martes, 10 de mayo de 2016

Tiempo de Antonio Deltoro






En edición de Juan Carlos Abril, quien incluye un estudio detallado, y publicada por Visor, apareció a finales de 2015 la Poesía reunida (1979-2014) del poeta mexicano Antonio Deltoro. Como Tomás Segovia, como José de la Colina, como muchos otros, Deltoro es de los escritores españoles que abandonaron España tras la Guerra Civil o, de la generaciones siguientes, son hijos de los que se vieron forzados a hacerlo. Él nació en la Ciudad de México en 1947, y treinta y dos años después publicaba su primer libro de poesía, Algarabía inorgánica. Luego han venido, espaciadamente como se ve por las fechas, ¿Hacia dónde es aquí? (1984), Los días descalzos (1992), Balanza de sombras (1997), El quieto (2008) y Los árboles que poblarán el Ártico (2012). A lo anterior se suman, en este volumen, quince poemas inéditos de un libro próximo.
     Junto a otras virtudes generales, para todos, en lo particular la poesía de Deltoro me traslada a mí a un país que amo y que por ello me exaspera: jacarandas, zopilotes, lugares de la Ciudad de México (esa glorieta Citlaltépetl junto a la que viví unos días) y las palabras que allí designan de forma diferente realidades cotidianas (alberca por piscina, banqueta por acera) me han hecho sentirme de nuevo en aquella tierra por obra y gracia de esta poesía que, aunque muy definidamente mexicana, no es localista. El poema "Chilangos" no solo habla de los capitalinos, también lo hace, o puede hacerlo, de los habitantes enervados de cualquier gran ciudad, aunque no sea el monstruosamente enorme DF. 
     Pero dejo el espacio y voy al tiempo, que es el tema de dos de los poemas mejores de Deltoro. El primero es "Departamento". En él, el sujeto del poema lee libros de la biblioteca paterna, sobre la mesa familiar. Y cuenta con versos como estos:

Vivo en un departamento en el que vivieron los míos;
todo está tocado aquí, incluso lo nuevo,
todo me recuerda que es un hábito del tiempo la muerte:
por su larguísimo pasillo pasan, como por un puente,
su inexistencia y mi vida enlazadas.

El tema del tiempo, sin embargo, adquiere su mayor plasticidad en  este otro poema del mismo libro, Balanza de sombras, al que ofrece su título:

A ambos lados de las doce,
del punto cero de las sombras,
las sombras equidistantes y enemigas
de la mañana y la tarde,
simétricas como la cosa y su imagen,
distintas y gemelas, 
una al poniente del objeto, 
otra al oriente,
la una fresca, la otra tocada por la muerte,
dibujan los dos brazos
de una balanza de sombras.

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