viernes, 5 de junio de 2015

Toni Montesinos Gilbert. La eclosión de un escritor.






Toni Montesinos Gilbert (Barcelona, 1972) ha ido escribiendo una obra amplia y diversa que ha ido recorriendo la novela, el ensayo, la literatura de viajes, la poesía. Estos días coinciden tres novedades suyas que no solo subrayan su fertilidad, sino también la calidad de su escritura. Fielmente cada uno de estos tres títulos subraya una de sus obsesiones: los versos, las lejanías, los escritores suicidas. Y confundiéndolas, porque hay lirismo en sus páginas de viajes, y narración en los poemas de los suicidas, y viajes en las composiciones propias.
            Alma en las palabras [Poesía reunida 1990-2010], que ve la luz en la colección calle del Aire de la editorial Renacimiento, recopila veinte años de quehacer poético, una obra que no siempre ha tenido la difusión que merecía. Ahora en un solo volumen demuestra su coherencia y su condición de corpus, no mera acumulación inconexa. El colofón ostenta la fecha del 23 de abril, que no es mala (el Día del Libro) para un letraherido como Montesinos.
Antología poética del suicidio (siglo XX), con su singular presentación de libro cartonero de Editorial Ultramarina, es un libro de apócrifos (ocho hombres y tres mujeres), ya ensayado hace diez años en El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico. A lo Borges, el autor combina erudición y notas con una poderosa fantasía que se manifiesta en las notas bio-bibliográficas, verdaderos cuentos, que anteceden a cada espiga de poemas de estos seres atormentados que parecen haber salido del Biathanatos de John Donne. La muerte, el lado oscuro aún en la vida, está muy presente no obstante en su propia obra, como en el poema “Solamente hasta la muerte” de La muerte escondida (2004), donde leemos: “Yo creo que estoy solo y sin embargo / tengo buitres amigos que rondan por mi casa, / voces inmarchitables que vienen del recuerdo.” En ese mismo libro, también, el terrible poema “El fin del padre escondido”, que finaliza: “Sus ojos son del claro cielo de una bondad / jamás asomada, y los puños olvidan su fuerza. No importa que no coma, que el dolor lo atraviese y sepa que va a irse. / Apenas se queda dormido, le miro fijamente / y salgo del hospital. Le doy la espalda / a la muerte. Que muera solo. Tal como vivió.”
            Por último, La suerte del escritor viajero. Crónicas literarias de Europa y América (editorial Polibea) es una colección de estampas de paisajes y ciudades que Montesinos conoce bien y que escribe y describe con pulso y finura. En su prólogo, José María Conget declara: “Son páginas que participan del dietario, la confesión íntima, la asociación libre de memoria y presente, y la diatriba contra las imposturas del mercado en el terreno cultural.” Cuba, Florencia, Nueva York, Baltimore, Ámsterdam, Sicilia, Chile, son algunos de los escenarios del libro.
            Viajes, poesía, muerte. En un monólogo dramático de su primer libro de poemas, Montesinos hace decir al suicida que firmaba con los seudónimos de El Pobrecito Hablador o Fígaro: “He olvidado lo que aprendí en París y Burdeos”. Lo reproduzco entero, como una destilación de la obra del autor barcelonés:

MARIANO JOSÉ DE LARRA

Nadie tiene la culpa de esta acción postrera.
Pensé hace años que mi vida no tiene importancia.
¿Con quién hablar de la muerte y el sufrimiento?

Soy un alma que muere pero va caminando.
Yo puedo ir riendo y pudrirme al mismo tiempo
por dentro. Me quiero ir de la vida poco a poco…

Hoy me han dicho: “Fígaro, tu último artículo
es exquisito.” pero yo he seguido caminando.
¿De qué sirve mi letra en este país de necios?

He olvidado lo que aprendí en París y Burdeos.
He olvidado el idealismo, la guerra española,
mi inútil primer amor (la amante de mi padre).

He olvidado los pensamientos liberalistas.
He olvidado a Pepita. El pasado y terrible mes
de agosto. He olvidado nuestra juventud…

Y aunque la gran crisis continúa en toda Europa,
no debí volver aquí, a la calle Santa Clara
número dos, en este Madrid envejecido.

Aún siento ganas de leer los versos de Espronceda.
Y emocionarme. Y tal vez esperar el retorno
de Dolores. Pero mi esperanza se ha extinguido.
Yo voy a suicidarme. Ya he elegido la fecha.




            

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