lunes, 29 de febrero de 2016

Keats redivivo



Varios periódicos andaluces sacan este fin de semana esta entrevista en la que me preguntan por Keats, redivivo en sus versos aunque pronto hará doscientos años que su cuerpo fue enterrado en Roma.

domingo, 28 de febrero de 2016

"Carencias", de Esteban Martínez Serra





Poemas en prosa, muy hermosos, con atención a lo pequeño, los de este libro, Carencias. Esteban Martínez Serra ha compuesto una más que recomendable colección de miradas a gorriones y abejas, a niños, a jabatos y potrillos, no desde la contemplación idilíca, sino desde la constatación del conflicto, de los filos y límites. También observa, y a da cuenta, de esos otros animales, los poetas. En el texto que abre la segunda parte del volumen, escribe: 

"La voz del poeta es la mueca torcida del frutero cuando le sorprende la acidez de la pulpa. La mirada del poeta está en el desaire de las pieles opacas y rugosas, no en las amables transparencias, en los destellos fabulosos. Su oído es obstinado porque desoye con gran atención el canto de la Sibila tanto como se desoye a sí mismo, descreído al fin. El poeta, en su mejor versión, utiliza la palabra como un órgano para ver, oír y poder vender luego -con algo de entereza y apariencia de honestidad- la fruta más amarga."

sábado, 27 de febrero de 2016

La sorpresa de un libro




La librería Palas, en Sevilla, es un reducto de la literatura, del pensamiento, de la letra impresa que resisten al vendaval que se ha llevado tantos establecimientos del ramo, con sus hojas. En su escaparate, en sus mesas de novedades y estanterías es imposible no hallar un libro que desear llevarse, aunque uno no disponga en ese momento de mucho tiempo para la lectura. Estuve allí hace unos días y me encapriché de este librito. Su factura artesanal, tan sobria; el enigma del autor, de quien no había leído nada (luego he visto que sí, en una revista hace dos o tres años); la insolencia traviesa de sus versos, de línea clara y buen ritmo; algún cosqui, algún tirón de orejas.
     No sé quién pueda ser José Luis de la Cuesta, aunque me lo barrunto. Hay pistas que sugieren que podría ser un heterónimo de otro poeta, pero no voy aquí a levantar la liebre, sino las páginas del libro -Cosas que me has contado-, y ceñirme a su contenido. Hay excelentes poemas en él, aunque algunos de sus referentes -numerarios del Opus Dei, la misa, el barrio de Salamanca, algunas bravatas reaccionarias- pueden, en principio, chocar o incluso, según a quién, causar rechazo.
     Los Papeles del Sitio, la pequeña y exquisita editorial de Abel Feu, ha impreso cien ejemplares si no tan valiosos como aquellos cien del libro primero de Ezra Pound, A lume spento, sí legibles, disfrutables, llenos de señales de que el lector se encuentra ante un poeta verdadero y brillante. Algún poema no me parece bien resuelto ("Cosas que me has contado" se acaba sin colmar la expectativa de algo más alto u hondo), pero son numerosos los hallazgos, casi siempre aliados del humor y del juego. Páginas estupendas son las de "Seguid disimulando", "Impronta", "El escalador", "Intento fallido" y tantas otras.
     En cierto momento la emprende contra la sofisticación, con todas las variedades de lo tonto, y le salen versos tan frescos como estos, que hablan, como desiderata, de una chica: "Que haya estudiado un módulo / -si pudiera ser de peluquería- / pero nunca un vulgar / grado a la boloñesa." Versos no menos desenfadados, pero certerísimos, y tiernos, porque conforman un gran poema de amor, son los de "Your Profile Turned Away", composición que no desmerecería en la obra de un poeta conocido, premiado y difundido en una colección de varios miles de ejemplares:

Al fin comprendo que
si esta tarde recuerdo tu perfil
de princesa tahitiana, que si pude
admirar la vigencia de tus pómulos
separadamente, y agradecer
a Dios el afortunado desliz
de tu rubio bisabuelo en Filipinas...,
que si el tiempo se lleva lo demás
y me deja únicamente tu perfil,
será sólo por el número de veces
en que yo te miraba
y tú estabas mirando hacia otra parte.

viernes, 26 de febrero de 2016

Jardín antiguo



Tras su paso por Málaga, se puede ver ahora en Sevilla la exposición sobre Jaime Gil de Biedma "La persona y el verbo" (buen título a partir del de su poesía reunida, Las personas del verbo, que ya era, a su vez, un título excelente). Se ha publicado un catálogo para la ocasión, y en él encuentro un fragmento de una carta del poeta barcelonés a Pablo Sycet en que habla de dos de los mejores poetas de Sevilla, y de cómo la poesía funciona con mecanismos no desmontables, con no formulables teoremas:

"Jardín Antiguo es uno de los mejores poemas de Cernuda y a mí también me fascina; nunca me he parado a analizar por qué y prefiero no hacerlo: acaso su encanto dejase entonces de acompañarme. Durante años y años me sugestionó un poema de las Soledades de Machado ("Desgarrada la nube, el arco iris..."), hasta que un día repentinamente entendí cómo funcionaba: mi admiración por la inteligencia poética de don Antonio no conoció límites, pero a partir de ese momento el poema dejó de acompañarme."

Las casas de los poetas no son llaves para la comprensión de su poesía, pero sí guardan ojos de cerraduras por los que asomarnos a su obra. La casa natal de Cernuda está en venta y semirruinosa (la he recorrido hasta la última estancia); la de Machado, que fue una vivienda alquilada en el Palacio de las Dueñas, ha sido restaurada y al parecer podrá visitarse (no exactamente donde él nació, sino la casa entera) dentro de pocas semanas. No faltaré a la cita con la niñez de mi tocayo. "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero", escribió Machado. En el poema citado por Gil de Biedma, Cernuda: "Ir de nuevo al jardín cerrado, / que tras los arcos de la tapia, / entre magnolios, limoneros, / guarda el encanto de las aguas."



Gil de Biedma, con compañeros de la Generación del Cincuenta, ante la tumba de Antonio machado en Colliure.



jueves, 25 de febrero de 2016

El lector, según Umbral



"Está claro que el único personaje de un libro es el lector. O por lo menos el único personaje real, y él es quien con su lectura va creando todos los otros personajes. Todos los otros seres, sucesos, animales, cosas, teorías, ideas, lámparas y erratas."

                                Francisco Umbral, Crímenes y baladas.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Presentación de Estación Poesía 6




Esta tarde se presenta el número 6, de invierno, de Estación Poesía. Todos los detalles en el siguiente enlace. En pulpa y piel, la revista ha quedado magnífica.

martes, 23 de febrero de 2016

Elogio de la traducción



La Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, en colaboración con Casa de los Poetas y las Letras, celebra unas jornadas en torno a la traducción. Pasado mañana, 25 de febrero, intervendré hablando de un viejo conocido:



25 de febrero (tarde). TRADUCTORES Y TRADUCCIONES 

18 horas. Rafael Cansinos (Fundación-Archivo Rafael Cansinos 
Assens)/Marta Palenque (Univ. de Sevilla): “Rafael Cansinos 
Assens, un coleccionador de idiomas”.  

19 horas. Antonio Rivero Taravillo (Escritor y traductor): “Luis 
Cernuda, traductor”. Presenta: José María Candau. 

20 horas. Mesa redonda: Fernando Rodríguez-Izquierdo, Miguel 
Ángel Cuevas, Juan Ignacio Guijarro (Univ. de Sevilla). Modera: 
Víctor Borrero. 

Aula de Grados. Entrada libre. 



Gracias, Hilario Barrero, por la foto

lunes, 22 de febrero de 2016

Un chovinismo invertido



Un chovinismo invertido, es decir, doblemente perverso: pensar que el país de uno es el peor del mundo.

domingo, 21 de febrero de 2016

La librería Boteros





Lo mejor de la calle Donceles, Charing Cross Road y la Avenida de Mayo está en una calle de Sevilla; la que da nombre a este pequeño paraíso, mucho más recoleto y abarcable que The Strand. Desde su apertura hace unos meses, esta pequeña librería se ha convertido en un lugar al que vuelvo y vuelvo, lo mismo para hacerme con libros codiciables como para desaguar ejemplares que ya amenazan hundir mi biblioteca. Entre las muchas virtudes del lugar está la excelente música, del género que sea, elegida por Daniel Cruz, el librero, que acompaña como un bako continuo no intruso el hojeo de los ejemplares. Se trata lo mismo música tradicional de Armenia que cante jondo de Antonio Marchena o lágrimas de John Dowland. La última vez, sin embargo, sonó una grabación de Borges (esta). Oír el famoso verso virgiliano, tan citado por el argentino, en esa librería tuvo mucho de epifánico. Al propio Borges le habría gustado. Una razón más para que, sin género de dudas, ya sea uno de mis sitios favoritos.


viernes, 19 de febrero de 2016

Recuerdo de Eduardo Chirinos




Estoy muy apenado por la muerte del poeta peruano Eduardo Chirinos. Deja una obra magnífica y el recuerdo de una personalidad cordial, amable, que se daba a querer enseguida con expansión franca y, quizá por causa de la enfermedad, un poso de tristeza que no le empañaba la sonrisa. Fue entrañable amigo de la infancia, y hasta ayer, de Fernando Iwasaki, que nos presentó en Sevilla. Luego coincidimos en la FIL de Guadalajara y para mí fue un orgullo que colaborara en Estación Poesía con este poema:


MI SOMBRA Y YO

MI SOMBRA recorre la calle una y otra
vez sombra le digo ¿no te cansas de
recorrer la misma calle? No, me dice
y mira el sol con sus anteojos oscuros.
A veces mi sombra se adelanta unos
pasos, decide en qué esquina debo do-
blar, advierte las ramas puntiagudas
de los árboles, los jardines donde ladran
los perros. Si me ve confundido silba
una canción, si me ve desorientado
me ofrece su mano para cruzar la calle.
Toma esta cuerda y sube, ordena mi
sombra. Yo la obedezco y subo hacia no
sé dónde. Una vez arriba me dice que
espere. Y yo la espero sin saber por qué.

jueves, 18 de febrero de 2016

"En la cocina"






EN LA COCINA

Galaxia diminuta,
su Vía verde
es reflejo del cielo en la encimera,
un esqueleto
no de costillas ni de tibias,
sino de estrellas que con cinco puntas
lloran su carne,
hermana ahora
de la sal y el aceite.
Un ramillete de espinas sin sus pétalos.
La mata despojada de la luz
de tomates en rama.

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Carta al padre"



Padre él mismo desde hace unos años, huérfano del suyo desde hace menos, Jesús Aguado se atreve a escribir un libro de poesía espinosa, difícil, verdadera. Lo que ha compuesto no es un texto estrictamente autobiográfico, sino uno en que confluyen experiencias propias y otras universales, imaginadas, intuidas, llegadas desde el terreno -aguas movedizas- de las pesadillas. Ha creado con esos elementos un ser compuesto que atiende al nombre de "padre" (así constantemente el vocativo, no papá) que tiene no poco de monstruo (como la criatura también confeccionada con retales heterogéneos por el doctor Frankenstein). Un monstruo más explícito es el insecto del relato de Kafka (a quien el título del libro homenajea): "Mi padre me cogía con las pinzas, me colocaba en el portaobjetos, regulaba los cristales de aumento del microscopio. A veces coloreaba con una solución rojiza mis artejos o me arrancaba los élitros para sumergirlos en un minúsculo bote de formol. Quería conocerme bien, mi padre."
     Carta al padre se divide en cuatro partes (nuevas, tres, pues la cuarta ofrece como apéndices dos poemas publicados anteriormente pero que tratan el tema de la paternidad). Los poemas recuperados son uno muy hermoso dedicado a los padres (él y ella), que por ser cordial y cariñoso quizá sea una nota discordante en el conjunto un tanto acerbo; sin embargo, "Un poema de la tribu Nila de la India" actúa como un borrador en el encerado en que figuraba aquel poema de amor filial y clausura el volumen con un exorcismo apócrifo (mucha de la poesía india de Aguado lo es) que exhorta: "Estás muerto, padre, / márchate de nuestras cabezas / y déjanos en paz."
     Las partes que anteceden trazan el perfil de un padre plural, caprichoso, amoral, lo que es decir con otra forma sin amor (tiene rasgos, por ejemplo, que me recuerdan a los del Cuervo de Ted Hughes). La primera lo presenta en tercera persona, lo describe, muestra sus injusticias, cartografía los desencuentros. La segunda emplea por el contrario la segunda persona, y continúa con viñetas narrativas el asedio a esa fortaleza -la identidad del padre- de la que se vierten cubas de agua hirviente y se lanzan flechas contra el hijo. Ambas están escritas en prosa poética. La tercera sección, "Un padre muere" se muestra en desnudo verso sin puntuación ni mayúsculas, pariente lejano del permutatorio de Cirlot: "un padre muere dices digo un padre" se convierte dos páginas más allá en "un padre muere dices digo un rayo", y así hasta llegar a la variación o racha en la que, salvo error por mi parte, se llama por única vez papá al protagonista-reverso de la voz poemática.
     Qué gran libro ha escrito Aguado. Sin aspavientos ha tocado fibras muy delicadas, que solo un cirujano de la poesía puede manipular sin temor de lesionar o cortar para siempre un nervio. De Carta al padre emerge, y esta es su lección, no un personaje mezquino o sin corazón, sino el pálpito de un hijo desamparado no solo en el momento de la muerte del padre y durante el tiempo -ya todo el que le reste- en que habrá de convivir con la ausencia, sino durante la convivencia, áspera, que preparaba a su morir.

martes, 16 de febrero de 2016

lunes, 15 de febrero de 2016

El regreso de Keats





Estuvieron en el jurado los poetas y traductores Bernd Dietz y Aurora Luque, que tras deliberar me trajeron la noticia a mi despacho de la librería: había ganado el Premio Andaluz de Traducción en su primera convocatoria. Luego, el premio pasaría a llamarse Rafael Cansinos Assens y después, transcurridos pocos años, dejó de convocarse. Al cuidado de Andrés Trapiello, el libro se publicó en la La Veleta, donde sigue estando disponible, pero, como suele suceder con tan hermosa colección y tantas otras que no pertenecen a los grandes grupos, nunca tuvo la distribución que tal vez mereciera (por Keats naturalmente, no por su traductor). 
     Ahora, un decenio después, y con algunos poemas más, mis traducciones de Keats han visto la luz en el libro de bolsillo de Alianza Editorial, lo que hará posible que llegue a muchos más lectores. Entre los poemas añadidos, hay un soneto dedicado por John a su hermano George, el que marchó a América; de la belleza de la poesía del romántico inglés, de su fusión de lo plástico y lo reflexivo, valga este botón de muestra, su comienzo: 

A cuántas maravillas hoy asistí:
vi al sol borrar las lágrimas del alba
con besos, y hacer pares laureados
reverencias al oro de la tarde;

el océano vasto y verdiazul,
barcos, rocas, cavernas, esperanzas,
miedos y arcanas voces que quien oye
medita en lo pasado y lo futuro.

domingo, 14 de febrero de 2016

De una entrevista a Ferrer Lerín



Publicaba hace poco El Cultural una entrevista con Francisco Ferrer Lerín. Me gusta la naturalidad con la que se muestra. En cierto momento se le pregunta si le gusta España, y se le pide que razone su respuesta. Contesta el escritor barcelonés: "Parece que es obligado, entre la progresía, abominar de lo español. Nunca he participado de esa tendencia, pertenezco de modo incuestionable a su cultura, en la que la lengua es parte fundamental. La carcundia regionalista ha trastocado los valores convirtiendo lo secundario en principal. Un daño irreparable."

sábado, 13 de febrero de 2016

Tres aforismos



Escribir aforismos es tomar apuntes de un maestro interior cuya lección nunca aprendemos, aunque los pasemos a limpios publicándolos.

*     *     *

Hay libros para los que es mejor ponerse las gafas de lejos.

*     *     *

Corregir pruebas y probar a corregirse: la vida del escritor hasta borrarse en la muerte.


viernes, 12 de febrero de 2016

Ondas



Mi padre fue físico, catedrático de Historia de la Ciencia y su Didáctica. Qué no daría yo por poder preguntarle hoy por las ondas gravitacionales esas, aunque no me enterase de nada. Qué no daría, en realidad, por poder preguntarle hoy cualquier cosa.

jueves, 11 de febrero de 2016

"Recuerdos de bambú"



La Muy es una nueva revista sevillana, gratuita y, por lo que veo, con una extravagancia insólita: no ir dirigida al turista de paso sino al sevillano estable. Sin estrabismo, lo hace con un ojo puesto en la tradición y otro en la vanguardia, fórmula que predica en el artículo que publica en el primer número Manuel Grosso. 
Cuando resuelva algunos defectos tipográficos (letra muy pequeña a veces, problemas de conversión de formato con pérdida de comillas), la revista puede estar francamente bien. De hecho, ya lo está, con excelente material gráfico y escrito, y buenas y señalables colaboraciones. La que me ha gustado, sin embargo, es una que no lleva firma y que ostenta el título de "Recuerdos de bambú". Su idea me parece genial, y perfectamente llevada a cabo su realización. Se trata de contar los paseos de Jorge Luis Borges por la Sevilla de hace treinta y dos años, en la que sería su despedida de la ciudad, por boca del bastón que lo acompañó. Las pequeñas fotografías redondas que ilustran el recorrido son imágenes de los diferentes suelos pisados por ese bastón, apoyo del poeta ciego. Así comienza la evocación: "El rechinar del tren de aterrizaje sobre la pista confirmaba al escritor que acababa de iniciar su última visita a Sevilla. Aquel caluroso domingo 23 de septiembre de 1984 el avión de Jorge Luis Borges no aterrizaba en una ciudad, sino en el suelo de su pasado, sobre el piso de su juventud."
     Merece la pena, de verdad, hacerse con un ejemplar de la revista, aunque solo fuera por estas páginas. Si se hace, además, en Boteros, la nueva librería de viejo (valga el casi oxímoron), mejor que mejor. 



Borges y Torrente Ballester en la azotea del hotel Doña María, un día de aquellos de 1984

miércoles, 10 de febrero de 2016

"Lo que canta al otro lado"


Varias semanas antes de que se cumpla el aniversario de su temprana muerte, este jueves se va a presentar en Sevilla una antología poética del puertorriqueño Ángel Darío Carrero, sacerdote y activista cultural y social muy querido en su país.  





martes, 9 de febrero de 2016

De un próximo libro




LENGUA MATERNA

Nuestra lengua materna es el silencio
que al abrirlo fue llanto con la espuma
de un vino que dormía en la bodega.
Nuestra lengua materna es el silencio
y todo lo demás la traducción
de ese idioma primero y temeroso
de tanto como había de nombrar.
Luego, a fuerza de años, aprenderlo
de nuevo: transportar hasta su pozo
palabras como migas, granos, briznas
vertidos al callar de su honda lengua.

Pesamos al nacer igual que un diccionario.
Como otro pesarán nuestras cenizas.

lunes, 8 de febrero de 2016

"Años diez", dos





Una revista dirigida por Juan Carlos Reche y Abraham Gragera y al cuidado tipográfico de Alfonso Meléndez y con Miguel Ángel Arcas, de Cuadernos del Vigía, en la edición, no puede dar sino buenos números. Este número dos (tercero en realidad, porque hubo un cero) es muy completo. Y hermoso.
      Personalmente, he disfrutado una vez más con la lectura del poema de Elizabeth Bishop que comienza con el verso The art of losing isn't hard to master... (sobre la poeta norteamericana es muy recomendable un reciente librito de Colm Tóibín). Aquí lo traduce Patricia Gonzalo de Jesús, junto con poemas de Brodsky y Holub. Y también con el delicado "Mañana de lluvia en la infancia", de la brasileña Cecília Meireles, traducido por Martín López-Vega. Pero hay mucho más: colaboraciones de Erika Martínez o Walter Cassara, entre otros, por no citar un espléndido inédito de Pablo García Baena, con aromas históricos cavafianos. Se dedican, además, numerosas páginas al poeta nicaragüense Carlos Martínez-Sierra, que incluyen composiciones suyas y un epistolario, rescatado por José Manuel García Gil, con Carlos Edmundo de Ory. 
     


sábado, 6 de febrero de 2016

Cantos, piedras




XYZ, el periódico crítico sevillano, acoge mis crónicas literarias desde hace unos meses. Esta semana me ocupo de la hermosa edición de un libro de Pablo Neruda, Las piedras de Chile. Se puede leer aquí.

viernes, 5 de febrero de 2016

"En el jardín"



En la colección Cuadernos de Humo que en Nueva York edita Hilario Barrero se ha publicado un poema mío en muy buena compañía.




jueves, 4 de febrero de 2016

Impaciencia






La ansiedad, la impaciencia ante la correspondencia que no llega como una respuesta ipso facto, no es privativa de Facebook y otros medios tecnológicos. Se ve en esta tarjeta de los años cuarenta dirigida por J.E.C a su amigo Carlos Edmundo de Ory, conservada en el archivo de la Fundación del segundo.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Poesía al cuadrado






Se ha escrito que, entre otras posibles en el interminable bosque taxonómico, hay dos clases de lectores: los que prefieren La tierra baldía y los que hallan más cerca de su sensibilidad Cuatro cuartetos. Los primeros serían vanguardistas, más amantes del riesgo. Los segundos poseerían un temple conservador. Pero en el fondo, es esa una distancia que en general recorre todo ser humano: la que media entre la juventud y la madurez. Al menos, es así perceptible en el autor de ambos poemas: T. S. Eliot, que dejó pasar quince años entre la publicación de The Waste Land (1922) y la escritura de “Burnt Norton” (1937), el primero de los cuartetos. Quiere esto decir que el Eliot segundo ya pertenece a una generación distinta de la del primero, lo que da pie para un jugoso juego paradójico sobre el transcurso del tiempo, el fin y el principio, la relación entre el pasado y el futuro y el lecho en que se acoplan: el presente (los temas que, junto con la redención cristiana, imperan en Cuatro cuartetos).
José Emilio Pacheco, que estuvo dedicado años y años a la versión (que él prefirió llamar en algún momento “aproximación”) de los Cuartetos hasta prácticamente el mismo momento de su muerte, anotó prolijamente el poema y entró a fondo en sus referencias religiosas, entre las que hay paráfrasis del Eclesiastés y de san Juan de la Cruz. Pero también del hindú Krishna. Aquí, Eliot es como el mar en “The Dry Salvages”, que tiene muchas voces; muchas voces, y muchos dioses. Para goce de cualquier lector, con todo, lo religioso no empece lo poético.
Pero lo cierto es que en “East Coker” hay una reprimenda a la poesía, y un cuestionamiento de que la vejez comporte sabiduría en vez de locura o necedad, teñidas por el miedo. Cernuda sintió desprecio por el hombre y lo que de doctrinario, desde su punto de vista, había en él, pero admiró al poeta y su voluntad crítica. De él, Eliot, y de los Cuartetos procede esa Desolación de la quimera que es título de su último libro de poemas. Son numerosos los ecos del de Missouri en el sevillano, como lo serán en incontables poetas (de otro sevillano que vivió en Cambridge como Cernuda, Aquilino Duque, es El engaño del zorzal, traducción literal de un sintagma que aparece en “Burnt Norton”).
Eliot, y concretamente los engañosos Cuatro cuartetos (engañosos porque cada una de las cuatro secciones son cuartetos al modo musical, pero no constan como pudiera uno pensar de cuatro movimientos, sino de cinco, lo que no invalida que lo contenido en este libro sea poesía al cuadrado), los han traducido poetas de nuestra lengua como, además de Pacheco, el también mexicano José Luis Rivas, o los españoles Vicente Gaos, José María Valverde o Jordi Doce. Las dificultades al verterlo son varias: desde el mantenimiento del equilibrio entre lenguaje coloquial y estilo elevado al empleo de formas cerradas insertas en un texto aparente y predominantemente compuesto en verso libre.
“En mi fin está mi principio”, escribe Eliot. Yo termino aquí estas líneas volviendo a su inicio, a la comparación con La tierra baldía. El examen atento de las correcciones de Ezra Pound al manuscrito muestran que originalmente el poema era mucho más desordenado, una acumulación más heterogénea. El Eliot que ya es otro –quince años después– ha aprendido y Los cuatro cuartetos son ya una obra maestra de la coherencia y la jerarquía; también del freno, del decoro, incluso de la flema anglicana que caracterizó a Eliot desde su conversión en –un año que a nosotros siempre nos sonará a poesía y generación– 1927.

                                                             (Publicado en la revista El Ciervo)

lunes, 1 de febrero de 2016

24 kilates



Sara Mesa, una de las más destacadas narradoras españolas en la actualidad, lee y goza -esto debería ser un lema- La niña de oro puro. Traduje la novela de Margaret Drabble hace unos meses para Sexto Piso y me alegra que haya satisfecho tan selecto -y exigente-paladar. Su reseña se puede leer aquí.