martes, 31 de mayo de 2016

Calor


Lo publicaba Buensalvaje, y ahora lo comparte Estado Crítico: mi lectura de Los últimos perros de Shackleton, un muy buen libro de poemas de Ben Clark.

lunes, 30 de mayo de 2016

El barón estoico de Pessoa, y un paseo por Cirlot





Manuel Moya, tan cerca de la linde de Portugal, viene trasladando a nuestro idioma la obra inabarcable de Fernando Pessoa. Pero no solo la poética, sino también la escrita en prosa, como es La educación del estoico, que se presenta como el único manuscrito del apócrifo Barón de Teive. Como en el resto de las obras del portugués, hay aquí pensamientos agudos, observaciones que obligan al subrayado. 
    El barón este declara en la segunda página de su manuscrito algo que me ha recordado a Juan Eduardo Cirlot. Sucede además que Moya me puso en contacto con Mercè Romaní, una joven -entonces- que conoció a Cirlot en 1971 en la editorial Gustavo Gili. Cirlot, pese a una insaciable sed de creer que le era amputada diariamente por su nihilismo, quizá habría firmado esto del aristócrata luso que tiene más guasa de lo que parece habida cuenta de que, aunque en 1928, ya tenía la electricidad visos de ser cierta:

"Pertenezco a una generación -suponiendo que tal generación la formen más personas que yo- que ha perdido por igual la fe en los dioses de las religiones antiguas y la fe en los dioses de las religiones modernas. No puedo aceptar a Jehová, ni a la humanidad. Cristo y el progreso son para mí mitos del mismo mundo. No creo en la Virgen María ni en la electricidad."

sábado, 28 de mayo de 2016

La invasión de los libros



Ya deben estar montadas las casetas de la Feria del Libro de Madrid, en el Retiro, a lo largo de esa avenida interminable como una línea de página casi infinita. La invasión de los libros. En el texto que la Junta de Extremadura editó para celebrar el pasado 23 de abril, Elías Moro hacía un hermoso canto a la letra impresa que finalizaba recordando a José Emilio Pacheco y este breve texto suyo de Desde entonces: "Lo compré hace más de quince años. Pospuse la lectura para un momento que no llegó jamás. Moriré sin haberlo leído. Y en sus páginas estaban el secreto y la clave."
     Lo más curioso (y triste) es que Pacheco, que vivía muy cerca de la mejor librería de México, murió como consecuencia de una hemorragia interna producida como consecuencia de una caída tras  tropezar con uno de los rimeros de libros que habían invadido su vivienda, convertida en biblioteca.


Pacheco entre sus libros. Fotografía de Proceso.

viernes, 27 de mayo de 2016

"El rasgo suplementario"


Es una novela extraña, que suma a sus rarezas la de incluirme -ahí es nada, lo cual es otra forma de decir no somos nadie- como protagonista secundario. Nadie se asuste: no cometo un crimen ni tengo que pasar hambre o frío. Me quedan algunas dudas sobre el libro, que espero despejar en la conversación que mantendré son Ignacio Arrabal, su autor. Pero lo que sí tengo es la certeza del magnetismo de esta frase final: "Es más que posible que uno empiece a olvidar lo que ha vivido, pero jamás cae en el olvido lo que nunca sucedió".


jueves, 26 de mayo de 2016

"Reyes romanos"



Mario Montalbetti. Fotografía tomada de buensalvaje


Trato de acomodar en la estantería algunos títulos recientes de poesía publicados por Ediciones Liliputienses y la vista se me va a un ejemplar de otro de la misma casa mágica que pilotada por José María Cumbreño declara tener su ubicación en la isla de San Borondón, nada menos. Se trata de Lejos de mí decirles, la poesía reunida del peruano Mario Montalbetti (Lima, 1953), que está a punto de ser reeditada. En una de sus primera páginas (en realidad, el texto que abre el volumen), este poema que me llamó la atención cuando lo leí y que aún conserva en la relectura su fuerza:


REYES ROMANOS

Numa Pompilio no distinguió ser rey y ser 
       sacerdote a su vez. Murió asesinado.
Tulio Hostilio, el belicoso, emprendió una guerra
       contra el alba. Murió asesinado.
Anco Marcio fue igual a Numa Pompilio.
Tarquino el antiguo construyó un circo y
       una gran cloaca, Murió asesinado.
Servio Tulio pasó a la historia sin mover un 
       dedo. Murió asesinado, por su hija.
Numo d'Orange abdicó antes de ser asesinado.
       Murió asesinado.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cirlot, un caballero medieval


Toni Montesinos cubre para La Razón la publicación de la biografía de Cirlot. Ha sido el primero. Se puede leer en este enlace.

martes, 24 de mayo de 2016

Una ventana abierta



Para quien quiera asomarse el número 7 de Estación Poesía, ya puede hacerlo pinchando en la cubierta correspondiente, en la página de la revista. 

lunes, 23 de mayo de 2016

"Perros de noviembre"





Consolidando su voz como una de las más importantes hoy de las letras aragonesas, Olga Bernad publica Perros de noviembre, su cuarto libro de poesía. Su dicción clásica, serena, compite con el onirismo desordenado de no pocas de las composiciones. Está bien que así sea: son nupcias que me recuerdan a las que establecen las obras de poetas que ella admira como Julio Martñinez Mesanza o Juan Eduardo Cirlot. Del buen hacer de Bernad, y de estas dos características que digo, es el poema que reproduzco como invitación a su jauría otoñal:


ESTA NOCHE

Todas las noches son como esta noche,
todas las noches fueron como ésta;
cuando el mundo nació, ya era de noche.
Y en la excesiva noche de los tiempos
alguien soñó que nada pasaría.
Si te dejas caer hoy por mi sueño,
prometo protegerte de esa nada.
Seguros hacia dentro de la noche,
arrastraré hasta el fondo tus demonios;
al fondo de la noche, donde el tiempo
se convierte despacio en otra cosa. 

domingo, 22 de mayo de 2016

Tempestad extremeña




Marino González Montero ha publicado en la editorial emeritense De la Luna Libros una versión muy libre del último drama de William Shakespeare, La tempestad. Se trata de un libreto (así se califica el texto) para ser interpretado por los chicos de los institutos extremeños. Se notan los acentos ecológicos, la intención del respeto y el goce de la naturaleza. También la voluntad de no someterse mucho al texto original. La operación es arriesgada, entre otras cosas porque, de creer a Harold Bloom, La tempestad y El sueño de una noche de verano poseen, de todas las obras de Shakespeare, el triste mérito de ser las peor adaptadas y representadas.
     Cómo tomarán hoy esta obra los alumnos es algo que ignoro, aunque he visto que ha tenido éxito la representación, y me congratulo de ello. No solo la obra cambia; también, su público, cuatro siglos después. Porque como en la escena IV declara aquí Próspero, "mudable es la conciencia de los hombres como la piel de las serpientes."

sábado, 21 de mayo de 2016

Paredes ajenas




Treinta años hace justamente ahora que preparaba mi primer viaje a Escocia para asistir a unos cursos de verano de literatura que organiza -aún hoy- la Universidad de Edimburgo en un programa coordinado con otras de aquel país. De esta ciudad, Edimburgo, trata la primera parte del segundo libro de poemas de Emily Roberts, abulense de 1991, que cambió no hace tanto las murallas de su ciudad por las tierras al norte del -lo pondré en inglés- Hadrian's Wall, supongo que gracias al programa Erasmus que en mis tiempos de alumno brujuleante no existía.
     Escribo a dos centurias de metros de la calle que en Sevilla recuerda a Adriano. Y Regalar el exilio me ha devuelto al emperador que ordenó acotar la amenaza brumosa de las Highlands, y sobre todo a estas, a sus carreteras estrechas, a la verdura rugosa de sus colinas, incluido el monte artúrico que aparece en los versos de este libro y que se veía, ay, desde mi hall of residence, al cual regresé años más tarde por partida doble: físicamente y en una evocación que vio la luz en la revista Letras Libres.  
     En el poema con el que se abre Regalar el exililio, Roberts da una lección de empatía y de su envés, la extrañeza, ante el hogar transitorio. Es una experiencia que habrán experimentado millones de personas en algún momento, pero que ella ha sabido dejar hermosamente por escrito. Así:

MUDANZA

Aprendo con los dedos las paredes de mi casa.
No las conozco. Son nuevas.

Tanteo a oscuras
cómo pertenecer.


jueves, 19 de mayo de 2016

"El que hiere de lejos"




José Tono Martínez es un superviviente de la movida madrileña, director de aquella revista señalada, La Luna, y poliartífice de escrituras y acciones culturales. El que hiere de lejos es su cuarto libro de poemas, y en él caben desde las composiciones dedicadas a sus hijas a otras dedicadas a Madrid o Buenos Aires pero principalmente, como el primer poema y el último indican, al joven que fue, ese heridor en la distancia ante el cual se siente responsable. Como escribe Jaume Pont en su prólogo, "lo único que queda, entre la vorágine del tiempo y sus despojos, es la herida permanente de la poesía, la señal imperecedera de la flecha de Apolo". El poeta pone en la balanza lo realizado con la confianza de esquivar aquello que José Emilio Pacheco escribió en la enormidad de solo dos versos que se van pasando como testigo de zozobra las generaciones: "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años." 
     Martínez emplea un verso que por lo general se desentiende del ritmo aunque, curiosamente, emplee a menudo rimas (quizá hubiera sido preferible un poco más de lo primero y menos de lo segundo). Ello no estorba el disfrute de muchos de estos poemas, como "En casa del poeta colaboracionista". Quién esté detrás de esos versos es lo de menos, lo importante es la verdad moral que estos elevan. En su tramo central:

Por fin, sin recato, con benevolencia de prócer,
nos muestras aquellas primeras ediciones
y antologías que te relegaron,
las revistas prohibidas que compraste en almoneda,
los finos encargos e incitaciones al saqueo
de todo aquello que te estuvo justamente vedado
pero que el dinero hoy compra.
No te acuso de delator ni menos de ejecutor
porque eras demasiado fino
e importabas colonia inglesa
cuando aquí faltaba leche.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Venus & Adonis, forthcoming



He recibido esta cubierta, y me encanta, claro. A Shakespeare también le gusta mucho. Donde él se halla, está desde siempre disponible. A las librerías de este mundo llega dentro de pocas semanas.

martes, 17 de mayo de 2016

lunes, 16 de mayo de 2016

"Anáfora" 7





En línea ascendente de calidad, la revista gijonesa Anáfora, cuyo nombre habría que repetir como salmodia séptuple que haga justicia a su título -Anáfora, Anáfora, Anáfora, Anáfora, Anáfora, Anáfora, Anáfora-, acaba de sacar su número 7. ¿El mejor hasta ahora? No lo sé, pero es, desde luego, muy bueno. Ofrece poemas de Julio Martínez Mesanza, Álvaro Valverde, Karmelo C. Iribarren, Ben Clark, Martha Asunción Alonso, Rodrigo Olay y Rocío Acebal, más la traducción que hace Andrés Catalán de otros dos poemas de Sandro Penna (al que, ¡gracias, revistas! yo descubrí  hace más de treinta años en la jerezana Fin de Siglo). Pablo Núñez conversa con Luis Alberto de Cuenca, y hay prosas de José Luis Argüelles (unos aforismos sobre la poesía), Ángela Arambarri (sobre Dublín, una ciudad en la que no he estado nunca), Miguel Ángel Gómez. Jorge Ordaz y Juan Bonilla, sobre el auge del género diarístico (me apunto la recomendación de los diarios de Salvador Elizondo). Seis reseñas -mecachis, podían haber sido siete- cierran tan mágico número.
     Se puede conseguir aquí.

domingo, 15 de mayo de 2016

Formas de la fiebre





Ganador del VI Premio Iberoamericano de poesía Hermanos Machado, José Manuel García Gil ha escrito en La belleza no está en el interior un libro variado y rico, que brilla en los poemas sobre la infancia y el paso del tiempo, manifestado de muchas maneras, desde los altibajos de la fiebre cuando se es niño a las decepciones amorosas de la adolescencia y al encuentro intempestivo, ya adultos, de quienes se amaron y el azar les regala un último roce y beso.
Hay poemas, los finales, que parten de diferentes pinturas (muy bueno el inspirado en el retrato de una prostituta romana de tiempos de Nerón), y otros, a lo largo del libro, que tienen su origen en la experiencia docente del autor y su trato con la chiquillería. Se agradece la falta de rigidez de los versos, que son más carnales que de mármol. Los hay no pocos memorables y, completos, dos poemas gloriosos entre otros buenos y muy buenos, lo cual es un balance envidiable. El primero se titula “Destemplanza”, y comienza con las pesquisas de la temprana edad en los ratos de holganza que unas décimas propician: “Enfermo / con un diccionario sobre las rodillas / buscando la definición / de garambaina, de húsar, / de martingala…” Dos estrofas más adelante: “Enfermo y ya mi padre / coloca la mano en la frente de su hijo, / la fiebre sin prisas, pautada / por el pegajoso y denso diapasón del jarabe.”
En el otro poema que me gustaría señalar también aparece el difunto padre. Su título es “B.B.” La incógnita de las iniciales se despeja enseguida: “Brigitte Bardot, ni más ni menos, / se le instaló a mi padre como invitada / de los días de pereza entre dos libros, / uno de templos de España y otro / acerca de Cristóbal Colón, / de Salvador de Madariaga, / sobrio cautiverio para aquella hermosa / promiscuidad de mis tardes adolescentes.” El poema discurre inevitablemente hacia la melancolía de la memoria, pero antes cuatro versos capturan la paradoja, que es uno de los mejores combustibles siempre de la expresión lírica. La algo deteriorada imagen de la mujer despampanante con la que el joven se escapaba al cuarto de baño triunfa sobre la real fotografiada: “En donde estés, padre querido, / te diré que la despampanante actriz /soportó peor el paso del tiempo / que aquel póster descubierto / en el caos benévolo de tu biblioteca.”

sábado, 14 de mayo de 2016

viernes, 13 de mayo de 2016

Tres estampas del barrio (con una coda)




Vas a la frutería a aprovisionarte de naranjas para los próximos días. Y te encuentras con un río de carretas, ya presagiado por los cánticos escuchados nada más pisar el patio, camino del zaguán. Vas a por fruta para mañana y te encuentras estos restos de ayer, o de hace siglos, mondas del tiempo. El buey que mete la testuz bajo los ejes, ¿es de hoy o de otro mayo, de 1654 por ejemplo? No les dejan pasar este año el Quema, desbordado por las lluvias. Tú tienes que vadear como puedes esta corriente de sombreros de ala ancha y zahones, de vestidos de flamenca. Aún no se ve el simpecado.

***

En la frutería, la que despacha saluda a una que llega tras de mí. Parece que la visitante está al tanto de la vida y milagros de la que ralentiza mi atención y tarda más por kilo, más segundos por naranja. Le muestra los zapatos de deporte que se compró ayer, no sin advertirle que ya les ha cambiado los cordones. La otra, para no quedar atrás como presumida se saca el teléfono móvil y le enseña, no sé a cuenta de qué, una de las fotografías almacenadas y, gorda por lo ufana más que por el peso, le dice mira la cinturita que yo tenía. Me fijo en el calibre de las alcachofas, estupendas. En los esbeltos espárragos que  a su vez miran, con ligera torsión de la cabeza, el techo del establecimiento. Cuando salgo con mis bolsas, aún están ponderando lo juncal de la oronda, y no responden a mi hasta luego. El viejo que pasa las mañanas sentado en el banco dando cuenta de los periódicos deportivos del hermano de la frutera, solidarizándose conmigo, profiere con la boca desdentada adió, sin levantar la vista de la crónica de un entrenamiento y sin saber que he dejado con toda su orfandad en el quiosco el diario balompédico que acompañaba al que he comprado.

***

Volviendo a casa, al alcanzar el Postigo, me doy cuenta de que hay más clientes de lo habitual ante la churrería. Estas cosas ocurren: se anuncia que va a echar el cierre y la gente viene a llevarse los últimos churros, como tras un naufragio la playa se llena de buscadores de despojos. A unos metros, lo que fue restaurante francés, que traía borgoña y burdeos, abre ahora como abstemio restaurante halal, según anuncian la caligrafía árabe y el alfabeto latino. Insensible al curso de las cosas y los rostros de la decadencia, la pared que cierra el establecimiento, en su fondo, tal vez se alegre, como resto de la muralla almohade que es.

***

(Al regresar a casa, la calle que recorrieron los romeros se ha adelantado a la descarga de la borrasca: está mojada antes de que las nubes se abran en chaparrón –¡ahora empieza!–, con un baldeo que se ha llevado, siguiendo a Heráclito, los orines y los excrementos de las bestias)

jueves, 12 de mayo de 2016

Una idea que suscribo




Porque me parece verdad y lo repito desde hace años en los talleres de poesía que imparto y cada vez que alguien que se inicia me pregunta o da pie para que se lo sugiera, reproduzco este juicio. Lo escribe la mexicana Lorena Ventura al inicio de su artículo "Como un árbol que cae del fruto: sobre el sentido y la referencia en poesía" en el número 3 de la revista Años Diez, que acaba de aparecer:

Cada texto que ingresa al universo de la poesía instaura a la vez una repetición y una diferencia. Todo poema confirma así el ser de la poesía al mismo tiempo que lo niega, transformándolo. Aun si es mínima, esa transformación supone siempre un replanteamiento de la poesía, un nuevo trazo de sus límites, una nueva afirmación. la vitalidad de lo poético depende de esa oscilación constante que nos conduce de la regla a la excepción y viceversa. Una poesía siempre reverente o repetitiva de la tradición es una poesía muerta, de la misma forma que lo es una poesía que sólo aspira a la diferencia o innovación absoluta.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Lo pasaremos bien




En julio y El Escorial participaré en el curso de verano de la Universidad Complutense dedicado al cuarto centenario de Cervantes y Shakespeare. Bajo la dirección de Luis Alberto de Cuenca participaremos Roger Wolfe, Alfredo Taján y algunos amigos más. El programa se puede consultar aquí.

martes, 10 de mayo de 2016

Tiempo de Antonio Deltoro






En edición de Juan Carlos Abril, quien incluye un estudio detallado, y publicada por Visor, apareció a finales de 2015 la Poesía reunida (1979-2014) del poeta mexicano Antonio Deltoro. Como Tomás Segovia, como José de la Colina, como muchos otros, Deltoro es de los escritores españoles que abandonaron España tras la Guerra Civil o, de la generaciones siguientes, son hijos de los que se vieron forzados a hacerlo. Él nació en la Ciudad de México en 1947, y treinta y dos años después publicaba su primer libro de poesía, Algarabía inorgánica. Luego han venido, espaciadamente como se ve por las fechas, ¿Hacia dónde es aquí? (1984), Los días descalzos (1992), Balanza de sombras (1997), El quieto (2008) y Los árboles que poblarán el Ártico (2012). A lo anterior se suman, en este volumen, quince poemas inéditos de un libro próximo.
     Junto a otras virtudes generales, para todos, en lo particular la poesía de Deltoro me traslada a mí a un país que amo y que por ello me exaspera: jacarandas, zopilotes, lugares de la Ciudad de México (esa glorieta Citlaltépetl junto a la que viví unos días) y las palabras que allí designan de forma diferente realidades cotidianas (alberca por piscina, banqueta por acera) me han hecho sentirme de nuevo en aquella tierra por obra y gracia de esta poesía que, aunque muy definidamente mexicana, no es localista. El poema "Chilangos" no solo habla de los capitalinos, también lo hace, o puede hacerlo, de los habitantes enervados de cualquier gran ciudad, aunque no sea el monstruosamente enorme DF. 
     Pero dejo el espacio y voy al tiempo, que es el tema de dos de los poemas mejores de Deltoro. El primero es "Departamento". En él, el sujeto del poema lee libros de la biblioteca paterna, sobre la mesa familiar. Y cuenta con versos como estos:

Vivo en un departamento en el que vivieron los míos;
todo está tocado aquí, incluso lo nuevo,
todo me recuerda que es un hábito del tiempo la muerte:
por su larguísimo pasillo pasan, como por un puente,
su inexistencia y mi vida enlazadas.

El tema del tiempo, sin embargo, adquiere su mayor plasticidad en  este otro poema del mismo libro, Balanza de sombras, al que ofrece su título:

A ambos lados de las doce,
del punto cero de las sombras,
las sombras equidistantes y enemigas
de la mañana y la tarde,
simétricas como la cosa y su imagen,
distintas y gemelas, 
una al poniente del objeto, 
otra al oriente,
la una fresca, la otra tocada por la muerte,
dibujan los dos brazos
de una balanza de sombras.

lunes, 9 de mayo de 2016

La generosidad de Carlos Alcorta



En su blog, el poeta cántabro se ocupa de El bosque sin regreso. Cada crítico añade capas y matices nuevos y con ellos el libro se hace más rico. Gracias.

domingo, 8 de mayo de 2016

El sobrino de Cernuda




Esta mañana, cuando me dirigía a comprar los periódicos en el quiosco de prensa de la calle Almirantazgo, me he encontrado con Ana y Ángel Yanguas justo ante el portal del edificio en el que he estado varias veces para visitarlo y recabar alguna información e él, quienes me han dado la noticia: el pasado jueves murió su padre, Ángel María Yanguas Cernuda, el sobrino de Cernuda. Se trataba del único hijo que sobrevivió (el otro murió niño durante la guerra civil) de Ana, la hermana casada del poeta.
En el correspondiente tomo de sus diarios, Andrés Trapiello cuenta cómo lo trató cuando se preparaba un volumen con motivo del congreso que en Sevilla se celebró para conmemorar al autor de La realidad y el deseo en el veinticinco aniversario de su muerte. Creo que Andrés cargó las tintas ahí, pues el retrato que ofrece lo presenta desfavorablemente, típico de tantos herederos de autores que estorban la difusión de sus deudos. Al menos, no es la imagen que yo guardo de él: puedo decir que me trató con corrección y disponibilidad cuando me documentaba para escribir la biografía de Cernuda. No me facilitó, alegando el carácter íntimo y lo difícil de su acceso, en un trastero, las cartas que el exiliado desde 1938 fue mandando a lo largo de los años a la familia. Lo comprendo, en el fondo. Ese epistolario habría aportado sin duda información para reconstruir la vida de Cernuda, pero en él no hablaba el poeta sino el familiar, el hombre.
Cuando fui a México, llevé recuerdos de su parte a la familia de Concha Méndez, a Paloma Altolaguirre y Paloma Ulacia. A la vuelta, le transmití saludos de quienes conocieron al sevillano que en su casa de Coyoacán escribió Desolación de la Quimera. Fui testigo del afecto entre aquellos que llevan la sangre de quienes convivieron en Madrid y en la Ciudad de México.
        El legado de Cernuda fue adquirido hace años por la Residencia de Estudiantes. En el domicilio sevillano junto a la catedral cantada en Ocnos quedaban algunos ejemplares valiosos de la biblioteca del poeta, libros sobre él y poco más. Cernuda quiso a este sobrino, al que conoció, y fue feliz cuando le dio a su vez un sobrino nieto, al que ya no llegaría a ver en persona. A don Ángel, caballeroso, amable, me lo encontraba por este barrio nuestro dando el paseíto primero a pie y luego, ya impedido, en compañía de una cuidadora, aún caminando con bastón inicialmente, luego ya en silla de ruedas. Hacía tiempo que no lo veía por el Arenal, por la avenida. He sentido su muerte como la de alguien cercano; como un apéndice, un capítulo o una nota al pie de la vida de su tío. Leeré algunos versos de este para recordarlo.

sábado, 7 de mayo de 2016

Descenso a los infiernos


Ignacio F. Garmendia abre su colaboración mensual en Mercurio con mi ya inminente biografía de Cirlot (24 de mayo), Ahora mismo están chocando las espadas del poeta con ese otro metal, el de las imprentas.

jueves, 5 de mayo de 2016

Poesía habitable



Luis Bagué Quílez, uno de los más atentos críticos de poesía y excelente poeta él mismo,  ha reseñado El bosque sin regreso en el periódico en una pieza que me hace el honor de compartir con Ioana Gruia. Luego lo ha publicado en su blog.
     Esta tarde estaré firmando el libro en la caseta 25 (La Isla de Siltolá) de 19.30 a 20:30 h.. Antes, en la pérgola y a las 18 h., se presentará el número 7 de Estación Poesía.


martes, 3 de mayo de 2016

Con Ausías March



Son fechas de locura estas de la Feria del Libro de mi ciudad (en otras será lo mismo, pienso, para los autores locales). Compromisos, solicitudes de presentaciones, cumplimentaciones, saludos, mesas redondas, firmas. En el fondo, uno es un esquivo que aunque concurra a una plaza del centro propende al límite y la periferia, y bien comprende a Ausías March, que en impecable traducción de José María Micó dice desde su siglo XV:

Yo soy aquel que en tiempo de tormenta
cuando las gentes huelgan junto al fuego,
pudiendo compartir sus diversiones,
descalzo y sin cubrir voy por la nieve.

lunes, 2 de mayo de 2016

TEMPLO MAYOR






I

Despojadas de piel, las calaveras
se apilan blanquecinas en sus gradas,
en paredes de ojos y mandíbulas
y orificios nasales. Contemplaron
la luz de México-Tenochtitlan,
pero hoy que están ciegas las observo
con el pavor de un hombre de Cortés
que ha sobrevivido al escorbuto
para ver estas olas de cadáveres
y horror petrificado. El mediodía
bruñe ya sin sudor unos frontales
que no guardan recuerdos ni inquietudes.
Un coro silencioso grita y calla
conjuros de una raza enmudecida.

II

Marcho con Bernal Díaz del Castillo
y no dejamos huellas tras nosotros
como no imprimen trazas por el cielo,
pese a su nombre azul, los zopilotes.
Pero aquí sin embargo los vestigios
de una cruel sillería alucinada.
Como huevos que puso el sacrilegio
en hileras que incuba la serpiente,
¿es esto un camposanto o la fatiga
de hombres que se cansan de ser hombres
y elevan un altar al matarife?

III

¿Se puede profanar lo abominable?
¿Masacrar a los muertos? Sin pensarlo,
desecamos de sangre la laguna
dejando sangre nueva sobre el polvo.

domingo, 1 de mayo de 2016

Primero de mayo



Este poema se atribuye a Finn, el caudillo irlandés de los fianna. Se conserva en un manuscrito del siglo XV pero el texto pertenece al IX. Lo traduje en Antiguos poemas irlandeses (Gredos, 2001):

Primero de mayo, hermosa vista,
espléndida época;
entonan los mirlos un canto pleno
cuando despide el sol un débil rayo.

Llama el cuco fuerte y vigoroso;
bienvenido sea el verano:
él aquieta las acerbas tormentas
en las que el tupido bosque es lacerado.

Amengua el verano el pequeño arroyo;
buscan un estanque los veloces caballos;
se despliega el alto brezo;
crece el follaje hermoso y delicado. 

Retoñan las yemas del espino;
corre liso el océano;
el mar se duerme;
cubren las flores el mundo.

Llevan las abejas (poca es su fuerza)
una carga de flores selectas en sus patas;
la montaña da con abundancia
y atrae hacia sí al ganado.

Canta el bosque su música;
proporciona paz perfecta la melodía;
se levanta el polvo del hogar
y la niebla del lago lleno de agua.

Habla la enérgica polluela;
canta la alta y pura cascada
contenta de tener cálidas aguas;
ha llegado el susurro de los juncos.

Se lanzan arriba las golondrinas;
fuerte música rodea al alcor,
crecen frutos dulces y exquisitos;
(...)

(...)
eleva su canto el firme cuco;
da un salto la trucha;
fuerte es la (...) del guerrero presto.

El vigor de los hombres crece;
pura es la excelencia de las grandes pendientes;
hermosa es la extensión de cada bosque;
hermosa cada linda gran llanura.

Deliciosa esta época del año;
se ha ido el crudo viento invernal;
brillante el bosque; fértil, el agua;
gran paz; alegre verano.

Una bandada de pájaros se posa
en el sitio por el que anda una mujer;
hay un rumor en un campo verde
por el que corre un brillante y raudo arroyuelo.

Gran ardor, monta de caballos;
se alinea la apretada hueste;
la charca es noble en prodigalidad:
pone oro en las pupilas.

El hombre débil teme lo que oye;
el hombre firme canta animoso;
en justicia canta:
"¡Primero de mayo, hermosa vista!"