lunes, 19 de septiembre de 2016

Hojas retoñadas




La palabra hojarasca alude a una masa informe de hojas desprendidas, muertas. Pero este libro póstumo de José Luis Parra (Madrid, 1944-Valencia, 2012) está lleno de vida, aunque sea una vida otoñal, que sabe que se apaga. Seleccionados por Susana Benet de los aproximadamente 500 haikus que escribió Parra, vienen a completar cabalmente la imagen de un poeta del que aún queda algún inédito: Estación Poesía publicará en su número 9, de invierno, uno espléndido gracias a los buenos oficios de la propia Benet. El libro incluye, además, una cuarentena larga de poemas breves, más o menos con la forma de la tanka.
     Agudo observador, Parra sabía capturar la magia de lo cotidiano, así fuera en una calle o en casa o el bar (donde llegó a pasar muchas horas que quedan aquí fijadas en no pocos de estos versos). Ya en la primera página, este pequeño milagro sorprendido:

En el mercado,
revuelta con la compra
luz regalada.

Lo transitorio de todo, como esa hojas del título que lucieron lozanas en los árboles y ya son materia para el rastrillo o el escobón  cuando no para la incuria de la descomposición, muestra su fea cara en este otro haiku:

¡Qué bello día!
Pero no se detiene
aquí, hoy, ahora.

La amargura es un destilado que Parra bebía a grandes dosis, y se nota en muchas de las composiciones, donde el beber no es un reino sino un exilio, o donde la aparente salvación es en realidad una amenaza:

No huyas, conejo.
Tiene tu madriguera
boca de hurón.

No obstante, hay refugios: el amor y una ternura que atemperan la acritud de otros momentos. Cierro esta breve nota, que quisiera ser una recomendación de lectura, con una tanka muy hermosa:

Marco tu número
con dedos ateridos.
Es muy temprano.
¡Qué cálidos de pronto
al entrar en tu sueño.

Como se ve, con su tensión con esa cernudiana lucha entre realidad y deseo, está muy en la línea de lo que sugiere el título de su imprescindible antología en la misma editorial Renacimiento: Cimas y abismos (2012).