domingo, 3 de enero de 2016

Chisporroteo de asombros





Se diría que al haiku, esa estructura minúscula, ese triángulo de breves lados, le queda grande el número cien, pero el caso es que en La enredadera, este libro que hoy comento, con cuatrocientos o quinientos haikus, la magnitud no asfixia la delicadez, no la ahoga. Susana Benet ofrece aquí un continuo chisporroteo de asombros, traídos desde sus anteriores libros para conformar una colección preciosa.
     Quizá sea el haiku, y qué mejores que estos, una pequeña llave de la cerradura que abre el cofre de la poesía para aquellos a los que asusta el oro y creen que no están hechas para ellos las joyas. En el haiku hay belleza, intensidad, pensamiento, prodigio, emoción. Al lector habitual de prosa le vendría bien, como estímulo o alfileretazo, enfrentarse a estos poemitas, en los que hay sentimiento, sí, pero sobre todo maravilla y prodigios. En la lectura de uno hay más vitamina para la vista, para la visión aguzada, que en varias toneladas de zanahorias. Ver es el preámbulo del decir, su antecedente necesario. Qué bien observa Benet:

Confundo pájaros
con hojas. ¿No será
que empiezo a ver?

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