domingo, 10 de enero de 2016

La sequedad en la poesía



Hay una poesía exuberante, barroca, que casi todo lo fía a la suntuosidad de las palabras, al discurso alambicado o muy formalista, y otra -sin eludir la posibilidad de que existan otras entre ambas- que avanza replegada, cortante, escueta, mutilada incluso. A este tipo de poesía desnuda pertenece la de José de María Romero Barea, quien acaba de publicar en la editorial Alfar un mínimo de racionalidad / un máximo de esperanza. Le preocupan a Romero Barea el sinsentido, las brasas, los fragmentos. En una conversación con Juan Soros que se ofrece como epílogo, el poeta recuerda un dictamen del autor de Piedra de sol muy pertinente para entender su propia obra: "Escribir es corregir, suprimir. Algo más que añadir palabras, que ponerlas una detrás de otra. Octavio Paz dice que "la poesía debe ser un poco seca para que arda bien, y de este modo iluminarnos y calentarnos". Es lo que yo he intentado con este libro: "arde y hacer arder".




Lo breve, lo conciso, no excluye la emoción. Así, el poema xv de la segunda parte, ese un máximo de esperanza, que deja, como el sorbo que nunca empachará, ganas de más, en pequeñas dosis:

Cincuenta pájaros
dice

Eso y un mirlo

Negro sobre negro
Negro sobre verde

Me iluminó
dice

Y yo me siento
mientras lo dice
como si me estuviera mirando
desde esa rama