miércoles, 4 de febrero de 2015

No solo contra Charlie





Los soldados norteamericanos que combatieron en Vietnam no solo se enfrentaron al Viet Cong, Charlie como recordará cualquier espectador de Apocalypse Now. También tuvieron que encarar numerosas dificultades, penurias, problemas con las drogas y los mosquitos. Si además eras negro tenías que remontar el insalubre río de los prejuicios raciales. 
    Nunca traducido hasta ahora al español, Dien Caiu Dau es el libro de uno de esos soldados, originalmente James William Brown (ese Brown, Marrón, lo dice todo) y que decidió recuperar el apellido de su abuelo, que, descendiente de esclavos, llegó desde Trinidad a los Estados Unidos como polizón. Yusef Komunyakaa (Louisiana, 1947) ha compuesto un libro duro y en ocasiones impresionante sobre ese conflicto, que no ha sido tan tratado por la poesía (aunque sí por el cine) como la Primera Guerra Mundial.
     En esta edición de Juan José Vélez Otero, que le ha puesto un prólogo titulado "Carne de cañón" hay violencia y miedo, degradación, insidias de la retaguardia y muerte, esa muerte que a tantos se llevó cuando ya les quedaban pocos días de servicio, señalados en calendarios que ya no pudieron tachar. Destacaría poemas como "Recreando la escena"con su final terrible, o "Comunicado", donde aparece el animador de las tropas Bob Hope y unas chicas que enseñan los muslos para elevar la moral de los soldados y otra parte menos etérea de su anatomía. Acaba así:

Después de que los artistas recojan y se marchen,
después de que los helicópteros se vayan de regreso,
después de que la música y el color se hubiesen disipado lentamente        
de nuestras cabezas y los chaparrones cesasen, nosotros
seguimos sentados agarrando nuestros cascos
                               como cráneos lavados por la lluvia.

Varios poemas visitan los prostíbulos de Saigón (tremendo, "Las chicas de alterne de Saigón, 1975"), y otro, "Gracias", no se ocupa del roce mercenario con otra piel, sino del restregarse con la muerte, tantas veces esquivada por un pelo. Por ejemplo, "Gracias por el árbol / que se interpuso entre la bala del francotirador y yo." Y así, las incontables celadas. Una de las composiciones más desoladoras es la titulada "Paga de combate para Jody": "todos los meses cerraba un sobre con saliva / para enviar dinero manchado de sangre / y besaba las marcas de sus labios pintados / impresas en el papel con su perfume", y al regresar el combatiente a casa ella lo rehuye y él busca "a su novio de entonces", que le espeta: "con tu dinero me compré el Chevrolet que tengo."
     "Pérdidas" es otro texto descarnado sobre los que regresan, muertos en vida que me recuerdan a los veteranos del "Hugh Selwyn Mauberley" de Pound. El último de todos, "Afrontándolo", se desarrolla en el monumento de granito negro, bruñido, a los caídos en Vietnam, 58.022 nombres, que se halla en Washington. Cierro este comentario con la elocuencia de tres versos:

Los nombres brillan en la blusa de una mujer,
pero cuando se marcha,
los nombres se quedan en el muro.


2 comentarios:

Elías dijo...

Tiene una pinta impresionante, Antonio.
Acabo de copiar uno de los versos que transcribes -"como cráneos lavados por la lluvia"- para utilizarlo, quizá, como cita en mi próximo libro.
Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Elías. Poderosísimo verso, ¿verdad? Deseando estoy ver cómo queda incluido en tu próximo libro. Un abrazo.