sábado, 20 de junio de 2015

La biblioteca como cementerio



Expurgo la biblioteca, no hay más remedio ante la llegada inmisericorde de tantísimos volúmenes nuevos que con uñas y dientes, más el atrevimiento de la juventud, empujan y arrinconan a los viejos. Es lo mismo que en los nichos de los cementerios, cada cierto tiempo desalojados y con los restos yendo a parar a un osario, una fosa común. En un ejemplar que sopeso, y absuelvo, Argumentos en busca de autor, de Bruno Mesa, esta frase: "Detrás del libro, atados los dos por una cuerda, suele aparecer el cadáver del autor." ¿Me perseguirá el fantasma de quien escribió alguno de estos libros de los que hoy me desprendo?

2 comentarios:

SUSANA BENET dijo...

Muy acertada tu comparación con los nichos y ese esfuerzo por conservar los libros viejos, para al final deshacernos de ellos como de ropa usada. Feliz día,

Ángel Rallo Vallejo dijo...

Toda biblioteca abandonada por su dueño, o sólo decorativa (esas ya no están de moda, en todo caso) es eso mismo: un horrible cementerio de papel.