sábado, 6 de junio de 2015

Creciente fértil





Por tercera vez reúne Karmelo C. Iribarren (San Sebastián, 1959) su poesía completa bajo el título Seguro que esta historia te suena y en la editorial Renacimiento. Ahora, desde aquel 1985 con la que comenzaba, llega a este 2015 con un buen número de poemas inéditos que se suman a los de La condición urbana (1995), Serie B (1998), Desde el fondo de la barra (1999), La frontera y otros poemas (2005), Ola de frío (2007), Otra ciudad, otra vida (2011), Las luces interiores (2013), La piel de la vida (2013).
     Siempre está bien enfrentarse de forma sistemática a los buenos poetas que hemos leído parcialmente y de forma desordenada. En mi caso, la lectura de Seguro que esta historia te suena me ha proporcionado una de las lecturas de poesía más gratificantes de este año que avanza a su mitad. Pese a la limitación de temas, los escasos escenarios, las reiteraciones, hay aquí un poeta que ha conseguido ser eso tan difícil: una voz singular, leída e influyente. Con versos por lo general cortos, cortantes, Iribarren clava el alfiler en el desengaño, en el envejecimiento, en el apagamiento de la pasión, en el alcohol, en la soledad. 
     Si hubiera de seleccionar una microantología (el autor ya lo ha hecho más ampliamente en La ciudad, también en Renacimiento), en esta no podrían faltar "Tu padre se ha ido de viaje", el acerbo "La vida, otra vez, siempre" ("La vida es / como rellenar / un pliego / de descargo: /nunca te hace caso / ni dios."), "Un poco justo", "La fórmula", "Interpretación no exenta de optimismo", "Una pizca de luz", "El principio del fin", "Lo difícil", "Lunes, 8 de la mañana: verde", "Nada nuevo", "Cosas de la edad", "Oda al mundo libre", "Tragicómico", "Los paraguas, los taxis", "Pobres diablos", "Sólo eres ése", "Los zapatos", "La foto de Raymond Chandler" (con su lección sobre la posteridad literaria, "¿Que te pone verde algún crítico? / El tiempo le pondrá amarillo a él."), "No estamos solos", "El pasado", "Un día, hace tiempo", "Culpable", "Estampa veraniega", "Pura vida", "Vista cansada", "Eslóganes", "El romanticismo", "Tras una lectura de poemas", "La vida sigue" ("La vida sigue -dicen-, / pero no siempre es verdad. / A veces la vida no sigue. / A veces solo pasan los días."), "El pasado", "La tragedia", "Correspondencias", "Imposible balance", "A modo de consuelo", "Por el módico precio de un café", "Martes, 22, septiembre", "El viejo boxeador", "El río" o "El horizonte" ("Es lógico / que a última hora / le salgan los colores: / se pasa el día mintiendo.").
     Es verdad que a veces, muy raras veces, el poeta parece tener la guarda baja cuando saliéndose de su línea escribe composiciones blandas, casi sentimentales, como sucede en "¿Acaso hace falta más?", en "La chica de la marquesina" ("Y yo la miro y pienso / que, aunque sólo fuera por eso, / por esa fuerza, por sentir / lo que ahora mismo está sintiendo ella, / merece la pena vivir.") o, con coloquialismo y todo, en "Qué suerte tengo". Puestos a reconocer la belleza del mundo, pese a todo, cuánto mejor es "Vuelve a intentarlo", donde ante las mañanas de domingo, temprano, con las calles recién regadas y el olor a cruasán de algún café cercano, más el alboroto de los pájaros, el personaje del poema siente "Como si la vida / te dijese: / mira, aquí me tienes, / vuelve a intentarlo."
    No extraña que, siempre tendente a la frase afilada, a la desnudez, Iribarren haya cultivado también el aforismo. Su poesía va creciendo, fértil, en versiones revisadas, corregidas y ampliadas. Con puntos en común -no descubro nada- con Roger Wolfe o Javier Salvago, su obra es de una coherencia envidiable, aunque no lo sean por lo general las desoladoras visiones que depara y la conciencia corrosiva que la nutre.

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