domingo, 8 de febrero de 2015

Senabre





Ha muerto el crítico Ricardo Senabre. Hace diez meses me hizo el regalo de ocuparse aquí en El Cultural de mi primera novela. Fue benévolo, y se lo agradezco. No fue siempre así con todos, aunque creo recordar que solía ser generoso con los que empiezan. De su rigor había una parte sobre cuestiones de estilo y tropos que era quizá discutible en algunos casos (la creación trabaja, ya se sabe, con un equilibrio de funambulista, y hay piruetas que no son del gusto de todos). Sobre los descuidos gramaticales tenía más razón que un santo y, más que baldón para los autores (prácticamente todos tienen deslices en la presentación material), era en el fondo un reproche a las editoriales que no habían puesto el esmero suficiente en la corrección, que muy a menudo se olvida que editar no es solo maquetar e imprimir. Aunque solo fuera por esa persistencia tan necesariamente molesta, ya habría realizado Senabre una importante labor. Pero sería sinécdoque muy torpe quedarse solo con el último párrafo de sus críticas como equivalente reduccionista y grosero de estas, cuando en el desarrollo previo volcaba tanta inteligencia y saber, junto con ese rasgo infrecuente: la capacidad de establecer sólidas comparaciones, de incardinar las obras en la tradición. Lo difícil no es ser maestro para los alumnos desde la cátedra, sino serlo para todos desde el magisterio de más dilatado ámbito de la página impresa. Solo cuando se señalan los errores se puede aprender de ellos.

1 comentario:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Lo que no se entiende es que las editoriales no le contratasen para dar un último repaso gramatical a los textos, corrigiendo los "en base a" y otros barbarismos, las discordancias y los anacolutos que, por desgracia, abundan tanto en los libros. Sólo por leer el colofón de sus críticas, en que hacía balance de tales dislates, valían éstas la pena.