jueves, 2 de junio de 2016

Los murciélagos




        LOS MURCIÉLAGOS

Cada uno, en su ceguera,
ha visto más portentos
que el sol:

alzarse las campanas en la torre
también alzada
achicando los ámbitos aéreos
y aupada como un niño sobre el padre
que fue hijo suyo,

un obstáculo, un eco
sentido sin tocar o contemplado
por un sentido que la lengua nombra
dificultosamente;

también ha visto
crecer el caserío de tinieblas,
horas hechas a la escala
del hombre;

el silencio del muecín.

Giran, regresan,
y guardan la memoria de otra forma
en un cielo más amplio:

el minarete.

Royendo nubes,
dejan caer migajas de rocío
en el mantel de cuadros de las calles
que los miran partir cada mañana,

no migratorias aves,
no pájaros:
las fijaciones negras
de viejas pesadillas.

Circunvalan la piedra,
evitan las paredes cortejándolas
lo mismo que quien baila con un muerto.
Obstinadas membranas rememoran
un circuito de noches repetidas.

Eternos en lo breve, perpetúan,
el individuo no, sino la especie,
un vértigo y vestigio
de lo futuro y bajo.

Al tribunal supremo de la luna
acuden y en sesiones levantadas
dirimen largos pleitos con las aves.

El aire sin aristas se les duele
de su miembro amputado,
el volumen del vuelo ya imposible.

La arquitectura, sin embargo, canta
fundiendo tradiciones e instrumentos
en un coro que danza, como ellos,
giróvagos en torno a la alta torre
–ese tallo crecido–,
tornasombrados.

2 comentarios:

Manuel Gago Fornells dijo...

En mi pueblo le dicen panarrias, cada vez hay menos será lo de siempre. Me ha encantado.

Víctor Pérez dijo...

Me has hecho buscar lo de giróvagos, interesante etimología y su aplicación actual al movimiento repetitivo de los derviches.

Buen poema.