sábado, 28 de febrero de 2015

Hibernia astur (y mucho más)




Ovetense pero nada vetusto, Xaime Martínez es, para mí, que lo acabo de leer y disfrutar, el más reciente descubrimiento poético de la tierra asturiana. Aunque me separan tres décadas de él veo con placer que nos une, junto con el amor por la poesía, la veneración por Irlanda. Fuego cruzado es su segundo poemario, tras El tango de Penélope (2012),  y con él se ha alzado por unanimidad con el XVII Premio de Poesía Joven "Antonio Carvajal", que publica Hiperión.
     Pese a lo dicho arriba, y a que Martínez ha estado estudiando el pasado curso en el dublinés Trinity College, donde ha sido erasmus y ha tomado una asignatura sobre literatura irlandesa medieval, la Isla Esmeralda no está muy presente en este libro. Sí aparece, es cierto, en el poema "Mael Dúin, el viajero", una recreación de uno de los relatos de navegaciones maravillosas conocidos como immrama (Tennyson también escribió una versión de ese periplo); en "El Padre", que adapta y adopta "He Wishes for the Clothes of Heaven" de W. B. Yeats; "La isla" (que no parte del poema sobre Innisfree del mismo Yeats); y, por último, "El halcón (nº 2)", que ostenta como epígrafe el nombre de Séamus Mac Máirtín aunque lo irlandés no esté presente y la traslación al gaélico del nombre del autor sea solo un guiño.
     Pero fuera de denotaciones hibérnicas, el libro se ocupa de variados temas y ámbitos, incluso el Gotham de Batman. Muchas páginas harán las delicias de Luis Alberto de Cuenca, y no solo por los personajes y la recreación del mundo del cómic, sino por la espléndida ejecución formal de Xaime Martínez desde el soneto con el que se abre el volumen, "El cuchillo", donde además el lector asiste a un sabio juego con el lenguaje: "Tiré si tuve tiro y tirité / si amor me quiso títere en su juego."
     Martínez es cantante y músico. No lo he escuchado. Como poeta es, a sus veintiún años, magnífico, lo mismo en los poemas de mediano aliento como en los breves, de los que este que no me resisto  a copiar es un excelente ejemplo:

FUERA DE TEMPORADA

Tu beso, como un gajo
de sol en pleno invierno:
la excepción que confirma la tristeza.


viernes, 27 de febrero de 2015

Alma feliz




Ricardo Molina, Miguel del Moral, Pablo García Baena (centro), Pepe de Miguel y Juan Bernier en 1956


Premio de las Letras Andaluzas "Elio Antonio de Nebrija" para Pablo García Baena. Le dedico la columna de esta semana.

jueves, 26 de febrero de 2015

El sermón de las cosas




EL SERMÓN DE LAS COSAS

                                    Para Eduardo Chirinos

Dejadnos ser sin gran estorbo
(o, con más propiedad, estar).
Ya estábamos aquí cuando llegasteis
y seguiremos existiendo, rotas, transformadas,
cuando ya no estéis ni seáis,
tras de vosotros.

No interfiráis con nuestros ciclos,
no menoscabéis nuestra materia
ni pequéis de soberbia, fugitivos.
Este beso que os da la permanencia
es un beso no más de despedida.
Con ojos que no veis os contemplamos
sabiendo
que no os volveremos a ver nunca.

Jamás turbéis nuestro silencio
con ajorcas de voz atolondrada,
mas resignaos.

Tan solo lo que es nada persevera en su nada.
Alguien siempre es un tránsito hacia nadie.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Grietas




El hermano menor es ahora el único.
De pronto, en la cabeza de mi tío
las canas de mi padre muerto. Crecen
y brillan como frutos de una copa
junto a un árbol talado que no existe
y roza a la otra copa que despeinan
vientos que soplan cada vez más recios
colándose en las grietas de mi sangre.

martes, 24 de febrero de 2015

El punto y el infinito




Puede la concisión ser el ojo de la cerradura por la que se accede a una cámara de asombros, un gabinete de curiosidades. O también, desde dentro, el ojo de la cerradura que se asoma al espacio abierto, infinito, de la imaginación, para el que no hay agrimensor que valga. El aforismo es así. Y Seré breve. Aforismos poéticos y otras breverías, al cuidado de Carmen Camacho, reúne varios puñados, como caramelos lanzados en una cabalgata, que los niños ansiosos recogemos con alborozadas sonrisas.
     Beltrán Laguna, uno de los participantes en el libro, ha elegido para abrir su muestra de aforismos una cita que no puede ser más adecuada. Es de Nicanor Parra, y dice: "Mi posición es esta: / el poeta no cumple su palabra / si no cambia los nombres de las cosas." Entre sus propios textos, Laguna nos deja este: "Digo no, no y no: estoy que trino." Cada uno de los otros siete colaboradores aporta al menos una pirueta verbal digna de admiración. De Esther Cillero (no puedo citarlos a todos) es esta: "El despertador es el primer llanto del día."
     El libro está publicado por el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), dentro de su nueva colección "Cuadernos de laboratorio".

lunes, 23 de febrero de 2015

Voces


En un diccionario futuro, estas palabras irán juntas: pufo, pujol. También, pese a ser nombre (propio o de apropiación indebida), la segunda puede ser el superlativo de la primera.

sábado, 21 de febrero de 2015

Benítez Ariza y Poe





SOLTANDO LASTRE


Edgar Allan Poe (1809-1849) se alza en la historia de la literatura como una de esas figuras que, siendo mucho, son más de lo que son porque en ellas no apreciamos solo los logros individualmente alcanzados sino la fecundidad en autores y movimientos posteriores cuya trayectoria ya no podemos distinguir de su estímulo. Su huella es doble y enorme, y lo rescata de una única novela y de los ensayos con los que se ganó el sustento en el periodismo. Como narrador, Poe es el precursor de los relatos de terror, de tema científico y policíacos que en la segunda mitad de su siglo se desarrollaron, creando modelos e incluso géneros; como poeta tuvo una enorme influencia en otros tres de otra lengua, el francés, que lo auparon a antecedente de ese segundo Romanticismo: el Simbolismo. Haber suscitado ese interés y admiración en Mallarmé, Baudelaire y Valéry ya dice mucho de su carácter excéntrico en la tradición angloamericana. Por más que William Carlos Williams, Hart Crane o el primer T. S. Eliot vieran puntos de interés en este poeta que ya se definía a sí mismo como “americano” (de los EEUU) en ese siglo de la gran poesía de Inglaterra (que no llega a abarcar cien años, pues va de 1798, fecha de publicación de Baladas líricas a 1892, año en que muere Tennyson), la alargada sombra de Poe llega sobre todo a Europa (también Fernando Pessoa lo tradujo) y al Río de la Plata (no solo en Borges, sino en sus traductores Cortázar y Obligado y en Lugones y otros antes).
     Como escribió Juan Eduardo Cirlot, Poe “nos habló tan larga y tristemente de la muerte, dándole a la vez tantos rodeos, y mostrándola en tan dolientes e inauditos aspectos (metamorfosis, resurrecciones totales o parciales)” que ocupa un lugar único. Solo Nerval se le acerca en esto. Él mismo cultivó como nadie el que consideraba el tema supremo: la muerte de una mujer hermosa. Y compuso algunos poemas de añoranza y pérdida (pienso en “El cuervo” o “Annabel Lee”) que forman ya parte del repertorio vivo y memorable de infinidad de lectores, y no únicamente de los textos originales sino también de sus traducciones a prácticamente todas las lenguas. Las adaptaciones al cómic y al cine no han escaseado. También ha habido recreaciones en verso, como el poema “El cuervo” que Luis Alberto de Cuenca incluyó en su libro de 2010 El reino blanco. Y es que como el propio Luis Alberto ha afirmado en su siguiente entrega, Cuaderno de vacaciones (2014), nada importa el posible solipsismo, el alcoholismo, el cúmulo de defectos de Poe. “Sí importa, en cambio –por citar tres casos / de directos discípulos de Poe–, / que Melville inventara Moby Dick / a partir de la extraña criatura blanquísima / que clausura el relato de Arturo Gordon Pym, / o que las pesadillas de Lovecraft se forjaran /  sobre las de Edgar, o que Baudelaire / tradujera al francés su prosa en cinco entregas / que lo harían famoso en toda Europa. / ¡Larga vida al psicópata de Boston!”
     Pero vamos ya a este libro, escrito por un poeta de una generación posterior a Luis Alberto: José Manuel Benítez Ariza. Y me interesa destacar de este su estatus de poeta, su estatura poética, pues este trabajo con el que Benítez Ariza ha alcanzado el arduo título de doctor se beneficia no solo del rigor filológico del profesor gaditano, sino de la intuición de un fino poeta que es asimismo traductor excelente, como demuestra al trasladar en verso castellano un puñado de composiciones exentas y fragmentos de los poemas extensos de Poe: “Tamerlán” (1827) y “Al Aaraaf” (1829), que como se ve por sus fechas fueron obras de juventud. Dos fracasos que Benítez Ariza disecciona y muestra también en sus triunfos, aportando las claves de las fuentes que Poe enseguida hace manantiales propios. Muy atinadamente habla aquí de Byron y de ese amigo suyo hoy poco conocido fuera de Irlanda: el Thomas Moore autor, además de la impagable colección de melodías irlandesas a las que puso la letra del romanticismo, una obra de inspiración arábiga que tuvo peso en “Al Aaraaf” y que, me pregunto ahora y lo sugiero a vuelapluma, quizá estuviera también revoloteando en el ánimo de Yeats al componer su poema, también relativamente extenso, sobre Harum Al-Rashid en La torre (1928).
     Sobre el carácter fallido de estos dos poemas tempranos cabe asumir el juicio de Auden sobre la poesía de Poe, que es la falta de tiempo que la persigue: tiempo libre para componer versos desatendiendo tareas más apremiantes y necesarias para la supervivencia, pero también falta de tiempo como falta de sazón, de madurez, pues a pesar de la superchería que difundió el propio Poe sobre la datación de sus ejercicios poéticos, no son poemas precozmente infantiles sino juveniles, pero faltos aún de experiencia y decantación. En esa página de Auden, que sabía lo que es escribir reseñas por encargo, leemos: “La mayor dificultad de Poe como poeta estriba en el contraste entre los muchos problemas y experimentos poéticos que le interesaban y el tiempo que podía dedicarle a cada uno. Para que el resultado que responda a la intención (…), el escritor tiene que ejercitar la mano en una continua práctica. El prosista que ha de ganarse la vida con su oficio posee una ventaja: que en el constante aprendizaje de su oficio, incluso el trabajo puramente alimenticio le resulta útil; por desgracia, no hay un ejercicio parecido a disposición de los poetas sin dinero.”
     Ha hecho bien Benítez Ariza, porque conviene a un autor como Poe y fomenta el estímulo de nuestra curiosidad, en fundamentar su libro en una búsqueda o quest, pesquisa que se dirige a establecer “en qué punto o tramo de la obra del poeta, narrador, ensayista (…) puede documentarse ese matiz diferencial respecto al Romanticismo propiamente dicho que lo convierte en precursor de los movimientos estéticos subsiguientes”. Y ahonda en ese aspecto de tanta enjundia como es la falta de fiabilidad del narrador (tan caro a James) y las mistificaciones de Poe, sus hoaxes (que Benítez Ariza como buen escritor no duda en traducir con voces sabrosas y rotundas como embeleco y, sobre todo, camelo, más las “amplias tragaderas” del público), con páginas plenas de interés acerca de Eureka y las travesías en globo, que relaciona con “Al Aaraaf”. Algunas de las páginas más hermosas que se hayan escrito sobre globos en nuestra lengua, por cierto, las firmó Álvaro Cunqueiro a propósito del aerostato que para la festividad de san Roque alza su gozoso milagro en Betanzos (el lector interesado puede homenajearse a sí mismo buscando esas páginas de El pasajero en Galicia).
     Benítez Ariza narra con plasticidad el episodio de la lectura calamitosa del 16 de octubre de 1845 en Boston, y hurga, sin ser eso lo que más le importe, en los recovecos de la compleja mentalidad de Poe, en los motivos que este pudo haber tenido para “reventar” el acto. Y desempolva materiales poco conocidos como una reseña de T. S. Eliot en la que el de Missouri declaraba esto que sigue pareciendo hoy válido: “Poe es tanto la reductio ad absurdum como la culminación del movimiento [romántico].” Al superar el Romanticismo, Poe suelta un lastre que permite elevarse al globo de su poesía.
     Como quedó expuesto arriba, en Benítez Ariza Poe gana a uno de sus más dotados traductores. Lo demuestra el apéndice con, entre otros, los versos 198-213 de “Al Aaraaf” o los logradísimos “Romance” o “Soneto: Silencio”. En ellos el verso discurre como verso: rítmico, elaborado, en tensión.
     Y acabo ya. Me doy cuenta de que este apresurado prólogo se acerca más a una reseña entusiasta que a una introducción o prefacio. Sirva de disculpa el ansia, aguzada por la satisfacción de haberlo leído en galeradas, de ver ya publicado este libro; la ilusión (y si el lector lo está leyendo es porque se ha cumplido) de que ya pueden disfrutarlo otros.


(Prólogo al libro de José Manuel Benítez Ariza que estos días sale de la imprenta)





viernes, 20 de febrero de 2015

Obsceno



Que los escándalos de la banca y la política lo sean no quita para que esto lo sea igualmente: obsceno, muy obsceno. Mi columna de la semana pasada. 

jueves, 19 de febrero de 2015

Hoy, 19



Coincidiendo con el día del mes, traigo el fragmento o anotación 19 de Mediodía en Kensington Park, de Javier Sánchez Menéndez. Es el texto más breve del volumen, y me ha gustado su elipsis, su casi silencio:

LA FRENTE

He pisado la noche mirándote la frente.

No creo en los milagros pero ha amanecido.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Tratado de identidad




No deja de añadir Asturias nombres al nutrido censo de su poesía. En esta ocasión, el libro recién leído es de un muy joven Miguel Floriano (1992): Tratado de identidad.
     Cuando Floriano decide deshacerse de la cota de mallas del soneto (para la que está bien dotado pero aún su técnica presenta agujeros, huecos vulnerables), es capaz de alcanzar momentos de gran expresividad, altos logros en los que un traspié rítmico no se advierte. No ayudan, es cierto, la repetición de la palabra "porfía", la del nombre tutelar de Miguel d'Ors en dos ocasiones (¿acaso no hay más poetas, o palabras que rimen igual pero no tengan olor a naftalina?). Pero lo literario se libera en poemas como "La culta":

Después de haber pagado el restaurante
y de que ardiese un rincón de la tarjeta
de crédito, después
de algún que otro silencio apabullante
y aquel baile anatómico en el sitio
donde siempre ponían a Neil Diamond,
después de que el pulso se nos fuera
trotando al otro lado de la calle, después
de que alojara su espalda casi todos
mis asedios, amor mío, al fin llegamos
a tu casa y, a patadas, tras la última
copa tú me echaste porque yo
aún no había leído el Ars amandi.

Lo haya leído o no después, Floriano está bien dotado para el poema amoroso. Aunque la edad ayuda siempre a ese tema, hay que saber saltar, también con agilidad juvenil, por encima de los clichés. Y él lo hace, como sucede con "El profeta", con su excelente cierre:

Aquella tarde me dijiste que saldríamos
a cenar brisa y marisco a una bahía
transparente, y que después
iríamos a bailar a no sé dónde y sin saber
tampoco ni hasta dónde y a no sé
qué sitio en las afueras donde hay
música en directo y una atmósfera
acorde a nuestra casta.

Como si la eternidad no tuviera ya, vida mía,
tramada la manera de olvidarnos. 


martes, 17 de febrero de 2015

Gragerías



La vida y algo más es el segundo libro de Gonzalo Gragera (Sevilla, 1991). Entre sus poemas se cuelan estos aforismos o greguerías que él prefiere llamar, atendiendo a su apellido, "gragerías". Copio tres de ellas, sugerentes y con su pizca de magia:

La torre es un reloj a las seis en punto.

*     *     *

Ella, la playa dócil y piadosa. Él, un golfo que siempre retornaba.

*     *     *

Las letras en cursiva: vendaval en las palabras.

lunes, 16 de febrero de 2015

domingo, 15 de febrero de 2015

Niebla




El viernes la ciudad se levantó con una niebla que me hizo recordar unos versos del más reciente libro de José Manuel Benítez Ariza, Panorama y perfil. Lo curioso es que aún no había leído ese volumen, cosa que hice unas horas después. Desdibujado el tiempo como el espacio bajo la niebla, todo parecía desmentir el título: un panorama difuso y un borrado perfil. La magnífica fotografía es una instantánea de Manuel Jesús Roldán. Aquí van los versos:

Cuando la niebla me rodea
soy como un pez.

Cuando la niebla me rodea
mi límite es la niebla,
que tiene la extensión del pensamiento.

sábado, 14 de febrero de 2015

Presencia de un poeta




Desaparecer, de Juan Manuel Romero, se publicó a finales del año pasado por la editorial Pre-Textos. Viene tras Las invasiones (2006, Premio de Poesía Joven Radio 3) y Hasta mañana (2008, Premio de Poesía Emilio Prados). Se trata de un único poema, repartido en cuarenta secciones sin títulos. No cultiva Romero la anécdota, no busca la brillantez; observa, sí, reflexiona. Y compone maravillosas páginas como esta:

Estás tirando al fuego tus antiguos diarios
con la impresión de quien se desengancha.
¿Dan alivio las páginas que arden?
A veces la memoria, igual que un dique,
te protege,
pero también te impide ver.
Suavemente las llamas
abrazan el pasado,
su voz roja.
El tiempo se ilumina y te deshace.

Caigo, transcrito lo anterior, que hoy es esa jornada del calendario que propició que Poe escribiera su "Tarjeta del Día de San Valentín". Si se trata de escribir de amor, Juan Manuel Romero ofrece en Desaparecer diez versos espléndidos: 

Igual que quien injerta
sobre la rama abierta el brote nuevo,
así te llevo en brazos al dormirte.
Me ha pesado entender que dando vida
estás atándote a la vida,
y creces cuando ayudas a crecer.
Cada día me ato más a ti
para que corra el tiempo por nosotros.
Te llevo en brazos
pero eres tú quien me sostiene.

jueves, 12 de febrero de 2015

Ornitorrimas








Asombro de nuestra infancia en álbumes de cromos o en los libros de Ciencias Naturales, últimamente los vemos menos, probablemente amenazados de extinción. Son los ornitorrincos unos animales (¿o son vegetales, quizá? que ya me pierdo) inclasificables. Reúnen elementos diversos en integración difícil y asombrosa.
     Así, este libro con el que se estrena Ismael Belda (1977), en el que hay aves y un autómata, verso libre y una sextina, más tercetos encadenados y, sobre todo, una narración en pareados alejandrinos que recorre tanto paisajes reales como oníricos y que constituye una suerte de nouvelle extraña, desconcertante, sugestiva.
     Lo que ha hecho Belda es muy singular. La Universidad Blanca es algo fuera de lo común, a ratos Shelley, a ratos Merrill, con toques de Darío y de Yeats, sin olvidar a Poe, que gravita y habita grave y jocundo a un tiempo en “En esta casa”, una de las canciones de Vesperal, un territorio creado por el autor que, como el atraedor de erratas de Faulkner, será el ámbito de una novela anunciada y de larga ejecución ya. Casi siempre hipnótico, este Belda debutante no promete: da.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Paradojas digitales



Que en el gran establecimiento de Apple de la Puerta del Sol, con todas esas hectáreas de terreno sembradas de manzanas, no vendan las cajas con el DVD de los sistemas operativos de la marca y que este haya de ser comprado no en la tienda física sino por Intenet.

*     *     *

Facebook, esa gran herramienta para promocionar lo que por su culpa no nos dará tiempo a escribir.

*     *      *

Lo hemos visto con nuestros propios ojos numerosas veces, pero aquí se hace versos de José Antonio Santano en su reciente libro Tiempo gris de Cosmos:

Y la estudiante, en la biblioteca,
no levantaba cabeza
de la pantalla del teléfono móvil.

martes, 10 de febrero de 2015

Poetas a pie de Web



Manuel de la Fuente

Hay que agradecer noticias como esta: desde hace pocas semanas un periódico nacional dedica un espacio a los versos. De la mano de Manuel de la Fuente, ganador del Premio Gerardo Diego en 1995 y del Miguel Hernández de Periodismo, la página de Internet de ABC mira por el ojo de la cerradura de la lírica y da cuenta de la actualidad del género, con noticias y entrevistas. Se abrió con Luis Alberto de Cuenca, y sábado a sábado ha ido dando pinceladas digitales al lienzo de la poesía actual. Recomendaciones, sugerencias, convocatorias, ideas, se pueden remitir a poetasapiedeweb@abc.es

lunes, 9 de febrero de 2015

En Cholula



Hacía días que me obsesionaba la idea de componer un poema sobre la experiencia de haber recorrido el interior de la pirámide cubierta de Cholula, en el estado de Puebla. Estuvimos allí hace unas semanas, y ayer por la tarde surgió el poema. Es este, con el nombre de ese cerro artificial en la lengua náuhatl:


TLACHIHUALTÉPTL

Bajo el cerro y su verde

somos los gusanos que perforan

la carne de la sólida placenta.

La piedra claustrofóbica se aparta

medrosa y nos contagia el miedo.

Un lento calendario cosmológico

en donde el cielo fue decapitado,

tardamos en salir más que los siglos

en que se fue preñando la pirámide.

En un mundo sin sol, unos minutos

doblan en duración a las estrellas.





Postal antigua de la pirámide cubierta, con el santuario de la Virgen de los Remedios sobre ella.





domingo, 8 de febrero de 2015

Senabre





Ha muerto el crítico Ricardo Senabre. Hace diez meses me hizo el regalo de ocuparse aquí en El Cultural de mi primera novela. Fue benévolo, y se lo agradezco. No fue siempre así con todos, aunque creo recordar que solía ser generoso con los que empiezan. De su rigor había una parte sobre cuestiones de estilo y tropos que era quizá discutible en algunos casos (la creación trabaja, ya se sabe, con un equilibrio de funambulista, y hay piruetas que no son del gusto de todos). Sobre los descuidos gramaticales tenía más razón que un santo y, más que baldón para los autores (prácticamente todos tienen deslices en la presentación material), era en el fondo un reproche a las editoriales que no habían puesto el esmero suficiente en la corrección, que muy a menudo se olvida que editar no es solo maquetar e imprimir. Aunque solo fuera por esa persistencia tan necesariamente molesta, ya habría realizado Senabre una importante labor. Pero sería sinécdoque muy torpe quedarse solo con el último párrafo de sus críticas como equivalente reduccionista y grosero de estas, cuando en el desarrollo previo volcaba tanta inteligencia y saber, junto con ese rasgo infrecuente: la capacidad de establecer sólidas comparaciones, de incardinar las obras en la tradición. Lo difícil no es ser maestro para los alumnos desde la cátedra, sino serlo para todos desde el magisterio de más dilatado ámbito de la página impresa. Solo cuando se señalan los errores se puede aprender de ellos.

sábado, 7 de febrero de 2015

Muñecas rusas en Hollywood



Francis Ford con Grace Cunard en The Broken Coin (1915), 
al año siguiente de la llegada de John Ford a Hollywood


Estoy escribiendo algo sobre John Ford, y podría estar contando anécdotas de él hasta que nos cierren el pub. Así que pondré punto en boca y me limitaré a una sola de su etapa muda, recogida por Tag Gallagher en John Ford. El hombre y su cine. Son palabras de su hermano mayor Francis, con el que aprendió tanto del oficio en Hollywood. Evoca Francis a aquel mozalbete, llamado Jack por todos:

Como utillero "apestaba", como ayudante de director era incluso peor y como actor... ¡bueno, menudo armario! Cuando le pedía que colocara  una silla en un rincón para rodar una escena, Jack se giraba y decía. "Joe, coge una silla y ponla en el rincón"; Joe se daba la vuelta y gritaba: "Dutch, coge una silla y ponla en el rincón"; Dutch se giraba y chillaba: "Jake, coge una silla y..."


(Tag Gallagher, John Ford. El hombre y su cine, Akal, 2009. Trad. de Francisco López Martín con la colaboración de Juan Gorostidi Munguía).

viernes, 6 de febrero de 2015

Matinal




Hay otros caminos, pero ninguno más directo ni mejor: ponerte por la mañana una película del oeste en blanco y negro. Como esta, Fort Apache. Llaman por teléfono para venderte algo y contestas con una vocecilla que papá no está en casa.

jueves, 5 de febrero de 2015

miércoles, 4 de febrero de 2015

No solo contra Charlie





Los soldados norteamericanos que combatieron en Vietnam no solo se enfrentaron al Viet Cong, Charlie como recordará cualquier espectador de Apocalypse Now. También tuvieron que encarar numerosas dificultades, penurias, problemas con las drogas y los mosquitos. Si además eras negro tenías que remontar el insalubre río de los prejuicios raciales. 
    Nunca traducido hasta ahora al español, Dien Caiu Dau es el libro de uno de esos soldados, originalmente James William Brown (ese Brown, Marrón, lo dice todo) y que decidió recuperar el apellido de su abuelo, que, descendiente de esclavos, llegó desde Trinidad a los Estados Unidos como polizón. Yusef Komunyakaa (Louisiana, 1947) ha compuesto un libro duro y en ocasiones impresionante sobre ese conflicto, que no ha sido tan tratado por la poesía (aunque sí por el cine) como la Primera Guerra Mundial.
     En esta edición de Juan José Vélez Otero, que le ha puesto un prólogo titulado "Carne de cañón" hay violencia y miedo, degradación, insidias de la retaguardia y muerte, esa muerte que a tantos se llevó cuando ya les quedaban pocos días de servicio, señalados en calendarios que ya no pudieron tachar. Destacaría poemas como "Recreando la escena"con su final terrible, o "Comunicado", donde aparece el animador de las tropas Bob Hope y unas chicas que enseñan los muslos para elevar la moral de los soldados y otra parte menos etérea de su anatomía. Acaba así:

Después de que los artistas recojan y se marchen,
después de que los helicópteros se vayan de regreso,
después de que la música y el color se hubiesen disipado lentamente        
de nuestras cabezas y los chaparrones cesasen, nosotros
seguimos sentados agarrando nuestros cascos
                               como cráneos lavados por la lluvia.

Varios poemas visitan los prostíbulos de Saigón (tremendo, "Las chicas de alterne de Saigón, 1975"), y otro, "Gracias", no se ocupa del roce mercenario con otra piel, sino del restregarse con la muerte, tantas veces esquivada por un pelo. Por ejemplo, "Gracias por el árbol / que se interpuso entre la bala del francotirador y yo." Y así, las incontables celadas. Una de las composiciones más desoladoras es la titulada "Paga de combate para Jody": "todos los meses cerraba un sobre con saliva / para enviar dinero manchado de sangre / y besaba las marcas de sus labios pintados / impresas en el papel con su perfume", y al regresar el combatiente a casa ella lo rehuye y él busca "a su novio de entonces", que le espeta: "con tu dinero me compré el Chevrolet que tengo."
     "Pérdidas" es otro texto descarnado sobre los que regresan, muertos en vida que me recuerdan a los veteranos del "Hugh Selwyn Mauberley" de Pound. El último de todos, "Afrontándolo", se desarrolla en el monumento de granito negro, bruñido, a los caídos en Vietnam, 58.022 nombres, que se halla en Washington. Cierro este comentario con la elocuencia de tres versos:

Los nombres brillan en la blusa de una mujer,
pero cuando se marcha,
los nombres se quedan en el muro.


martes, 3 de febrero de 2015

"Los turistas" de Jorge Carrión



Presentaba el pasado jueves la más reciente novela de Jorge Carrión, con la que cierra su trilogía comenzada en 2010 con Los muertos y que comenzó su curso en la editorial Mondadori y ahora está, ya, completa, en Galaxia Gutenberg. Pude haber comenzado in medias res, con una mención a la ciudad en que estábamos: 

Entré en Moscú con las tropas suecas
que comandaba Jacob Conde de la Gardie
y allí decidí volver a Sevilla y embarcarme
hacia el Nuevo Mundo, que ya no era tan nuevo,
vejez enigma, epidemia.

Huelga decir que estábamos en Sevilla, o en Moscú, aunque luego regresaré a Rusia, llevado por el empleo del verso en, sí, nadie se extrañe, una novela. Pero también pude haber comenzado por el final, por esa última página, donde se menciona "la historia de la anciana, la increíble, la fantástica historia de la anciana andariega y antediluviana", que es lo que se narra en esa segunda parte en verso y, en realidad, a lo largo de toda la obra. Por último, pude comenzar por el principio, como suelen abordarse las narraciones: "Como cada mañana, se dispone a pasar la jornada en el aeropuerto, estudiando a los pasajeros, desentrañando el enigma de sus rostros, viéndolos subir en aviones hacia destinos cercanos o remotos, qué más da, móviles ajenos a su destino inmóvil." 
     Y eso fue lo que hice, comenzar por el principio, hilvanando una serie de frases de Los turistas que sitúan y ofrecen la pista de lo que es esta novela. Continúa explicando la conducta de Vincent van der Roy, el protagonista: "Porque ésa es la razón por la que acude cada mañana a ese rincón del aeropuerto, porque es el mejor observatorio de la especie humana, el lugar óptimo para colmar su necesidad de escrutinio." (p. 17). Un poco más adelante: 
"Pero de vez en cuando aparece alguien nuevo y resulta muy interesante catalogarlo tanto como individuo con sus particularidades como en el seno de la red de relaciones, personales y laborales, en que se está insertando" (p. 21). Luego, en la página 32 aparece este sintagma que define a la perfección a van der Roy: "su mirada de fisgón". Sobre el fisgar hay algún guiño a la famosa serie televisiva Gran Hermano (hace unas semanas, resintonizando las emisoras de TDT, sus imágenes emborronaron mi salón durante unos segundos); "pero también están los holandeses y los belgas, eso debe de ser flamenco, hombres y mujeres encerrados en una casa con cámaras ocultas sin hacer nada más que charlar, cocinar, lavarse los dientes". Recuérdese a la productora del tal John de Mol. 
     Para no alargarme, reproduzco aquí una de las claves que sustentan Los turistas: "En el fondo todas las historias son una persecución: de un amor, de un enemigo, de un tesoro, de un sueño o de la utopía, de la verdad que oculta un secreto, de la muerte."
     Hablé antes de lo insólito que es en la actualidad una narración en verso, aunque no faltan muestras que van de Alexandr Pushkin (Eugeni Oneguin) a Jorge Volpi (Oscuro bosque oscuro), pasando por Vladimir Nabokov (Pálido fuego), Vikram Seth (The Golden Gate) o José María Fonollosa (Poetas en la noche). Dos rusos, como se ve, a los que añadiré un tercero, Osip Mandelstam, no ya como poeta narrador sino como ensayista que proporciona a Carrión una cita que es clave para el discurrir de la novela y, especialmente, de esa segunda parte escrita en verso. Escribe Mandelstam: "Cuántas sandalias desgastó Alighieri en el curso de su labor poética por los senderos de cabras de Italia. El Infierno y, sobre todo el Purgatorio, glorifican la andadura humana, la medida y el ritmo de la marcha, el pie y la forma. El paso, asociado a la respiración y saturado de pensamiento: esto es lo que Dante entiende como comienzo de la prosodia."
     En esa parte en verso (la menos extensa del libro pero la más audaz, con un viaje por la lengua española a lo largo de los últimos diez años, como sucede con la inglesa en el capítulo XIV de Ulises de Joyce) hay guiños y menciones a poetas como Byron y Coleridge. Con lo que este predicaba para el disfrute de la literatura, la suspensión voluntaria de la incredibilidad, hay que armarse para leer la primera parte. Pero no se trata de una obra realista, por más que Carrión haya cuidado la ambientación en lugares que conoce y mediante la práctica de actividades que él también ha probado.
     Una presentación de un libro se enriquece con los comentarios y ángulos de visión que ofrece su autor. Así, traigo aquí (yo no hubiera caído) que el protagonista de esta novela es un trasunto de "El hombre en la multitud", de Edgar Allan Poe. Bien mirado, tiene mucho de eso, con todas las diferencias que se quiera. Eso tiene la literatura, que como en la tantas veces mencionada ya segunda parte de Los turistas, trate del presente, del ayer o del futuro, dialoga con las obras del pasado.




lunes, 2 de febrero de 2015

La sobriedad impresa





Cuando se trata de diseñar una colección editorial o una revista es muy importante atender a lo sustantivo, que es la primacía del texto, su legibilidad, que llegue sin obstáculos pero con un envoltorio agradable y austero, siguiendo las reglas de la tipografía clásica e innovando con tiento, que es palabra que no queda lejos de esa otra: tino. Fue lo que traté de hacer en las dos colecciones literarias de la extinta Paréntesis, la idea que compartí con los diseñadores y lo que esperé de ellos al alumbrar el concepto. Es lo que he buscado también con F. Javier Martínez Navarro, el responsable del diseño de la revista Estación Poesía que en seguida entendió de qué se trata y asumió el reto: hacer una publicación limpia, sobria, en la que el texto respire sin intromisión de alardes, ilustraciones, trampantojos. Me alegra ver que los colaboradores, los lectores, los libreros, aprecian el resultado, que subraya con un rotulador transparente, valga la imagen, los poemas, los artículos, las reseñas. Hace poco leía en el numero 25  de la revista Trama & Texturas la conferencia que Jaume Vallcorba dictaba a punto de morir en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona el pasado mes de julio. Decía el autor de ese catálogo impresionante tan bien presentado, Acantilado, algo que es también aplicable a una revista de poesía:

"En otros tiempos era muy fácil adivinar por el color de la cartulina, la tipografía y su distribución en la cubierta, que se trataba de un libro de Gallimard. Lo mismo pasó más adelante con los de Einaudi. Algo que también se hacía visible  por su composición tipográfica, el uso de los blancos y de los títulos, y el resto de elementos de la maqueta. La presentación es una forma de invitación, el color de una sugerencia. Un exceso de presencia entiendo que desvirtúa su papel. Creo que un libro, más que llamar la atención por su estridencia, lo debe hacer por su silencio."

domingo, 1 de febrero de 2015

La zorra y las raposas





El viejo tema de encontrarse a uno mismo (a una misma, en este caso) es antiguo y acarrea, como la enorme mochila de la película, una historia cargada de obras literarias y artísticas. Esta Alma salvaje no lo es, ni una cosa ni otra, por más que se citen nombres y versos de Emily Dickinson, Flanney O'Connor y otros. Es, como la citada impedimenta que va dejando moratones en el cuerpo de la viajera protagonista, un largometraje pesado que, si lo que quería es cansar, paralelamente a la travesía de esa gran pista pacífica estadounidense que va casi de México a Canadá, logra plenamente su objetivo.
     No es que la actriz lo haga mal, al contrario, pero interpreta tan bien su papel antipático y vacío que el espectador desea que se parta una pierna y venga a recogerla un helicóptero o que, para abreviar los trámites, invite a almorzar a los buitres y aquí paz y después gloria. Se adereza con algunas pamplinas feministas, con un poquito de sexo, con el maltratador de turno y los traumas infantiles y aún de juventud, más retazos de canciones prestigiosas (se abusa, claro, de Simon y Garfunkel) y ya tenemos la historia de esta ninfómana que se encuentra con un par de vulpinos en su andariega búsqueda de sí, una autobiografía que entra más bien en el rubro de la autoayuda. Podría haberse titulado La zorra y las raposas.
     Nick Hornby, buen repostero, contribuye con el guión a este poderoso pestiño.