jueves, 27 de octubre de 2016

Rayos y centellas



El otro día escribí siete poemas, uno detrás de otro. Bien sé que esto, en vez de motivo de orgullo, es como confesar que uno ha cometido los siete pecados capitales.

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Las mejores erratas son las que se cuelan en las propias fes de erratas. Son, por así decir, su aristocracia.

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Tres veces he visto en directo a Bob Dylan. Tampoco quiso hablar conmigo ninguna de ellas.

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Oír los pasos propios por la calle. Eso sí que asusta en una ciudad que ha sido tomada por el ruido. De repente es uno un fantasma.

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