miércoles, 18 de febrero de 2015

Tratado de identidad




No deja de añadir Asturias nombres al nutrido censo de su poesía. En esta ocasión, el libro recién leído es de un muy joven Miguel Floriano (1992): Tratado de identidad.
     Cuando Floriano decide deshacerse de la cota de mallas del soneto (para la que está bien dotado pero aún su técnica presenta agujeros, huecos vulnerables), es capaz de alcanzar momentos de gran expresividad, altos logros en los que un traspié rítmico no se advierte. No ayudan, es cierto, la repetición de la palabra "porfía", la del nombre tutelar de Miguel d'Ors en dos ocasiones (¿acaso no hay más poetas, o palabras que rimen igual pero no tengan olor a naftalina?). Pero lo literario se libera en poemas como "La culta":

Después de haber pagado el restaurante
y de que ardiese un rincón de la tarjeta
de crédito, después
de algún que otro silencio apabullante
y aquel baile anatómico en el sitio
donde siempre ponían a Neil Diamond,
después de que el pulso se nos fuera
trotando al otro lado de la calle, después
de que alojara su espalda casi todos
mis asedios, amor mío, al fin llegamos
a tu casa y, a patadas, tras la última
copa tú me echaste porque yo
aún no había leído el Ars amandi.

Lo haya leído o no después, Floriano está bien dotado para el poema amoroso. Aunque la edad ayuda siempre a ese tema, hay que saber saltar, también con agilidad juvenil, por encima de los clichés. Y él lo hace, como sucede con "El profeta", con su excelente cierre:

Aquella tarde me dijiste que saldríamos
a cenar brisa y marisco a una bahía
transparente, y que después
iríamos a bailar a no sé dónde y sin saber
tampoco ni hasta dónde y a no sé
qué sitio en las afueras donde hay
música en directo y una atmósfera
acorde a nuestra casta.

Como si la eternidad no tuviera ya, vida mía,
tramada la manera de olvidarnos. 


4 comentarios:

anónimo dijo...

Reconozco que me desconcierta lo de las "palabras que rimen igual pero no tengan olor a naftalina". Lo del "olor a naftalina", ¿se refiere a Miguel d'Ors? ¿A su poesía? ¿O a qué? Agradecería una aclaración.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Miguel d'Ors es un poeta estupendo que en absoluto huele a naftalina. Lamento que haya podido interpretar que iban por ahí los tiros. Me refiero a que es peligroso para un poeta joven arrimarse demasiado a un maestro, y más aún dejarlo excesivamente explícito. Considero preferible mostrar variadas lecturas, aunque es cierto que todo el que empieza queda deslumbrado por algunos precedentes concretos. Esto puede tener efectos negativos.

La palabra con olor a naftalina es "porfía", que empleada una vez, como sucede con el nombre de d'Ors, ensancha el léxico y el panorama de poetas admirados; pero dos, los estrecha. Si se fija, mi construcción viene a ser una suerte de quiasmo: porfía, d'Ors/poeta, palabra con olor a naftalina. Creo recordar, pero no tengo el libro ahora delante, que "porfía"se emplea las dos veces a final de verso, para rimar, pero aunque no fuera así es palabra literaria y algo redicha que, duplicada, estorba en poeta tan desenfadado otras veces y prometedor siempre como Floriano.

Miguel Floriano dijo...

anónimo dijo...

Gracias por la aclaración. Coincido plenamente con la condición de excelente poeta de d'Ors. Lo demás entra en la libertad crítica, y de criterio, de cada uno.