sábado, 13 de junio de 2015

150 años de W. B. Yeats




Se publicaba el jueves en El Mundo un artículo sobre el origen de las lenguas europeas en el que se refería cómo estas llegaron a los diferentes confines de Europa con pueblos que conocían la rueda y los carros. Las epopeyas irlandesas antiguas dan fe de aquel batallar en carro de guerra, como en la Grecia antigua. Hoy que se cumplen 150 años del nacimiento del más grande poeta irlandés, traigo aquí unos versos en los que aparece uno de esos carros de los que habla el reportaje. Proceden de mi traducción de la Poesía reunida de Yeats que publiqué en Pre-Textos:



                             FERGUS Y EL DRUIDA

                        Fergus. Te he seguido entre rocas todo el día
                        y tú has ido cambiando de apariencia:
                        primero un cuervo viejo en cuyas alas
                        apenas si quedaba ya una pluma,
                        luego una comadreja entre las piedras,
                        y ahora te recubre forma humana,
                        un hombre cano en medio de la noche.

                        Druida. Rey de la Rama Roja, ¿qué deseas?

                        Fergus. Esto te digo, sabio entre los sabios:
                        joven y sutil, Conchobar un día
                        vino a mi lado cuando yo juzgaba,
        y cuanto dijo era muy sabio, y fácil
                        fue para él lo que para mí una carga:
                        le puse en la cabeza la corona
                        para así desterrar mis aflicciones.

                        Druida. Rey de la Rama Roja, ¿qué deseas?

                        Fergus. ¡Un orgulloso rey! Ésa es mi angustia.
                        Festejo con los míos en el monte,
                        y recorro los bosques, y conduzco
                        las ruedas de mi carro en la frontera
                        blanca del océano susurrante;
                        y aún siento la corona en mi cabeza.

                        Druida. Mas, ¿qué deseas, Fergus?
                        Fergus.                                              No ser rey,
                        y tener tu sapiencia ensoñadora.

                        Druida. Contempla mi cabello encanecido
                        y mis hundidos pómulos, las manos
                        que sostener no pueden ya la espada,
                        el cuerpo tembloroso como un junco...
                        Jamás mujer ninguna me ha querido,
        ningún hombre ha buscado mi socorro.

Fergus. Un rey no es más que un necio que se afana
estérilmente en ser lo que otro sueña.

Druida. Ten la bolsa de sueños, si te empeñas;
desata el cordón, y te envolverán.

Fergus. Veo que mi vida huye como un río
de un cambio a otro; he sido muchas cosas:
una gota verde en la ola, un fulgor
sobre una espada, un pino en la colina,
un esclavo que muele en un molino,
un rey sentado en cátedra de oro,
y todo fue maravilloso y grande;
mas hoy que no soy nada, lo sé todo.
Ah, Druida, grandes redes de tristeza
esconde esta cosita cenicienta.