domingo, 23 de octubre de 2016

Una novela universal





En Patria, Fernando Aramburu ha conseguido esa cosa tan difícil que es adentrase a fondo en una sociedad concreta para abordar temas universales como la culpa, la memoria, la traición, la fatuidad del mal, y ello desde una construcción narrativa impecable y muy poderosa en la que el lenguaje es a su vez voz protagonista, modulación que arrastra con una capacidad hipnótica de muy singular capacidad y efecto.
     125 capítulos integran la larga novela en la que con saltos en el tiempo y cambios de escenario y protagonistas se disecciona un asesinato de ETA. En solo el ámbito de dos familias, Aramburu ha conseguido hallar todo el dramatis personae del mundo cerrado, claustrofóbico, que ha sido y en parte todavía es la sociedad vasca. Personajes ricos en matices, que evolucionan; es decir, vivos. Con problemáticas distintas, representativos de circunstancias y sentires diferentes, pero con la individualidad necesaria. No despacha maniqueísmos de garrafa, no ahorra durezas allá donde se producen.
      Ya al final del libro, así se nos describe al etarra preso en un párrafo que muestra varios de los recursos de Aramburu, con esos adjetivos o verbos unidos por barras como para matizar o amplificar, y esas preguntas que no se sabe de dónde vienen, como si hubiera un diálogo entre lector y narrador, más esos coloquialismos que hacen pensar en infiltraciones del estilo directo, del personaje que se mimetiza con el discurso narrativo, o viceversa:

"Parecía tranquilo, pero la suya era la tranquilidad del árbol caído. Su soledad deliberada, la de un hombre cada día más cansado. Y tanto como cansado, escamado. Sus cavilaciones, las de una conciena en la que poco a poco habían dejado de resonar consignas, argumentos, toda esa chatarrería verbal/sentimental con la que durante largos años él había oscurecido su identiad íntima. ¿Y cuál era esa verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado. ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada. Después de tanta sangre, ni socialismo, ni independencia. ni pollas en vinagre. Abrigaba la firme convicción de haber sido víctima de una estafa."

Esto no es una crítica de Patria. Es su entusiasta recomendación.