martes, 28 de junio de 2016

"Un instrumento musical"




¿A qué se dedicaba, el gran dios Pan,
en medio de los juncos junto al río?
Pues a esparcir la ruina y maldiciones,
chapotear con pezuñas de cabra
y romper lirios áureos que flotaban
allí con la libélula en el río.

Un junco le arrancó, el gran dios Pan,
al lecho frío y hondo de aquel río;
el agua transparente corrió turbia,
y los lirios partidos se murieron,
y marchó para siempre la libélula,
aun antes de sacarlo de aquel río.

Se sentó en la ribera el gran dios Pan
en tanto que fluía turbio el río;
acuchilló y talló como un gran dios,
con su acero feroz, al pobre junco,
y no quedó ni rastro de la hoja
que mostrara su origen en el río.

Dejándolo muy corto, el gran dios Pan
(¡qué alto que se alzaba sobre el río!),
igual que el corazón de un hombre extrajo,
por el anillo externo, su meollo,
y a la cosa seca y hueca hizo muescas
y agujeros sentado junto al río.

“Así, así”, reía el gran dios Pan
(reía allí sentado junto al río)
“así es desde el inicio de los dioses
como lograr podemos dulce música.”
Y besando su boca un agujero
sopló con energía junto al río.

¡Qué dulce, dulce música, oh dios Pan!
¡Qué dulce conmoción en torno al río!
¡Dulce hasta cegar, oh gran dios Pan!
De morir se olvidó sobre la loma
el sol, mientras los lirios revivieron,
de vuelta la libélula en el río.

Mas casi una bestia es el gran dios Pan,
allí sentado riendo junto al río,
a un hombre convirtiéndolo en poeta;
qué precio, qué dolor, los dioses lloran
por el junco que ya no crecerá,
un junco entre los juncos junto al río.


(Mi traducción de “Un instrumento musical” de Elizabeth Barrett Browning, uno de los poemas líricos mejores y más vivificantes de la lengua inglesa, según Harold Bloom).



Elizabeth Barrett Browning

2 comentarios:

Ana Maria Reviriego dijo...

Sugerente, comienzo de la ira, comienzo de la destrucción, comienzo de la vida artesanal, comienzo de la causalidad, comienzo del humor y de la risa, comienzo de la música, comienzo del abuso de los Dioses...

Isabel Marina dijo...

Es increíble este poema, alucinante, Antonio.