lunes, 30 de mayo de 2016

El barón estoico de Pessoa, y un paseo por Cirlot





Manuel Moya, tan cerca de la linde de Portugal, viene trasladando a nuestro idioma la obra inabarcable de Fernando Pessoa. Pero no solo la poética, sino también la escrita en prosa, como es La educación del estoico, que se presenta como el único manuscrito del apócrifo Barón de Teive. Como en el resto de las obras del portugués, hay aquí pensamientos agudos, observaciones que obligan al subrayado. 
    El barón este declara en la segunda página de su manuscrito algo que me ha recordado a Juan Eduardo Cirlot. Sucede además que Moya me puso en contacto con Mercè Romaní, una joven -entonces- que conoció a Cirlot en 1971 en la editorial Gustavo Gili. Cirlot, pese a una insaciable sed de creer que le era amputada diariamente por su nihilismo, quizá habría firmado esto del aristócrata luso que tiene más guasa de lo que parece habida cuenta de que, aunque en 1928, ya tenía la electricidad visos de ser cierta:

"Pertenezco a una generación -suponiendo que tal generación la formen más personas que yo- que ha perdido por igual la fe en los dioses de las religiones antiguas y la fe en los dioses de las religiones modernas. No puedo aceptar a Jehová, ni a la humanidad. Cristo y el progreso son para mí mitos del mismo mundo. No creo en la Virgen María ni en la electricidad."