miércoles, 16 de septiembre de 2015

Más pavesas



Hoy, cuando hemos vuelto a ese bar favorito que ha estado hasta hace dos días cerrado por vacaciones, aves migratorias en el cielo sobre la otra mesa alta de la torre de la iglesia. Daban ganas, casi congéneres, de decirles que bajaran a por nuestros altramuces, que las invitábamos, en tanto llegaban al bar suyo que las estará esperando, tan lejos.

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No hay que volver a visitar los museos que nos gustaron. En ellos solo se exhiben ahora nuestros fantasmas.

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Después de cinco años de frecuentar esa taberna y pedir siempre lo mismo, el camarero me puso una pequeña rodaja de naranja en el vermú. No sé si me ascendió o me degradó. Me siento como Hamlet: ser no no ser, el tema se las trae. Estoy, para curarme en salud, por no volver jamás.