jueves, 31 de diciembre de 2015

La vida en un instante



Sigue Hilario Barrero publicando en Brooklyn sus Cuadernos de Humo. El número 6 es La vida en un instante, colección de haikus de Herme G. Donis, con breve prólogo de José Luis Morante. El primero me parece muy hermoso, buen principio para emprender la senda estos días en los que el año nuevo ya asoma:

Largo camino.
El corazón se calma
contando estrellas.


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Últimos coletazos felices



Como los de un gran pez, dichoso de ser pescado por la cola, cuando su año acaba, escurridizo. Fernando Iwasaki destacaba en ABC, junto a los de Eloy Sánchz Rosillo y Vicente Gallego, Lo que importa entre los libros de poesía que más le han gustado este año, y ahora, con fecha ya de enero, Jesús Aguado publica una espléndida crítica en Mercurio. Hoy la entrada se tiñe de gratitud.

martes, 29 de diciembre de 2015

Respeto







González-Cotta proponía aquí la semana pasada los viajes pintados de Manuel Ortiz. Y hacia su Bóreas, o al menos hacia Escocia pasando por Utrera, va hoy mi recomendación igualmente para el sibarita que busca con qué regalarse el oído como para el generoso que desee regalar, emanación de su propia sensibilidad, algo hermoso. El destinatario de ese obsequio ha de tener, eso sí, el oído aún sin necrosar por tanto ritmo adocenado, bobo, sacaperras.
            En Utrera reside mi amiga Catriona Zoltowska (su apellido de soltera es Jones). Catriona es de la pequeña isla de Barra, en las Hébridas, y hablante nativa de la endiablada a la par que angelical lengua gaélica. Con ella, y en su piso de entonces del Tardón, traduje hará pronto treinta años un buen número de canciones de su patria que hoy, casi tan añejas las versiones como los originales, me parecen un puro whisky envejecido. Algunos de esos cánticos con los que las mujeres escocesas acompañaban el enfurtido de la lana son los que Karen Matheson reúne en este disco bellísimo totalmente interpretado en esa lengua. Urram significa “respecto” en gaélico, y es un homenaje de la cantante de Capercaillie (que ya ha tocado en Sevilla un par de veces y aquí es solista), a sus padres recientemente muertos. Y, por medios de ellos, a su tradición de luchadores en tierras ásperas y mares encrespados.
            Si se incluyeran aquí los títulos, naturales en The West Highland Free Press pero exóticos en EL MUNDO, habrían de figurar en la página del jeroglífico que no tiene este periódico (de no ser las de la campaña electoral con su adivinanza de los verdaderos planes de los políticos). Enya está muy bien, bajo su gasa New Age. Pero esto otro, aun con arreglos modernos, es la tradición verdadera del canto céltico al natural antes de pasar por el photoshop del oído.
            Las melodías que bailan en este disco sorprenderán al neófito. Si no le agradan, no le eche la culpa a Matheson sino a los muchos cacofónicos y fónicos cacos que le han estragado y robado el gusto.

Urram, Karen Matheson, 17.99 euros el CD.


                                (Publicado en El Mundo el 18-12-15)

lunes, 28 de diciembre de 2015

Un hombre bueno



El 23 de diciembre, cuando todo el mundo se apresta a celebraciones, murió el escritor sevillano Íñigo Ybarra. Los mejores siempre se marchan con la lección de su bondad. Y qué bonhomía, para la que parecía estar hecho el verso de su paisano Antonio Machado, la de Íñigo, un hombre "en el buen sentido de la palabra, bueno". Muy enfermo, publicó su última columna la víspera de su muerte. 
     Yo lo traté poco, a saltos en la presentación de algún libro, en algún acto, varias veces en la tertulia del restaurante Robles de la calle Placentines, la misma tertulia que frecuentó el también llorado Vicente Tortajada, junto con José Daniel M. Serrallé, Manuel Gregorio González, Mario González Reina, Ignacio F. Garmendia, Javier González-Cotta, Ignacio Romero de Solís y otros. Siempre me pareció amable, educado, caballeroso. Humilde. Lo han recordado en necrológicas muy sentidas Luis Sánchez-Moliní, Manuel Gregorio González o Fernando Iwasaki (en la reproducción de arriba), que lo ve "como un Montaigne sevillano, en la fastuosa biblioteca de sus mayores". Y estoy seguro de que vendrán más. El lunes, tal día como hoy, era cuando colaboraba en Diario de Sevilla. Lo vamos a echar de menos, porque en este mundo que él ha dejado atrás no andamos precisamente sobrados de bondad.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Nada se pierde







Un cuarto de siglo de poesía ha reunido Jordi Doce en esta antología que con selección suya, y cierta reordenación, más algunas enmiendas y correcciones, acaba de publicar en La Gruta de las Palabras, colección que dirige Fernando Sanmartín para Prensas de la Universidad de Zaragoza.

     Nada se pierde proporciona una magnífica ocasión de acceder por vez primera a la obra poética de Doce, para quien no lo haya hecho. Y hallará a un poeta meditativo (seco a veces) y atento al paisaje, a la vegetación, a la fauna (en particular la ornitología) de tierras que propenden a la bruma y la aspereza. Lector de español que fue en la Universidad de Sheffield, evoca los páramos ingleses, el frío, la lluvia, con el correlato de quien uno se va volviendo, ese espectro, con los años. En el poema que lleva por título el nombre de aquella ciudad, escribe:

Quién regresa, qué buscas 

con inquietud cansada
en las calles sin nadie

si todo prendió fuego,

ardió en la hoguera negra
de la palabra. Llama

que fue deseo, nada

te queda de aquel tiempo:
letra muerta, aridez,

desnutrido fulgor

que los ojos remedan
esperando un sentido.

       La temática de Doce es amplia, como sus tratamientos y las formas de presentarla, que van desde el verso de arte menor (como el de arriba o el de un puñado de haikus) al poema en prosa. Esquivando las celadas que el sentimentalismo tiende al padre poeta, declara en "Sucesión" a la hija: "Desde la fiel evidencia de tu cuerpo, la vida nos revive: el árbol es el fruto de sus frutos."

      Sin alarde culturalista, hay muchos poetas aquí y con diferentes acercamientos: esos dos momentos de la vida (y uno de la muerte) de Sylvia Plath; aletazos explícitos o no del marido, y viudo de esta, Ted Hughes; las dedicatorias; además ecos, maneras de grandes anglolíricos (un poquito de Wordsworth, un ramalazo inconsciente o de honda asimilación de Keats: la lluvia del poema "Tiempo nublado" viene como trasportada de la oda "Al otoño", con ese "hija cortés del bochorno y la bruma" que es a su vez, o a mí me lo parece, vástago de "Season of mists and mellow fruitfulness, / Close bosom-friend of the maturing sun"). 
     "El paseo" es un largo, magnífico poema, dedicado al hispanista James Valender; un texto que, como su título, invita a ser recorrido, incluso más de una vez. Se trata de una composición enormemente cernudiana (y wordsworthiana) ya desde el primer verso, ese "Arrecia en mí la vida con la primeras sombras."
     Publicado ya cuando el año toca a su fin, Nada se pierde es uno de los mejores libros de poesía de los doce meses pasados. "Soy un puñado de ceniza que espera un viento favorable", leemos muy cerca del final de este volumen. Estoy de suerte: hoy el aura lo ha traído a mi biblioteca.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Notas o esquirlas



Poetas... Los hay con tanto ego que no les cabe en el verso y se encabalga.

*     *     *

Como era incapaz de rebatir aquel libro, se dedicó a apuntar sus dos o tres erratas.

*     *     *

Al moscardón no lo salva su virtud, sino su asquerosidad. Es por esta que, en vez de aplastarlo, le abrimos la ventana para que salga.

*     *     *

Cuanto más agnóstico voy siendo el resto del año, más creyente me vuelvo en Navidad. Lo milagroso no es que una vez más nazca el Niño Dios, sino que en mí renazca el niño humano.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Quizá el fervor



Miguel Floriano
(Fotografía de Guillermo Pérez-Moya Fernández-Coronado)


De entre las voces nuevas que vienen apareciendo desde hace algunos años, muchas de ellas gracias a la editorial La Isla de Siltolá, la de Miguel Floriano (Oviedo, 1992) es una de las más poderosas. Tratado de identidad, de este mismo año 2015, ya lo indicaba. Quizá el fervor lo confirma. Junto a momentos en los que se ve que aún está formándose, hay otros que demuestran que su poesía ha alcanzado una perfección rara para su edad; quizá el secreto de ello haya que buscarlo en que Floriano estudia el Grado en Lengua Española y sus Literaturas, y que acarrea un bagaje más que considerable de lecturas, de las que saca partido en poemas tan  espléndidos como "Lope revive, escribe unos versos y se vuelve a su sepulcro." Los estudios, con todo, no garantizan sin más la calidad poética, y la obra de Floriano no se limita a la imitación sino que es capaz, simultáneamente, de ser culta, divertida, grave, ligera.
     Dividido en tres partes precedidas de una obertura, el libro alcanza casi los cincuenta poemas, varios de ellos sonetos, como el  fino "Desde el centro" o el desenfadado y lleno de bien trabados encabalgamientos "Soneto para los padres del poeta". La coda "Madre Justicia" es, para mi gusto, una de las mejores composiciones del conjunto, sabiamente colocada en su posición final y con esa declaración, con reverberaciones de Keats (otro joven que ha cumplido los doscientos años): "Que ninguna verdad muera en mis labios."
     "Todo hombre / es títere y estafa de sí mismo", escribe Floriano en "De poeta a poeta", dedicado a su novia Candela de las Heras. Él no es muñeco, marioneta: maneja con mano firme su escritura y lo que esta da no es estafa, sino ya valiosas realidad y promesa.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

La piedra, el liquen, el musgo





No vuelvo a las Hébridas desde 1986, pero estas me acompañan en sus canciones siempre y, en los inviernos, con su lana desde hace veinticinco años. Uno compra poca ropa; conserva prendas viejas, y buenas, en perfecto estado de revista. Así, una chaqueta de tweed de Harris, cálida, venerable, robusta. Hace poco presentaba con Manuel Rivas su novela El último día de Terranova. Como homenaje al autor, y a un párrafo de su libro, vestí la chaqueta a la que me refiero. No tengo fotografía de aquella tarde, pero sí esta otra del día siguiente, tomada por Mamen Otero, en la entrega de los premios de la Universidad de Sevilla. Lo que Rivas escribe en la página 50 de su novela es esto:

"Se apoyó en la palabra seguridad, y eso le hacía parecer mayor de lo que seguramente era. Vestía un terno de paño cuya urdimbre de color recordaba la piedra, el liquen, el musgo. Ese fue un detalle en el que se fijaron Nina y Eliseo. Ella porque adoraba la textura de las telas y tenía que reprimir el tic de tocarlas. Y él, según me contó, llevaba ya pensando en un traje así, con paño de las Hébridas."






martes, 22 de diciembre de 2015

Permiso de residencia




Cristian David López (1987) es un poeta paraguayo que escribe en guaraní y en español y estudia en Asturias, donde codirige la revista de literatura Anáfora. Pese a su juventud, Permiso de residencia no es su primer libro. En un mundo de cínicos, no es desdoro mostrar algunos rasgos de ingenuidad (como sucede en algún haiku, que parece balbuceado por el niño que el autor va dejando de ser), pero los poemas maduros abundan, y hay ráfagas de gran belleza como esta de "Insomnio": "Apaga la ventana. / Que no vea la noche nuestra luz."
     En punto a luz, cómo brilla esta en el poema "En la biblioteca", que, repetidor perpetuo, vuelve a matricularlo a uno en la Universidad y los veinte años:

La luz entra por la ventana.
Es una luz limpia,
recién hecha por este día
que envejece conmigo
y contigo y con esos
libros de anaqueles 
olvidados.

La luz nos acaricia,
uno a uno,
y, como ladrona sigilosa,
algo se lleva de ellos,
de ti y de mí.

Necesita la luz
nuestra luz
para ser siempre 
joven,
para ser siempre 
luz.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Celebrar a Cavafis




Descubrir a estas alturas las excelencias de Constantino Cavafis sería pretencioso y poco menos que descubrir su Mediterráneo, que por el extremo oriental baña su natal Alejandría. Pero nunca está de más recordar, así sea para uno mismo, con el deleite de enfrentarse a los textos, su gran poesía. Si además, esta viene presentada en una edición tan estupenda como la que Juan Manuel Macías ha preparado para Pre-Textos, miel sobre hojuelas. La introducción de Macías es ceñida pero informativa y sugerente; pertinentes, las notas; la traducción, tan exacta como poética; el epílogo de Vicente Fernández González, informativo y contextualizador de Cavafis en España. Junto a los 154 (como los sonetos de Shakespeare) poemas canónicos, se brindan aquí los "Poemas ocultos", que incluyen piezas rechazadas y experimentos, como "Leaving Therapia", cuyas dos estrofas están compuestas en inglés.
     Cavafis escribe como nadie del deseo, de la decrepitud, de las brasas que se reavivan, de la historia humana, susceptible de convertirse en inagotable símbolo y lección. Su obra es palimpsesto, y al trasluz se ve mucho, pero cuánto aporta ya netamente en la superficie. Los poemas memorables de Cavafis son numerosos. Con permiso expreso del traductor (no me gusta la rapiña tan frecuente en lo digital, donde hay tanto robo y los dedos se hacen huéspedes), reproduzco aquí uno bien hermoso, que no envidia nada a otros sobre tema parecido de Borges:







UN PEÓN


A menudo, viendo jugar al ajedrez,
sigo con mis ojos a ese peón
que va abriéndose camino poco a poco,
y logra alcanzar la última línea.
Con tal afán camina hasta la meta
que se diría que allí mismo ha de obtener, sin duda,
su regocijo y su premio.
Muchos percances halla en su camino.


Le disparan los alfiles, marchando en diagonal;
se le topan las torres, con sus anchos corredores;
entre sus dos escaques
corren tras él los rápidos caballos
y con engaño intentan capturarlo.
Aquí y allá, ante la esquinada amenaza,
hay un peón que avanza en su camino
por el campo enemigo donde lo enviaron.


Pero se salva de todos los peligros
y logra alcanzar la última línea.


¡Qué triunfante llega allí,
a la terrible línea del final!
¡De qué buen grado su propia muerte alcanza!


Porque allí el peón ha de morir,
era éste su único objetivo.
Por la reina, la que nos salvará,
por sacarla de su tumba,
vino a caer al hades del ajedrez.


                             (1894)

domingo, 20 de diciembre de 2015

sábado, 19 de diciembre de 2015

Alicia en el país de las conmemoraciones



Se han cumplido este año los 150 de la publicación de Alicia en el país de las maravillas, Alice in Wonderland, la historia de la niña ociosa y aburrida que no sabe qué hacer para matar el tiempo y del Conejo Blanco siempre mirando el reloj y diciendo lo tarde que es, llevado por la prisa. Es una novela de opuestos, de dualidades, de desdoblamientos (que se subrayarán en la secuela, A través del espejo). Así, la protagonista se pregunta: “¿Comen murciélagos los gatos?”, “¿Comen gatos los murciélagos?”. Y queda de manifiesto que no es lo mismo comer lo que se ve que ver lo que se come.
Alicia se da consejos y se ríe de sí misma, pues le gusta fingir que es dos personas al mismo tiempo, y en parte lo es, además, con esa elasticidad de su tamaño que la hace hermana o prima de Gulliver. Ella, por ejemplo, resbala y cae a lo que cree el mar, para darse cuenta al poco de que en realidad se trata de las lágrimas que ella misma vertió cuando había aumentado de tamaño. Esas escalas cambiantes están emparentadas con el absurdo: al cabo de un rato de estar entre animales, a Alicia le parece lo más natural hablar con ellos, “como si los hubiera conocido toda su vida”. A fin de cuentas, ¿qué es lo que salva a Alicia cuando la reina ordena que la decapiten? Que la niña dice Nonsense, absurdo, bobadas, pamplinas, paparruchas, tonterías… y la reina se queda callada.


Alicia Liddell retratada por Lewis Carroll

            Lewis Carroll (1832-1898) fue matemático y lógico. Estudiante brillante, fue becado por el colegio universitario donde había estudiado, el Christ Church College de Oxford, y luego continuó allí como profesor, siguiendo una carrera académica que, según las estrictas normas de la época, exigía no contraer matrimonio. En el colegio solo le estaba permitido el matrimonio al deán, que en tiempos de Carroll era Henry George Liddell, quien tenía tres hijas que habitaban en las habitaciones de este en el venerable edificio. Carroll (en realidad Charles Lutwidge Dodgson) no tuvo inconveniente en resignarse a la soltería, y su ánimo introvertido, seguramente impulsado por el tartamudeo que padecía, lo orientó hacia una vida de estudio, que dio como fruto varias obras de lógica y matemáticas que firmó con su propio nombre. El nombre hoy conocido en todo el mundo lo reservó para su obra de ficción, que surgió se puede decir que de manera fortuita. Veamos primero ese seudónimo, con el que ya juega con su nombre y los espejos.
            Cuando tuvo que elegir un nombre que figurara en la cubierta de Aventuras de Alicia en el país de las maravillas, Dodgson utilizó su nombre de pila, Charles Lutwidge y lo pasó a la que sería su forma en latín: Carolus Lutdovicus. A continuación, y en un recorrido inverso, invirtió el orden del nombre compuesto y ese resultante Lutdovicus Carolus, lo metamorfoseó, como un bumerán que vuelve, en el inglés Lewis Carroll. Pues bien, Carroll se hizo amigo de las hijas de Liddell, en particular de la mediana de ellas, Alice, y las frecuentó, haciéndolas partícipes de su pasión por la incipiente fotografía, en las que él fue una de las figuras más destacadas de aquella Inglaterra victoriana.
            No solo retrató a las niñas y a otros pequeños, sino también a adultos, como los señalados poetas Dante Gabriel Rossetti, su hermama Christina y Alfred Tennyson, o el pintor Millais y su familia. El 4 de julio de 1862, Carroll y un amigo dieron un paseo en barca, en compañía de las hermanas Liddell, por los alrededores de Oxford. Era una tarde calurosa, tranquila, aburrida incluso, y para entretener a las niñas Carroll empezó urdir un relato, lleno de elementos fantásticos.
            Tan entretenidas quedaron sus jóvenes acompañantes ante esa sucesión de aventuras que Alicia le pidió luego que las pusiera por escrito, que quería leerlas. Y así fue como, haciendo un ejercicio de memoria, pues la historia había sido improvisada, Carroll redactó el libro que hoy conocemos, que pasado un tiempo dio en ejemplar manuscrito, y con ilustraciones suyas, a su pequeña amiga. Algún adulto que lo vio quedó, valga la redundancia con el título, maravillado, e instó a su autor a que lo publicara, idea ante la que este fue al principio remiso. Solo cuando el hijo de ese amigo leyó la historia, y demostró un vivo interés, se animó Carroll a darla a la imprenta . Fue así como en 1865, y con ilustraciones de John Teniell, exitoso caricaturista de Punch, el libro fue publicado con gran éxito y ha alcanzado a día de hoy innumerables ediciones.
Alicia, como se disfruta de verdad, es de adulto: cuando, por ejemplo, se ha estudiado latín y sus declinaciones (así, el caso del vocativo al dirigirse a un ratón). Adultos que han recuperado a Carroll en sus obras son Borges, que le dedicó una prosa relacionada con ese ámbito que para él era tan real, el sueño; Eliot, que tomó de uno de los personajes el título de una colección de versos primeriza, Invenciones de la Liebre de Marzo, o (y esto lo sé bien, porque yo la traduje) la novelista sudafricana Ann Harries, que lo hace personaje de su novela El Coloso, junto con otros destacados escritores de la Inglaterra del XIX como John Ruskin, Oscar Wilde y Rudyard Kipling, autor de ese otro libro canónico de la literatura infantil que es El libro de la selva.
Este diciembre, 150 años después de su publicación, está siendo un mes muy benigno, de suaves temperaturas, seco. Naranjos hay que tienen incluso azahar, y todos en las calles de Sevilla, porque no veo que se haya recogido el fruto, están grávidos de naranjas, las naranjas que se exportan a Inglaterra para hacer con ellas la célebre mermelada de naranja. Pues bien, en Alicia en el País de las Maravillas hay una alusión a esta mermelada con sabor sevillano justo al comienzo de la obra. La naranja amarga (Citrus aurantium) le da un sabor especial a esta mermelada o compota, confeccionada, entre otras, con las recolectadas del arbolado público de la capital hispalense, y no sé si de la provincia.
Son muchas las referencias a la mermelada de naranja: por ejemplo, el 22 de julio de 1777, Samuel Johnson escribió a Margaret, la esposa de su fiel amigo James Boswell, para agradecerle el envío de un tarro de esta mermelada, ya anunciado en abril. Aparece en la Vida del doctor Johnson. En algún lugar se refiere que en el viaje que ambos realizaron a las Hébridas les fue servida en alguna casa escocesa, pero aunque he traducido el libro (próximo a salir en Pre-Textos) no recuerdo ahora el caso.
        Se lo he contado a los chicos del instituto de Peñaflor en un teatro rodeado de naranjos y cuyos troncos estaban encalados como una página de respeto de Alicia o de cualquier otro libro (que eso es la obra de Carroll: un monumento a la imaginación).


Rodeada de naranjos, la iglesia de Peñaflor (Sevilla), tras la charla de ayer a los chicos  de Secundaria


viernes, 18 de diciembre de 2015

Faros en lontananza




Stevenson, rodeado de los suyos, ante sus casa de Vailima


El número de diciembre de Cuadernos Hispanoamericanos incluye un poema mío sobre la poesía de R. L. Stevenson en el que cito, precisamente, a Álvaro Valverde, el poeta que figura en la portada y que concede una estupenda entrevista. Se puede leer el número en este enlace.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Heredaron el mundo





El final de la partida, de las ilusiones y los embelecos: de eso trata el nuevo libro de Diego Vaya (Sevilla, 1980), con el que ha obtenido el XIV Premio de Poesía Vicente Núñez. De la fantasía de que el crecimiento era eterno e irrevocable, de la burbuja bruja que nos estalló a todos en las narices. De la tragedia de muchos que han sufrido por la terrible crisis económica que no era del ladrillo únicamente. Con la épica necesaria sobre estos asuntos del dinero que ya supo entonar Pound. Los despojados, qué bien aparecen retratados antes del desastre en estos versos de "Oda a una generación":

Qué distinto era todo por entonces
cuando junio cantaba por sus cuerpos.
Porque un día crecieron
y heredaron el mundo.
A su lado Alejandro Magno, César y hasta Napoleón
parecían tres grandes perdedores.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Autores



Esos autores que se vigilan mutuamente desde rincones opuestos del ring sin nunca dar señales de vida al contrincante, digo al amigo de Facebook.

                                                 ***

Un escritor puede presentar con descuidos sus obras. Pero eso dejémoslo para Homero.

                                                ***

Muchos lectores abandonan libros porque estos han sido abandonados antes por sus autores.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Hoy




HOY

Hoy no he hecho nada en todo el día.
Salvo engañarme:

la oxidación seguía trabajando,
los castores de la grasa
taponando las arterias,
la vista en el vacío aminoraba
su pérdida veloz. Imperceptible,
tomaba posesión la caries
de aquello que asomaba en el bostezo.

Todo perseveraba en su función
como un soldado japonés
en una isla del Pacífico
al que solo le queda la obediencia
veinticinco años después de rendirse
su ejército:

un seppuku lento y sin sangre.

Jamás se pierde el tiempo: subterráneo,
excava galerías entre el plomo.
Aunque no lo veamos,
nos mina.

Intactos o mordidos,
los gajos pasan.
Aunque tú no mires su esfera,
el engranaje avanza hasta pararse.

Pereza de los labios y la mano,
hoy no he hecho nada en todo el día.
Salvo decirle
adiós a todo apenas sin palabras.

Hoy no he hecho nada en todo el día,
salvo estos versos para el polvo,
la muerte.

                                 (10-XII-15)

domingo, 13 de diciembre de 2015

sábado, 12 de diciembre de 2015

Serán ceniza




Pedro Sevilla (Arcos de la Frontera, 1959) es uno de esos excelentes poetas que porque no se prodigan en su proyección pública pasan por desgracia desapercibidos para la mayoría de lectores, incluso los habituales del género. Tampoco le va a ayudar para su difusión aparecer en una colección muy minoritaria, de escasa tirada, como es la Colección DKV de Poesía que dirige y cuida en Jerez de la Frontera José Mateos. Y sin embargo, él en toda su obra, y este libro en particular, merecen más lectores de los que las citadas circunstancias le procurarán seguramente. Cuánta buena poesía hay en Serán ceniza, esta novedad que nos trae el otoño: un libro sencillo, auténtico
     No es esta una reseña, sino una llamada de atención. "Burros en la medina de Fez" es un poema muy hermoso, como "Playa de Levante" o "Una flor en tus manos". Dejo aquí entero uno de estos poemas llenos de belleza:

PROPÓSITO

Portarme, ante el dolor, como ese almendro,
que herido por el hacha deja caer sus ramas,
donde no han de volver nunca los trinos.

Ser, como él, copa de luz,
fecunda espera,
paciencia milenaria
que sabe ha de tornar el sol de marzo
a florecerle el alma,
a llenar de perfume sus heridas.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Dulcamara


Esta tarde acompaño al poeta David González Lobo en la presentación de Dulcamara y otros poemas



martes, 8 de diciembre de 2015

La segunda vida de Hildur



Hace pocos años, uno se dedicó a la edición. Librero, escritor, traductor, lector siempre, debía de ser lo único que me quedaba por hacer en el mundo del libro (bibliotecario amateur lo fui en unas colonias infantiles, huelga decir que en época casi contemporánea de Gutenberg). Aquel sello que dirigí se llamaba premonitoriamente Paréntesis (eso fue, un paréntesis de casi cuatro años), y al poco se vio arrastrado por la crisis económica de la empresa editorial a la que pertenecía. Entre los primeros libros publicados estaba Hildur, una novela de Toni Montesinos que me llamó la atención por su tema (amor y muerte) y su ambientación (Islandia).
     Hildur quedó descatalogado, como el centenar de títulos que publicamos en tan corto tiempo. Me produce una gran satisfacción ver que ahora ha sido recuperado por la editorial Piel de Zapa. Se beneficia esta segunda edición de algunas opiniones sobre la novela, aparecidas en la estela de ella. "Una novela arriesgada, una experiencia insólita en nuestras letras", dijo José María Conget. "Espléndida técnica, estilística, estructural y argumentalmente. Los cuatro aspectos los domina el autor con maestría. Una obra densa, implacable, poética, que le mete al lector el personaje en las venas", opinó José Ángel Cilleruelo. Por último, José Balza declaró: "Leerla ha sido una experiencia de honduras: el fulgor y la felicidad conduciendo siempre al desamparo, la soledad, lo final. El resultado es poderoso, delicadamente aplastante."



lunes, 7 de diciembre de 2015

domingo, 6 de diciembre de 2015

sábado, 5 de diciembre de 2015

"Sueño", de John Fletcher





"Sleep" (John Fletcher 1579–1625)

Come sleep, and with thy sweet deceiving,
Lock me in delight awhile;
Let some pleasing dreams beguile
all my fancies. That from thence
there may steal an influence
All my powers of care bereaving.

Though but a shadow, but a sliding,
Let me know some little joy.
We that suffer long annoy 
Are contented with a thought
Through an idle fancy wrought:
Oh let my joys have some abiding.

SUEÑO

Acude, sueño, y con tu dulce engaño,
aherrójame en deleite por un rato;
que felices sueños engatusen
a mis quimera todas, y por ende
que pueda conseguir por su influencia
el cesar de mis cuitas.

Aunque sea entre sombras deslizándome,
concédeme un poco de dicha.
Quienes sufrimos penas prolongadas
nos contentamos con la sola idea
tejida en una ociosa fantasía:
¡que mis dichas posean un cobijo!


Traducción de Antonio Rivero Taravillo

viernes, 4 de diciembre de 2015

Orquesta de desaparecidos




Ya me gustaría a mí que tan estupendo título fuera mío, pero le pertenece, con todas las páginas memorables a las que presenta, a Francisco Javier Irazoki.
       Orquesta de desaparecidos es un libro de prosas de recuerdos, una suerte de Ocnos del Cántabrico que, al igual que el de Cernuda no se agotaba en Sevilla, este también da saltos a Madrid o París. Irazoki evoca, que es llamar del pasado, y lo hace con expresión cuidada y por lo general de una gran belleza. Se acuerda de escritores como Eloy Sánchez Rosillo, Fernando Aramburu, Leopoldo María Panero, Ramiro Pinilla, Gao Xingjian, pero también de músicos. Hay estampas maravillosas de la hermana, de las tierras vascongadas, de la inclemencia de las grandes ciudades y también de su capacidad de acogida. De la vesania terrorista en los años más duros del terrorismo de la ETA: "Para algunos, quizá el crimen político no pasó de ser una droga recreativa; una ebriedad de espirales y círculos que, en lugar de extender las percepciones, reducía los espacios mentales."
     "Ladrón de palabras" testimonia la obtención del tesoro más preciado para un escritor, en su caso mediante el hurto infantil de un diccionario. Escribe Irazoki que lo acometieron entonces malos sueños, y presenta plásticamente la vinculación onírica, bajo el peso de la culpa, de voces y acciones. Qué maravilloso este párrafo: "En otras pesadillas, el placer de descubrir la palabra tundra contenía la sombra de mis amigos atrapados en el hielo y en el musgo. Sus cuerpos rodaban por una ladera en el vocablo alud. O padecían sed cuando me alegré por el conocimiento de la vos estepa. Escribí frases cuyos significados se hundían si pensaba en los compañeros de escuela a los que privé del libro."

jueves, 3 de diciembre de 2015

Hamlet, pero no



Iluso que es uno, aún le sigue sorprendiendo que la gente tome sus traducciones, especialmente de poesía, y las reproduzca sin incluir el nombre del traductor. Es como si ante una buena representación teatral diéramos por sentado que Hamlet ha sido interpretado -¡aplausos!- por el príncipe de Dinamarca.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Salve, Barbarella





Casi mil páginas y algo más de un millar de cartas recoge este volumen de la correspondencia de Gabriele d’Annunzio (1863-1938) con su amante Elvira (Barbara) Leoni, una malcasada ávida del verdadero amor (como él, que había tenido con otra mujer unas nupcias de conveniencia). D’Annunzio fue un ser excesivo en casi todo; también en el amor, o por mejor decir pasión: tempestuosa, arrolladora, llena de cimas y de simas. A d’Annunzio no le basta despedirse con un “Tuyo”. Tiene que decirlo por triplicado, como una contrafigura de san Pedro y sus tres negaciones: “Tuyo, tuyo, tuyo.” Con triunvirato verbal, lo mismo dice: “¡Ah, bella, bella, bella!” Escribe con la velocidad que se le supone al abanderado del futurismo, raudamente, y cuando le cuenta al objeto de sus zozobras y delectaciones cómo lleva un libro le anuncia que prevé la escritura de cien páginas en menos de una semana.
El escritor, militar a la sazón, tiene que hacer frente a guardias, arrestos, imprevistos que le impiden abandonar el regimiento e ir el encuentro con la amada; pero cuando se unen –ah, amigo cuando se unen, y digo esto en plan decimonónico, como lo son estos billetes, misivas, epístolas fechados entre 1887 y 1895, con una última carta rezagada de 1907– cómo vibra. Las ondas de ese diapasón aún vibran en estas páginas. También en algunos casos tenemos las cartas de Barbara.
Él firma las más de las suyas como Ariel, una forma apocopada de su nombre, o magnificada, según se mire, porque así se llama el espíritu aéreo de La tempestad, el último drama de Shakespeare. En un libro suyo, Crónicas romanas y autorretrato, cuenta la visita al Cementerio Inglés, donde están las tumbas de Shelley y de Keats. En una de las cartas también refiere la belleza del lugar, y en otra se hace eco del Endimión del segundo: ese a thing of beauty is a joy for ever; en otro lugar se acuerda de La Belle Dame sans merci. Amelia Pérez de Villar ha traducido, introducido y anotado el epistolario para Fórcola, desvelando sus referencias, fijando el contexto de esta relación amorosa. No dejaría nunca de escribirte es el título. Pero las cartas cesaron, con la ruptura, como lo encendido busca la aliteración con las cenizas.
A ratos empalaga, satura este amor tan reiterativo. Y sin embargo, pocas veces tiene uno ocasión de asistir, tan al desnudo, al corazón de un autor de genio, uno de los mayores escritores italianos del siglo XX, que ya daba excelentes frutos en las postrimerías de la centuria anterior. 

martes, 1 de diciembre de 2015

El último día de Terranova



Este miércoles tendré el placer de hablar con Manuel Rivas de su más reciente novela, El último día de Terranova, que, para que el placer sea aún mayor, trata de una librería...