lunes, 30 de marzo de 2015

Prejuicios y poesía






Robert Graves en Cracovia, 1974


En el capítulo XXIII (“Bestias fabulosas”) de La Diosa Blanca, Robert Graves escribe lo siguiente (la traducción es de su hijo William en la reciente edición de Alianza):

[…] para pensar con perfecta claridad en sentido poético, uno primero debe deshacerse de muchos estorbos intelectuales, incluyendo todos los prejuicios doctrinales dogmáticos: la pertenencia a un partido político, una secta religiosa o un grupo literario deforma el sentido poético —es como si introdujera algo irrelevante, destructor, en el círculo mágico que le poeta traza con una vara de serbal, avellano o sauce y dentro del cual se aísla para el acto poético. El poeta debe conseguir, cueste lo que cueste, la independencia social y espiritual, aprender a pensar tanto mítica como racionalmente […]

Ese, como el que han de guardar contenido y forma, tradición e innovación, es uno de los equilibrios que ha de mantener el poeta. Ojalá esa idea se transmitiera en eso que Graves decía que no existían en 1948 y hoy proliferan: las academias de poesía.