domingo, 5 de junio de 2016

"El azar y viceversa"




Cuando uno comienza la lectura de un libro de Felipe Benítez Reyes, sea del género que sea, ya conoce las reglas de la casa: inteligencia, ironía, ilusionismos, perplejidades, fantasmagorías. De todo eso hay en su novela largamente gestada El azar y viceversa, pero en un grado superlativo, más una reconstrucción espléndida de ambientes, lugares, tics generacionales, que sin caer en costumbrismo trazan un fresco de unas décadas que, en el caso de muchos, se confunden con las de la infancia y la juventud propias, lustro arriba o abajo.
      No es fácil hablar de un libro en el que todas sus páginas son espléndidas, ni tampoco hay que caer en el ditirambo porque El azar y viceversa no lo necesita, pero qué historia, tan verosímil por otra parte, la del protagonista, y qué galería de secundarios: Fiti, el Tunecino, Bakunin, el diputado autonómico Romero, el sij Ripaldi... En Rota, Cádiz y Sevilla, la novela brilla con un lenguaje no ya ingenioso, sino genial: culto (ahí está la presencia constante del diccionario de Covarrubias), popular, acanallado, siempre con momentos felices y frases dignas de figurar, las firme el protagonista o el autor, en una antología del aforismo y, pues asistimos al desplegarse de una vida vivísima, de orientaciones para conducirse por esta. 
     Que tiene mucho de la españolísima novela picaresca es obvio (incluso algún homenaje cervantino, por ejemplo el episodio del ventero y el coche), pero Benítez Reyes ha hecho aquí literatura a secas, rompiendo las costuras de los géneros. Es más que posible que le lluevan los premios y los reconocimientos, y todo ello estará justificado. Créanme: no se publican narraciones como esta todos los años.

2 comentarios:

Manuel Machuca dijo...

Coincido. Una magnífica novela.

Víctor Pérez dijo...

Con esa reseña, ¿quién se la puede perder?