miércoles, 3 de junio de 2015

El fútbol




Hace unos días, cuando se anunció la posibilidad de una huelga entre futbolistas, estuve tentado de mostrar mi solidaridad con ellos siempre y cuando la tal huelga resultara indefinida. ¡Fuera esquiroles!, ni un solo futbolista saliendo a un terreno de juego hasta que se atendieran sus peticiones, y ni siquiera así. ¡Huelga hasta el fin de los tiempos! Ni un partido más hasta la Final, digo, el Juicio Final.
     Comprendo que esto causaría una gran desazón entre los aficionados a ese deporte, pero el efecto insoportable de la falta de partidos no sería nada comparad con el de la saturación de estos que el resto de los mortales hemos tenido que padecer durante las últimas décadas, y hasta el paroxismo ya estos años pasados, que se me antojan siglos.
     El fútbol invade la programación de las emisoras de radio, se adueña de los bares, pone la zancadilla a cualquier actividad que se quiera realizar durante el tiempo de su juego o transmisión.      Herminia Luque, reciente Premio Málaga de Novela, escribió un ensayo contra el deporte, así en general, que supongo que dedicaría la parte del león al balompié, que no es un deporte que me disguste, es cierto, siempre y cuando se limite a jugar y ganar el Mundial de Sudáfrica, cada no sé cuántos milenios o eones. No sé si lo publicó, pero yo compraría encantado un ejemplar, y hasta regalaría otros.
    Leía hace poco Clima de riesgo, una suerte de diario o cuaderno de anotaciones de Manuel Neila. En la página 20 encuentro estos dos breves párrafos, que seguramente conocerá Herminia:

Uno de los síntomas más evidentes de la decadencia moral y cultural del Imperio Romano fue, al decir de los historiadores, el abandono progresivo del teatro por el anfiteatro, es decir, del arte por el deporte.
     El historiador Herodiano habla de "locura", "vergüenza" y "deshonra" al referir la insensata predilección de Cómodo, el hijo del emperador Marco Aurelio, por los espectáculos atléticos y las competiciones deportivas.


     

1 comentario:

Ángel Rallo Vallejo dijo...

Mucho me temo que no veré en España nada qué llene el espacio ocupado por el fútbol en tantas vertientes, como sistema de creencias, con ardientes discusiones, identitario, entretenimiento, tema constante si no cuasi único de conversación, con sus medios de comunicación dedicados, las interminables pullas entre rivales, etc., sin ser yo un gran aficionado ni mucho menos. Si a esto añadimos la creciente pasión entre la gente de treinta-cuarenta tacos por correr muy largas distancias (que sólo alcanza su carta de naturaleza entre nosotros con el término "running"), compitiendo en carreras organizadas, poniendo en riesgo su propia salud, la conclusión no puede ser más desalentadora.

En fin, no nos quejemos que, entre otras cosas preciosas, nos queda la Literatura, que no tiene una vocación tan mayoritaria (ya que para eso haría falta querer leer con atención), como es sabido, y además aún se permite.