viernes, 8 de mayo de 2015

El vértigo del águila




Víctor Manuel Domínguez Calvo es de los poetas más humildes que uno pueda conocer. Tiene aprendida desde hace tiempo esa lección, tan difícil de alcanzar, de que es mejor leer y escribir sin hacer ruido que engalanarse con fanfarrias que reclamen la atención. "Poeta ocasional", dice de él la nota de la contracubierta. Quizá sí, si nos atenemos a lo escaso de su producción, pero no si lo que se mide es la calidad de esta, que ya era alta y aquí lo es aún más. 
     Domínguez Calvo obtuvo el Premio de Poesía de la Universidad de Sevilla en 2001, y dos años después fue finalista del Adonáis. No extraña, si se lee como al principiar este libro, El vértigo del águila: "La palabra es el vuelo de la idea, / su trazo de sonido, / la forma encarnada de su canto." Con dicción armónica, el poeta habla de todo lo que es desequilibrio, zozobra, percepción del abismo, vértigo:

Una sola palabra,
ese soplo de aire,
esa virtud primera de decisión volátil
que arrasa y gime y canta y desordena
todo orden constante en el vacío. 

La segunda sección se titula, muy oportunamente, "Los palacios de Ícaro", donde el vuelo y su fragilidad se elevan sobre lugares de la memoria, en una vida a la que siempre amenaza la caída. El libro, muy recomendable, está publicado por la editorial sevillana Grupo Palimpsesto 2.0.