miércoles, 21 de diciembre de 2016

Camino ascendente







Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, 1973) acaba de publicar Los refugios que olvidamos, continuando con él una racha de intensa creación poética que en el último lustro ha cuajado en un libro por año. Tengo para mí que a su obra (como a cualquiera, por otra parte) le convendría un poco más de contención, una depuración de los poemas y un trabajo más consciente de la dicción, por más que siempre sea difícil el equilibrio entre la norma prosódica y las licencias necesarias para que los versos no se conviertan en maquinal monotonía. Pero igual que digo eso, reconozco que la poesía de Cárdenas va en ascenso, y he apreciado aquí una evolución, una mayor exigencia. Ceniza, melancolía, fracaso, son términos que aparecen en estos versos por los que rondan, también, el pesimismo y la incomunicación. En "La muerte a plazos":

Hoy la noche se acerca muy despacio;
inmenso buitre, tira del silencio
rival. Tras una esquina alguien respira,
y, tras esa, otra apenas si le escucha.

En "Fin de etapa", poema con el que finaliza Los refugios que olvidamos, Cárdenas parace situarse en una encrucijada, con la conciencia de emprender nuevo camino:

Ya desde por la mañana se entiende
lejos de todo, cerca del abismo,
muy cerca del temblor, de los sollozos.

Insiste en aferrarse a cada libro,
a lo único que le queda. Fin de etapa.


A dónde le lleve la nueva jornada, no lo sabemos. Ojalá que a versos hermanos o hijos de estos otros de "Deserción de la materia", timbrados por la incógnita, el misterio:

Materia condenada a no contarnos
de qué naturaleza provenimos,
por qué arde en nosotros tanto fuego,
o qué vega sin sombra nos espera.

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