martes, 3 de febrero de 2015

"Los turistas" de Jorge Carrión



Presentaba el pasado jueves la más reciente novela de Jorge Carrión, con la que cierra su trilogía comenzada en 2010 con Los muertos y que comenzó su curso en la editorial Mondadori y ahora está, ya, completa, en Galaxia Gutenberg. Pude haber comenzado in medias res, con una mención a la ciudad en que estábamos: 

Entré en Moscú con las tropas suecas
que comandaba Jacob Conde de la Gardie
y allí decidí volver a Sevilla y embarcarme
hacia el Nuevo Mundo, que ya no era tan nuevo,
vejez enigma, epidemia.

Huelga decir que estábamos en Sevilla, o en Moscú, aunque luego regresaré a Rusia, llevado por el empleo del verso en, sí, nadie se extrañe, una novela. Pero también pude haber comenzado por el final, por esa última página, donde se menciona "la historia de la anciana, la increíble, la fantástica historia de la anciana andariega y antediluviana", que es lo que se narra en esa segunda parte en verso y, en realidad, a lo largo de toda la obra. Por último, pude comenzar por el principio, como suelen abordarse las narraciones: "Como cada mañana, se dispone a pasar la jornada en el aeropuerto, estudiando a los pasajeros, desentrañando el enigma de sus rostros, viéndolos subir en aviones hacia destinos cercanos o remotos, qué más da, móviles ajenos a su destino inmóvil." 
     Y eso fue lo que hice, comenzar por el principio, hilvanando una serie de frases de Los turistas que sitúan y ofrecen la pista de lo que es esta novela. Continúa explicando la conducta de Vincent van der Roy, el protagonista: "Porque ésa es la razón por la que acude cada mañana a ese rincón del aeropuerto, porque es el mejor observatorio de la especie humana, el lugar óptimo para colmar su necesidad de escrutinio." (p. 17). Un poco más adelante: 
"Pero de vez en cuando aparece alguien nuevo y resulta muy interesante catalogarlo tanto como individuo con sus particularidades como en el seno de la red de relaciones, personales y laborales, en que se está insertando" (p. 21). Luego, en la página 32 aparece este sintagma que define a la perfección a van der Roy: "su mirada de fisgón". Sobre el fisgar hay algún guiño a la famosa serie televisiva Gran Hermano (hace unas semanas, resintonizando las emisoras de TDT, sus imágenes emborronaron mi salón durante unos segundos); "pero también están los holandeses y los belgas, eso debe de ser flamenco, hombres y mujeres encerrados en una casa con cámaras ocultas sin hacer nada más que charlar, cocinar, lavarse los dientes". Recuérdese a la productora del tal John de Mol. 
     Para no alargarme, reproduzco aquí una de las claves que sustentan Los turistas: "En el fondo todas las historias son una persecución: de un amor, de un enemigo, de un tesoro, de un sueño o de la utopía, de la verdad que oculta un secreto, de la muerte."
     Hablé antes de lo insólito que es en la actualidad una narración en verso, aunque no faltan muestras que van de Alexandr Pushkin (Eugeni Oneguin) a Jorge Volpi (Oscuro bosque oscuro), pasando por Vladimir Nabokov (Pálido fuego), Vikram Seth (The Golden Gate) o José María Fonollosa (Poetas en la noche). Dos rusos, como se ve, a los que añadiré un tercero, Osip Mandelstam, no ya como poeta narrador sino como ensayista que proporciona a Carrión una cita que es clave para el discurrir de la novela y, especialmente, de esa segunda parte escrita en verso. Escribe Mandelstam: "Cuántas sandalias desgastó Alighieri en el curso de su labor poética por los senderos de cabras de Italia. El Infierno y, sobre todo el Purgatorio, glorifican la andadura humana, la medida y el ritmo de la marcha, el pie y la forma. El paso, asociado a la respiración y saturado de pensamiento: esto es lo que Dante entiende como comienzo de la prosodia."
     En esa parte en verso (la menos extensa del libro pero la más audaz, con un viaje por la lengua española a lo largo de los últimos diez años, como sucede con la inglesa en el capítulo XIV de Ulises de Joyce) hay guiños y menciones a poetas como Byron y Coleridge. Con lo que este predicaba para el disfrute de la literatura, la suspensión voluntaria de la incredibilidad, hay que armarse para leer la primera parte. Pero no se trata de una obra realista, por más que Carrión haya cuidado la ambientación en lugares que conoce y mediante la práctica de actividades que él también ha probado.
     Una presentación de un libro se enriquece con los comentarios y ángulos de visión que ofrece su autor. Así, traigo aquí (yo no hubiera caído) que el protagonista de esta novela es un trasunto de "El hombre en la multitud", de Edgar Allan Poe. Bien mirado, tiene mucho de eso, con todas las diferencias que se quiera. Eso tiene la literatura, que como en la tantas veces mencionada ya segunda parte de Los turistas, trate del presente, del ayer o del futuro, dialoga con las obras del pasado.




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