sábado, 4 de junio de 2016

Despedida de soltero



A diferencias de los penosos rebaños que empañan la belleza de las ciudades hermosas en las despedidas de soltero, Víctor Peña Dacosta ha querido hacer algo especial, ya que él puede: escribir una colección de poemas sobre el tránsito a la condición de hombre casado. Siguiendo su línea fresca y hasta frescales, ha reunido en Diario de un puretas recién casado (diálogo con JRJ y también con Juaristi) catorce poemas de regular extensión en los que prima la ironía, el desenfado, la broma, el baile agarrado con la tradición y la danza descocada, también, con la misma. Todo ello, con un fondo reflexivo, que saca buena partida del paso del tiempo. Suele brillar en los finales de los poemas con sorpresas y quiebros, y aunque cierto realismo sucio, deliberadamente de niñato a veces, no sea the cup of tea de todo el mundo, composiciones como "Pálido reflejo", "Primeras nupcias", "García casado" o el que comparte título con el cuaderno son poemas felices, en los que brilla la capacidad expresiva del autor. 
     Del segundo de los citados son estos versos, toda una declaración de intenciones a la mujer con la que se  case (circunstancia que en la vida real, porque hay que recordar que el poema es siempre otro ámbito, se ha producido hace pocas semanas):

Prometo traerle flores de vez en cuando,
acordarme alguna vez de alguna fecha,
no meter cosas sin tapar en la nevera
y aprender la indescifrable mecánica
con la que se desenvuelven
las emociones y los edredones nórdicos.