viernes, 29 de mayo de 2015

Cuarentena





La ilustración de cubierta del libro, obra de David Rodríguez, sitúa muy bien el contenido del volumen: un hombre que, cumplidos los cuarenta, sale a la intemperie y, se diría que por timidez, aparta la mirada, quizá con azoramiento. Es esa modestia una característica principal de Braulio Ortiz Poole, que aun entregándonos un libro magnífico lo hace como pidiendo disculpas, sin el afán de protagonismo de tantos escritores al uso que pregonan su condición -discutible- de autores dignos de todos los elogios.
    Yo no voy a intentar aquí una página crítica sobre el poemario, pero sí deseo resaltar su calidad y su hondura. Son muchos los versos que se anudan a la memoria con su belleza, y poetas enteros escritos en estado de gracia, como el delicado "Carpe diem", que reproduzco aquí con la autorización de Ortiz Poole. En consonancia con lo ya dicho, y porque en el fondo hablan oblicuamente del poeta, qué hermosos estos dos del prólogo a Cuarentena: "Quizá el despojamiento sea dichoso, / también la parra es bella en su esqueleto."

CARPE DIEM

A menudo ha irrumpido en tu memoria
ese campo al que escapabais los domingos, 
ese campo
con un altivo eucalipto como guarda,
un caserón que jugaba con el eco
y unos perros que siempre tenían hambre.

Allí tu padre os mostraba con orgullo
la última variedad de algún naranjo
que habían incorporado a aquellas tierras.
Recuerdas con qué emoción pelaba aquella fruta
y os daba a probar su carne dulce,
recuerdas
que aunque pusierais cuidado en el empeño
el zumo os cubría la mandíbula.

A menudo te viene aquella imagen
y te preguntas
si tu padre, que no pudo jubilarse,
que renunció a sus sueños por vosotros,
sabía que esa naranja, esa simple naranja,
era en su pequeñez la plenitud,
era toda la verdad que escondía el mundo.

Quizá
esa sea la lección que trae el viento:
que en vez de fantasear con el futuro
hay que tomar la carne dulce, el jugo,
               del momento que vives.