martes, 20 de septiembre de 2016

Relatos turbadores





Relatos, que no historias, las de este libro, porque para que alcancen esa condición de lo turbador, el efecto desasosegante, es importante no solo el suceso en sí sino sobre todo la manera de contarlo, de relatarlo: la elección de palabras, modos, elipsis, que un buen narrador ha de emplear para conseguir la justa temperatura y cocción de una materia prima que, sí, ha de ser buena en origen pero puede malograrse con una manipulación indebida.
     Valeria Correa Fiz debuta en el género con La condición animal (Páginas de Espuma), pero no es bisoña: hay mucha sabiduría narrativa aquí, del primer cuento al último. No importa que en aquel, "Una casa en las afueras" se produzca una inverosímil aparición de "una rubia oxigenada" porque la sorpresa está en otra cosa; no importa que en este, "Criaturas", haya un argumento de fondo, una situación, que recuerda a Los pájaros (más que a la película, a la novela corte de Daphne du Maurier que la inspira), pues lo sustantivo es otra cosa. Bellísimo, delicado y de maquinaria de reloj suizo -copiada en el Japón- es "Las invasiones". Breve, desvaído, adivinado como uno de los acertijos anglosajones del Libro de Exeter que gustaban a Borges, "El mensajero".
     Una voz interior que toma las riendas de la vida de un protagonista, diferentes pulsiones que van de la violencia al sexo.  Todo ello con el común denominador del mundo animal, que es decir bajo el imperio de los instintos. De lo salvaje e indómito. Y problemas de identidad, que esto es patrimonio único de los humanos salvo en esos casos de cachorros huérfanos a los que cría una madre postiza para congratulación de los que asisten como espectadores del milagro en un vídeo.
     Correa Fiz se fija en el envés de las cosas, en las grietas que se abren en lo ordinario, y presenta sus invenciones con un lenguaje preciso y a la vez sugerente que gana acaso con sus argentinismos. Analizar estos relatos es tarea de críticos; un lector que comenta no debe más que resaltar su calidad y compartir -aquí lo hago- el descubrimiento.