lunes, 2 de febrero de 2015

La sobriedad impresa





Cuando se trata de diseñar una colección editorial o una revista es muy importante atender a lo sustantivo, que es la primacía del texto, su legibilidad, que llegue sin obstáculos pero con un envoltorio agradable y austero, siguiendo las reglas de la tipografía clásica e innovando con tiento, que es palabra que no queda lejos de esa otra: tino. Fue lo que traté de hacer en las dos colecciones literarias de la extinta Paréntesis, la idea que compartí con los diseñadores y lo que esperé de ellos al alumbrar el concepto. Es lo que he buscado también con F. Javier Martínez Navarro, el responsable del diseño de la revista Estación Poesía que en seguida entendió de qué se trata y asumió el reto: hacer una publicación limpia, sobria, en la que el texto respire sin intromisión de alardes, ilustraciones, trampantojos. Me alegra ver que los colaboradores, los lectores, los libreros, aprecian el resultado, que subraya con un rotulador transparente, valga la imagen, los poemas, los artículos, las reseñas. Hace poco leía en el numero 25  de la revista Trama & Texturas la conferencia que Jaume Vallcorba dictaba a punto de morir en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona el pasado mes de julio. Decía el autor de ese catálogo impresionante tan bien presentado, Acantilado, algo que es también aplicable a una revista de poesía:

"En otros tiempos era muy fácil adivinar por el color de la cartulina, la tipografía y su distribución en la cubierta, que se trataba de un libro de Gallimard. Lo mismo pasó más adelante con los de Einaudi. Algo que también se hacía visible  por su composición tipográfica, el uso de los blancos y de los títulos, y el resto de elementos de la maqueta. La presentación es una forma de invitación, el color de una sugerencia. Un exceso de presencia entiendo que desvirtúa su papel. Creo que un libro, más que llamar la atención por su estridencia, lo debe hacer por su silencio."