viernes, 8 de enero de 2016

Aventuras y desventuras de un editor





La revista Texturas, a punto de cumplir su décimo aniversario, publica como acostumbra un ramillete de escritos sobre el mundo editorial desde muy diferentes perspectivas. En el número 28 recoge unas breves pero enjundiosas memorias de Josep Janés i Olivé (1913-1959): "Aventuras y desventuras de un editor". Es impagable el sucedido que se abre con esta confesión (pág. 13): "Uno de los primeros problemas que se plantearon, un problema que es vital para un editor, y que yo creo que todavía no he acertado a resolver completamente, es el de saber decir "No"". Nadie se inquiete: no (yo si lo digo) voy a destripar aquí esa historia de uno de tantos ofuscados por el deseo de hacer carrera literaria, que merece ser leída en la revista (hay versión digital disponible), pero sí reproduciré lo que cuenta Janés de un colega en circunstancias parecidas a las suyas:

"Yo tenía entonces veinte años, y desconocía una anécdota de Bernard Grasset, el gran editor francés, que de haberla conocido quizá me hubiese sido muy útil. Cuando fundó su editorial, Grasset  era un adolescente de rostro sumamente infantil. Convencido de que ni por su edad ni por sus facciones inspiraba demasiado respeto, siempre que recibía la visita de algún desconocido se hacía pasar por su propio secretario, y decía inevitablemente al visitante: "El señor Grasset está ausente, pero yo soy su secretario y puede exponerme sus asuntos con la misma confianz que si se hallase delante del propio señor Grasset.""

Copiando esto he recordado, aunque el ámbito no tenía nada que ver con el editorial, la respuesta, quizá mixtificada por el paso del tiempo, que un amigo de juventud dio por teléfono a un pelmazo que lo llamaba y que reconoció su voz al descolgar: "No, Sergio no está. Soy mi hermano Humberto".

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