sábado, 3 de septiembre de 2016

Corteza de abedul





Ha habido que esperar seis años a que Antonio Cabrera publicara un nuevo libro de poemas, después de Piedras al agua. Ya antes había publicado En la estación perpetua (Premio Loewe, 2000 y Premio Nacional de la Crítica), Tierra en el cielo (2001) y Con el aire (Premio Ciudad de Melilla, 2004). Su obra fue antologada no hace mucho en Montaña al sudoeste, en la colección "de las rayas" de Renacimiento y con prólogo de Josep M. Rodríguez.
     Corteza de abedul es un hermoso libro, en el que la reflexión no es árida sino cordial y traída por la contemplación del mundo. En este sentido, es muy pertinente la cita de Théophile Gautier situada  en la jamba del volumen y que no requiere traducción: Je suis un homme pour qui le monde extérieur existe.
     Citar todos los poemas destacables de Corteza de abedul sería una tarea parecida a la de elaborar su índice. Con todo, cómo no fijar la atención en unos cuantos. Así, "Palmera solitaria": "Ahí la tienes. // Más segura que tú, que balbuceas / delante de su aplomo." Esa observación vegetal, con el tiempo cíclico de la naturaleza en el que se enreda el instante del hombre, al que a la postre se le apela con dos imperativos, tiene un nexo con el bellísimo "Los espinos" de Cernuda.  Especialmente en la última estrofa, Cabrera recuerda al poeta sevillano: "Tú aún no lo eres / pero el paisaje sí, él ya le es fiel / y da un paso de luz retrocediendo en torno. / Pon distancia también para estar dentro. / Contémplala, respira."
     Lo vegetal es una constante, y en el minimalismo de "Estudio de albaricoques en un plato" se presenta así de deslumbrante: "Fruta, tierna verdad, / verdad abrupta, // con qué silencio cae / sobre ti / esta exigente afirmación, // la luz del día." También lo animal se adentra en la espesura, como en "Evocación del marjal": "...Y el cormorán en vuelo / el golpe de sus alas impulsaba la aurora- / era la diurna lealtad. Qué suerte / haber estado allí. No atentido: atendiendo."
     Antonio Cabrera dedica muchos poemas a amigos, deja manar una cordialidad que es acorde, sintonía. Aunque gaditano de Medina Sidonia (1958), es uno de los poetas que en la región valenciana llevan años haciendo una obra sosegada, pensativa, que presta atención a la naturaleza. Francisco Brines es el maestro, pero alrededor de él qué poesía tan maravillosa la del último Vicente Gallego o la de este autor de Corteza de abedul, que nos deja cavilosos y con los ojos abiertos, que como el granado en flor de uno de sus poemas "Vive para la pulcritud y la entereza, pero no busca aleccionar."

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