lunes, 11 de enero de 2016

Poetas, editores y agentes




Dejaba aquí hace poco parte de una entrevista con Manuel Borrás publicada en Turia, y unos recuerdos de Josep Janés aparecidos en Texturas. En la London Review of Books leía asimismo recientemente el comentario de Iain Sinclair sobre la correspondencia entre Ferlighetti y Ginsberg (más los cuadernos de viaje del primero, escritos a lo largo de cincuenta años). Me entero allí de que el editor de City Lights también, cómo no, tuvo que rechazar libros, sin ir más lejos Mexico City Blues de Jack Kerouac, a pesar de los ruegos de Ginsberg. A este lo perdió como autor muy al principio de su carrera. En 1983, Ginsberg le escribió diciéndole que había contratado los servicios del agente Andrew Wylie, el famoso Chacal, "para reconstruir mi vida editorial y conseguir un editor en Nueva York". Gregory Corso, otro de los beats, y un delincuente que saqueaba regularmente la caja registradora de la librería City Lights, en San Francisco, da su opinión sobre esto de que un poeta tenga agente en "The Poet Talking to Himself in the Mirror" un poema rescatado por Sinclair en su texto. Lo traduzco:

EL POETA SE HABLA A SÍ MISMO ANTE EL ESPEJO

Pues yo no voy a tener agente
no veo que los poetas tengan que tener agentes
aunque Ginsy, Ferl tienen uno
y gracias a ellos ganan un pastón
y también fama
¿Debería yo tener un agente?
          ¡Uf!
Qué va, Gregory, ¡¡¡tú quédate
          junto al poema!!!




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