jueves, 19 de mayo de 2016

"El que hiere de lejos"




José Tono Martínez es un superviviente de la movida madrileña, director de aquella revista señalada, La Luna, y poliartífice de escrituras y acciones culturales. El que hiere de lejos es su cuarto libro de poemas, y en él caben desde las composiciones dedicadas a sus hijas a otras dedicadas a Madrid o Buenos Aires pero principalmente, como el primer poema y el último indican, al joven que fue, ese heridor en la distancia ante el cual se siente responsable. Como escribe Jaume Pont en su prólogo, "lo único que queda, entre la vorágine del tiempo y sus despojos, es la herida permanente de la poesía, la señal imperecedera de la flecha de Apolo". El poeta pone en la balanza lo realizado con la confianza de esquivar aquello que José Emilio Pacheco escribió en la enormidad de solo dos versos que se van pasando como testigo de zozobra las generaciones: "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años." 
     Martínez emplea un verso que por lo general se desentiende del ritmo aunque, curiosamente, emplee a menudo rimas (quizá hubiera sido preferible un poco más de lo primero y menos de lo segundo). Ello no estorba el disfrute de muchos de estos poemas, como "En casa del poeta colaboracionista". Quién esté detrás de esos versos es lo de menos, lo importante es la verdad moral que estos elevan. En su tramo central:

Por fin, sin recato, con benevolencia de prócer,
nos muestras aquellas primeras ediciones
y antologías que te relegaron,
las revistas prohibidas que compraste en almoneda,
los finos encargos e incitaciones al saqueo
de todo aquello que te estuvo justamente vedado
pero que el dinero hoy compra.
No te acuso de delator ni menos de ejecutor
porque eras demasiado fino
e importabas colonia inglesa
cuando aquí faltaba leche.

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