lunes, 28 de septiembre de 2015

De "Enrique V"




En octubre, como se anunciaba aquí, Vaso Roto sacará una Agenda Shakespeare 2016. Mi primera intención fue traducir para ella la arenga de Enrique V en la obra homónima, pero se me había adelantado en la elección Eduardo Moga. Pronto podremos leer la suya, que será estupenda sin duda (Moga ofrecía hace pocos meses una titánica traducción de Hojas de hierba). Entre tanto, aquí va mi versión:





ENRIQUE V, Acto IV, escena iii

¿Quién eso desea?
¿Tú, Westmoreland? No, primo mío, no;
si hemos de morir, ya nos bastamos
a infligir una pérdida a la patria;
y si hemos de vivir… pues cuantos menos
seamos más honor nos tocará.
Dios quiera que ninguno más se una.
No es oro, ¡rediós!, lo que codicio,
se me da una higa quién coma a mi costa
o si otros se ponen mis vestidos;
esas cosas externas no me importan;
mas, si peca quien codicia el honor,
mi alma es la peor en esa falta.
Que no, que no, Westmoreland, ni uno más.
No quisiera perder honor tan grande,
pues uno solo más compartiría
aquello que ambiciono. ¡No, más no!
Mejor proclama, primo, entre mi hueste
que, si alguien de esta lid no tiene agallas,
que parta ya: tendrá salvoconducto
y monedas, de viático, su bolsa;
no queremos morir en compañía
de quien teme morir entre nosotros.
Hoy es la festividad de Crispiniano.
Aquel que sobreviva y vuelva a casa
salvo, cuando se nombre esta jornada
se pondrá de puntillas, animado.
Quien viva el día de hoy y llegue a viejo,
cada año la víspera dirá
así, agasajando a sus vecinos:
“Mañana es San Crispiniano”. Y subiéndose
la manga mostrará sus cicatrices;
“Recibí en San Crispín estas heridas.”
Los ancianos olvidan, y, aunque todo
se olvide, él retendrá, sin menoscabo,
las proezas que hiciera. Nuestros nombres
sonarán familiares en su boca
–el rey Enrique, Bedford, Talbot, Warwick
con Exeter y Salisbury junto a Gloucester–,
invocados en copas rebosantes.
Esto lo contará el buen hombre al hijo,
y nunca ni Crispín ni Crispiniano,
hasta que acabe el mundo, en este día
pasarán, mas seremos recordados
nosotros pocos, por fortuna pocos,
ejército de hermanos. Pues quien hoy
su sangre vierta aquí junto a la mía
será mi hermano y, si villano fuere,
el día elevará su condición;
y los nobles que ahora en Inglaterra
duermen maldecirán no haber estado
hoy aquí, y valdrá poco su hombría
cuando alguien les diga que luchó
con nosotros el Día de San Crispín.

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