miércoles, 5 de octubre de 2016

Caprichos de Ángel Mora Casado




Trata uno de ir dando aquí impresión de sus lecturas, en las que hay de todo, pero no todo cabe en esta página. Y lo hace de manera libre, sin más autoimposición que la de la verdad (aunque esta no sea más que un reflejo subjetivo) y la de tratar de difundir, junto a voces más conocidas, otras que aún esperan sus lectores. 
     Caprichos de solitario del algecireño de adopción Ángel Mora Casado (1951) no es un libro que innove, pero está escrito con honradez y pulcritud, con formas variadas entre las que incluyen algunas muy frecuentadas en la actualidad, como el haiku, y otras más raras como la lira o las construcciones octosilábicas. Hay aquí un almanaque con los meses del año, adivinanzas, composiciones sobre la poesía, ensoñaciones y luces crepusculares. "Canto, porque nadie puede oponerse a su destino / y el mío fue ser poeta raso", escribe con humildad. Pero a veces no es tan raso como la captatio benevolentiae declara:
     Una muestra del buen hacer de Mora Casado, este poema:

DURAS Y A VECES TANTAS

Duras, y a veces tantas,
la noche lenta sus horas desgrana.
Te acuestas. Te levantas.
¿Qué buscas? Con desgana
te asomas taciturno a la ventana.

Es tarde. Todo es ido.
Contemplas la ciudad deshabitada.
Suspiras compungido.
Silencio. Nadie. Nada.
Brilla la escarcha igual que tu mirada.

La soledad no besa.
No habla. Te observa carilarga.
El el pecho te pesa
y en la boca te amarga.
La soledad es una espera larga.

Piensas, crees, te dices, 
que el tiempo es un rumor de caracolas.
Mas pronto te desdices,
y roto entre las olas
cruzas la mar como una barca a solas...