.

Hoy he sabido que cuando quise hacerme
con un tercero y ya no fue posible,
no se trataba de que la tienda
hubiera dejado de trabajar
la vieja marca.
Era que esta se había deslizado
por el cuello y los puños del tiempo.

Tiene delito:
entre todas las desgracias del mundo,
de su catálogo sin fin
de telas y de talas,
de desapariciones,
yo, que soy antípoda del dandi,
he ido a fijarme en un trozo de lana,
un jersey de pico,
apocopada
mezclilla de pullover y de cardigan.

Y le compongo
una elegía como haría por el miembro de un club
de caballeros
con el que me hubiese codeado,
un fin de raza
destinado a durar toda una vida
mas nunca a subsistir entre congéneres
–no, semejantes–
más baratos y efímeros.

Visto una prenda de arqueología
de un azul marino y solitario.
Las canas con que a veces
resignadamente carga son mías.
Admiro su calor y su color,
y, sobre todo,
que no le salgan bolas como al alma.



2 comentarios:

Sara Clavero dijo...

Me ha gustado mucho este poema, Antonio. Enhorabuena por la publicación y feliz Año Nuevo!
Sara

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Sara. Me alegra verte de nuevo por aquí.