viernes, 19 de febrero de 2016

Recuerdo de Eduardo Chirinos




Estoy muy apenado por la muerte del poeta peruano Eduardo Chirinos. Deja una obra magnífica y el recuerdo de una personalidad cordial, amable, que se daba a querer enseguida con expansión franca y, quizá por causa de la enfermedad, un poso de tristeza que no le empañaba la sonrisa. Fue entrañable amigo de la infancia, y hasta ayer, de Fernando Iwasaki, que nos presentó en Sevilla. Luego coincidimos en la FIL de Guadalajara y para mí fue un orgullo que colaborara en Estación Poesía con este poema:


MI SOMBRA Y YO

MI SOMBRA recorre la calle una y otra
vez sombra le digo ¿no te cansas de
recorrer la misma calle? No, me dice
y mira el sol con sus anteojos oscuros.
A veces mi sombra se adelanta unos
pasos, decide en qué esquina debo do-
blar, advierte las ramas puntiagudas
de los árboles, los jardines donde ladran
los perros. Si me ve confundido silba
una canción, si me ve desorientado
me ofrece su mano para cruzar la calle.
Toma esta cuerda y sube, ordena mi
sombra. Yo la obedezco y subo hacia no
sé dónde. Una vez arriba me dice que
espere. Y yo la espero sin saber por qué.

1 comentario:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Una vez leí que la sombra del avión es más rápida que el avión.

Parece una tontada, pero piénsese:

El avión va en línea recta. La sombra, en cambio, se proyecta sobre el suelo, que es irregular y lleno de curvas.

Por eso, la sombra recorre mucho más espacio: más metros, más kilómetros, que el avión.

Pero el avión y su sombra salieron a la vez (de un aeropuerto) y llegan a la vez (a otro aeropuerto).

Si la velocidad se calcula atendiendo a la distancia recorrida en un determinado tiempo, y la sombra recorrió más distancia que el avión en el mismo tiempo, ¿quién se movió más deprisa?

(Dejo espacio para responder: _____________)