miércoles, 20 de septiembre de 2017

martes, 19 de septiembre de 2017

Torremolinos de pueblo a mito





Se presenta hoy en Torremolinos el libro que coordinado por Alfredo Taján y editado por Litoral recoge varias décadas del magnetismo que ha ejercido la localidad malagueña. Yo he colaborado con un artículo en que recuerdo la visita de Cernuda al Castillo del Inglés.

lunes, 18 de septiembre de 2017

domingo, 17 de septiembre de 2017

Diccionario para mitómanos



Así titula Luis Alemany la entrevista que me hizo y publicó ayer en El Mundo con motivo de la aparición de En busca de la Isla Esmeralda. Diccionario sentimental de la cultura irlandesa.



sábado, 16 de septiembre de 2017

Don Juan cabalga de nuevo





Rafael Marín agavilla en su persona diferentes saberes y quehaceres: profesor, traductor, experto en historietas y guionista de cómics, novelista... Había ido dejando durante meses y meses pistas de que estaba embarcado en una larga y ambiciosa obra, que por fin ha visto la luz hace algunas semanas. Cinco años ha estado dedicado a ella. Y no es en verdad moco de pavo lo que ha hecho con Don Juan (Dolmen Editorial), un volumen que frisa el millar de páginas. Le ha dado la palabra al Burlador de Sevilla, al protagonista de tantos relatos, poemas y hasta óperas. En este largo duelo singular ha salido airoso, lo mismo en la inventiva de la narración que en la recreación lingüística, que tiene sabor pero no suena a arcaíca, ejecutada con un envidiable pulso.
     Comienza la narración donde estas suelen: por el principio. Y se derrama sobre las páginas la Sevilla de principios del siglo XVI. Siguen Toledo, Roma, Viena, Cádiz, Londres, Venecia... Y enrola a secundarios que ya los quisieran para sí muchos libros como protagonistas: "-Ah, Don Juan -me decía Garcilaso mientras compartíamos una botella del clarete italiano y disfrutábamos del momento sin preocuparnos por el ayer ni interrogarnos por el futuro-, cuánto me habría gustado estar allí presente en el asedio de Viena." Pero también figuran aquí Catalina de Aragón, Enrique VIII, Tomás Moro, Ignacio de Loyola, y algunos personajes inventados como el magnífico Capitán Centellas. La acción no impide, porque la memoria y las memorias invitan a ello, la sentenciosidad y los acentos graves, particularmente notables cuando el libro va tocando a su fin. Ameno y vrosímil, un libro, pues, de los que se escriben pocos o muy pocos. Es decir, de los que hay que recomendar mucho.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Una voz entre el ruido





Ni siquiera figura el nombre del autor en la cubierta. Solo por la contracubierta y el lomo sabemos que se trata de Marcos Matacana Martín. Dejaré a un lado el asunto de la identidad del autor para centrarme en la voz de estos poemas, en el protagonista poemático de una de las colecciones más coherentes y desoladoras de las publicadas en lo que va de año, si no más, y que desde luego es muy superior a la mayoría de títulos que se han aúpado desde hace varias temporadas a las listas de más vendidos en poesía que publican los suplementos. 
     Con poemas en general de mediana extensión o incluso relativamente largos (varios superan los cien versos), sin signos de puntuación pero con solvente y hasta brillante prosodia de silva, de gran musicalidad, las páginas de este libro que rondará las doscientas páginas sin numerar, Polvo en el aire, dibujan un protagonista reiterativo, obsesionado, que siempre está escribiendo de unas pocas cosas: las relaciones fracasadas, las pensiones y hoteluchos, la bebida, las prostitutas, el tabaco, un nihilismo radical adornado de vómitos y fetideces. Pero es esta una obra de alguien que conoce la tradición (no solo Bukowski, no solo Carver, sino también Bécquer o Cirlot) y se convierte, beat español que no tiene nada que envidiar a muchos de los norteamericanos, en un aullido de dolor difícilmente aplacable que discurre entre Eros y Tánatos.
     Hay mucho lenguaje coloquial, pero también referencias cultas; numerosos momentos desagradables y otros de una vulnerabilidad y fragilidad máxima. Matacana es una mezcla de Wolfe, Iribarren, Ginsberg y muchos más, pero como también Ballerina Vargas Tinajero, la poeta que recientemente se ha dado a conocer y con quien tiene tanto en común, Matacana es él mismo sobre cualquier cosa, porque una fórmula no es solo los elementos que intervienen en ella, sino un ars combinatoria que tiene mucho de alquimia.
     Hay numerosas composiciones en las que impera lo sórdido y que acaso echen para atrás a lectores pudibundos. Esta elegía, sin embargo, es demoledora. La traigo aquí como invitación a la lectura de un libro casi secreto, demasiado secreto:

HERENCIA

                                                        y sin calor las manos regresan del poema
                                                         José Julio Cabanillas


en África mi abuelo fue
o eso decía siempre
el soldado de su batallón
con mejor puntería

con los años sin embargo
se fue quedando ciego y lo recuerdo
inclinado sobre la mesa
rozando con las gafas la rugosa
superficie del papel
de un libro abierto

en las últimas visitas que le hice
cuando todo en esa casa era penumbra
me pedía que le leyese él no podía
aquellos viejos libros de poemas
Rafael Laffón Foxá
Murube o Bécquer
velados de amarillo y manchas negras

para qué otra vez si ya
te los sabes de memoria
y él mirando
Dios sabe viendo qué
me sonreía

en la mili yo también
presumía de puntería y un brigada
de esos gordos con bastante mala leche
me gritaba joder macho deberías
dedicarte a esto y dejar ya
tanta mariconada
eso fue lo que me dijo
exactamente

                     y esta tarde
al guardar las gafas en su estuche
negro que parece un cargador
he visto los dedos
las mismas manos
borrosas y desenfocadas
de mi abuelo

y he cerrado los ojos
y he acariciado el lomo de los libros
soldados alineados ensayando ya
la despedida

jueves, 14 de septiembre de 2017

Homenaje al Mérito Editorial





La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más importante de lengua española, anunció ayer que este año Juan Casamayor recibirá el Homenaje al Mérito Editorial. Es una excelente noticia por cuanto que se reconoce a un magnífico profesional que lleva años luchando por la dignidad de un género, el cuento, desde Páginas de Espuma, también abierta al ensayo y a los clásicos. Juan y todo su equipo están de fiesta, pero lo deben estar también todos los lectores. En este enlace, una sabrosa entrevista con él que con tal motivo publica hoy Charo Ramos en Diario de Sevilla.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Sólo hechos




Fue en 1990, hace veintisiete años, cuando leí un libro que aparecía recomendado, aquí y allá, por y para el discreto. Me llamó la atención y lo compré. Se llamaba El gato encerrado y su autor era Andrés Trapiello. Lo tomo ahora de la estantería y leo sus paratextos (perdón por el palabro), que incluyen con muy leves modificaciones el párrafo que desde hace tiempo se hace estampar en las sobrecubiertas de los volúmenes que han ido conformando un ciclo sin parangón en la literatura española: "En las viejas casas había siempre un Salón Chino, un Salón Pompeyano, un Salón de Baile, otro de retratos, cada uno empapelado o pintado de un color, con unos muebles apropiados y decoración idónea... En estos viejos palacios españoles había también un Salón que se llamaba el de los Pasos Perdidos. La casa que no lo tenía no era una buena casa. Era el salón donde nadie se detenía, pero por donde se pasaba siempre que se quería ir a algunos de los otros. A mí me gustaría que este libro se llamase Salón de los Pasos Perdidos. Un libro en el que sería absurdo quedarse, pero sin el cual no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo."
     Absurdo o no, un buen número de lectores nos quedamos en el Salón, y hasta la fecha, en libros que van apareciendo varios años después de lo sucedido y sin ánimo de exactitud documental, no en vano Trapiello también gusta de llamarlos una novela en marcha. El más reciente, Sólo hechos, discurre por los caminos conocidos, que son siempre nuevos al mismo tiempo. Aquí, por lo que respecta a la literatura, que acaso sea el tema menos importante de los diarios, desfilan un declinante Julio Aumente o un nonagenario José Antonio Muñoz Rojas, entre otros, incluidos sus editores valencianos en su retiro vacacional de la costa almeriense. Pero hay sobre todo vida, la menuda vida diaria en Madrid o en el retiro extremeño de Las Viñas, los conocidos risibles y los familiares queridos, el destello de un aforismo y unas descripciones portentosas, más el humor, más la agudeza, más una capacidad verbal inusitada, más una lengua afilada que a veces parece cruel pero a la que atemperan tantas ocasiones en las que se manifiestan la piedad y un fondo humanísimo, que sabe sufrir con los indefensos.  
     De Trapiello se dicen muchas cosas. Lo importante, sin embargo, es lo que él escribe. Si se empieza uno de los tomos de este diario o Salón, difícil es que no se avance por lo menos cien páginas por jornada. No hay muchos autores de los que uno haya leído veinte o más libros, y esto sin contar con los de los otros géneros: la poesía, las colecciones de artículos, el ensayo, la novela... La siguiente entrega será Mundo es, con las entradas correspondientes a 2007. No sé en qué mes aparecerá, pero ya la aguardo como agua de mayo.

martes, 12 de septiembre de 2017

Otras lecturas recientes (III)






Vienen al blog hoy tres novedades de poesía. De Luis Bagué Quílez, Clima mediterráneo (Visor), ganador del XXX Premio Tiflos, donde hay emigración, lecturas de lienzos o de pinturas rupestres, apariciones de Cervantes, haikus que trepidan con un tren de alta velocidad, inteligencia y tino al expresarla con una capacidad que no siempre está al alcande de todos: la de incomodar. También leí a principios de verano Testigos de la utopía (Pre-Textos), de Julio César Galán. Hay aquí en este libro singular, con tachones, composiciones hermanas del caligrama y notas a pie de página o al margen, también una presencia mediterránea, y la queja de los que tienen que abandonar su tierra. Tampoco es libro cómodo, ni siquiera en su presentación; lo cual, guste o no, no es demérito sino virtud. De Sonia Aldama, finalmente, he leído La piel melaza (Torremozas): amor y desamor, la presencia de la hija, un esbozado viaje a Dublín, flores que envejecen y el tono melancólico de la saudade: "Eres luciérnaga esquiva, / telar construido sobre éxodo de mirlos / que niegan su sed / sobre el aljibe de tu boca."

lunes, 11 de septiembre de 2017

Otras lecturas recientes (II)





Continúo con el repaso de los últimos libros leídos. En poesía, Al umbral de las horas, de Mario Vega en Valparaíso, que no es en realidad novedad, pues salió el año pasado por estas fechas, pero se trata de un muy buen debut del poeta asturiano, que hasta ahora solo había publicado en revistas; también el primer libro de la cordobesa de Pozoblanco Ana Castro, El cuaderno del dolor (Renacimiento), que hace justicia a su título, sin sentido figurado, pues nace de un crónico dolor físico muy bien transfigurado en versos emocionantes, que extienden también sus alfileres sobre otros ámbitos; Juegos de misantropía, del poeta de Sanlúcar de Barrameda Juan José Vélez Otero (Anantes), libro, también duro, que canta la soledad y la derrota ("Bésame la boca / y ahuyenta mi tristeza de lata en la basura"); por último, dos obras del panameño Javier Alvarado, Carta natal al país de los locos y Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín, ganadores de sendos premios que confirman al autor, quien hace poco ha estado en España, como una voz ya imprescindible de la actual poesía hispanoamericana. En el terreno de la novela, y en estas fechas en que la estación toca a su fin, Hasta que sea verano, de Ignacio Barral (Anantes), retrato coral de un grupo de amigos con playas y pasiones juveniles, con transformaciones como las que refiere uno de los persoanjes: "El tiempo nos cambia y nos vuelve a todos desconocidos y extraños."

domingo, 10 de septiembre de 2017

Otras lecturas recientes (I)



Jorge Ibargüengoitia


Le gustaría a uno dejar aquí constancia de todas sus lecturas, las completas y los picoteos. No siempre es posible. De las de estas semanas pasadas no querría dejar de mencionar algunas: en poesía, QWERTY (Isla de Siltolá), de Itziar Mínguez Arnáiz, con su inteligente y fresca disección de la escritura, aquí a partir del teclado de una máquina de escribir u ordenador, pero también de la creación poética; a caballo (o elefante, o camello) entre la poesía y el diario, La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés 1987-2004 de Jesús Aguado en la desaparecida DVD (el libro es de 2010), testimonio de muchos años de frecuentación de la India que solo había leído en parte al aparecer una primera entrega y ahor, claro está, me ha deslumbrado íntegro; también de tema indio, el largo ensayo de Roberto Calasso El ardor (Anagrama) sobre el mundo védico y sus sacrificios; en narrativa, el estreno de Sofía González Gómez con su colección de amores, encuentros e incomunicaciones que es Una playa de septiembre; en un formato que me resulta delicioso cuando el talento del autor acompaña, como es el caso, la recopilación de artículos, Misterios de la vida diaria (Booket) del tan a menudo desopilante Jorge Ibargüengoitia, que me recuerda cada vez más a Flann O'Brien cuando escribía para el Irish Times con el seudónimo de Myles na Gopaleen atizando a la idiosincrasia nacional.

(Continuará)

sábado, 9 de septiembre de 2017

Tiembla



El reciente seísmo que ha asolado el sur de México me ha hecho recordar este poema que escribí hace unos años cuando partía del aeropuerto Benito Juárez de la capital del país. Creo que permanecía inédito:



TERREMOTO EN EL AIRE

Has embarcado en el avión,
dispones tus cuadernos y la manta,
la almohada que emerge de su bolsa
como el sueño del día y del cansancio.

Si ahora un terremoto desgajase
esta tierra feroz que te despide,
si justo cuando el ala, y su gemela,
al alzar el vuelo acuchillaran
la engañosa paz, y la pista
trozos se hiciera como seres que aman,
¿qué quedaría de esta semana,
de las horas de plática y tequila
y acentos cantarines, como un coro
de veintidós millones de habitantes?

Trizas sin trazas, un sueño
borrado al despertar, como la tierra
que abajo queda entre sus nubes

blancas sobre otras de escombros.

viernes, 8 de septiembre de 2017

De fantasma a fantasma


Carlos Edmundo de Ory


El Ateneo Jaqués ha dedicado recientemente su revista al Postismo, en un número monográfico que ha resultado ser muy completo. Me pidieron un artículo. Es este:

DE FANTASMA A FANTASMA

Juan Eduardo Cirlot y Carlos Edmundo de Ory




La historia de las relaciones de Juan Eduardo Cirlot (1916-1973) con el Postismo es también la del poeta barcelonés con otros grupos y movimientos. Ilustra muy bien su radical soledad aunque también su necesidad de amistad, reconocimiento, compañía, aunque únicamente fuera para anclarse a una realidad de la que como un globo aerostático su compleja alma se alejaba de continuo para surcar, acaso sin regreso, no se sabe bien qué cielos, qué tormentas estratosféricas o abisales, tanto da. Su contacto con el grupo compuesto por Carlos Edmundo de Ory, Chicharro hijo y Silvano Sernesi tiene, así pues, su correlato con su acercamiento a Dau al Set, al grupo surrealista parisino, a la Academia del Faro de San Cristóbal… En todos esos colectivos, el singular Cirlot es como agua entre el aceite. Siempre es periférico. Está pero no está, como asumiendo la máxima hamletiana, modificada, que al final de su carrera poética se convirtió en “ser y no ser”.
            A los postistas se acercó un Cirlot joven en sus primeros vagidos literarios queriendo impresionar –tenía motivos para hacerlo–, pero él, que aunque tenía un gran sentido del humor era un ser trágico, chocó con las chanzas y un punto de menosprecio del grupo madrileño, que prefirió de él las cartas enfebrecidas a los poemas, y publicó comentarios con su firma, mas no sus versos. A aquel “Amigos: leo vuestra revista, yo, un habitante de la sombra temporal” le sucedieron comentarios que lo mismo aportaban un lema que recriminaban y condescendían: “Es bello y surrealista escupir al padre, por eso os perdono que no queráis confesaros sola y simplemente: surrealistas.”
Cirlot no se integró en el grupo, pero si se me permite la boutade fue un sol que orbitó sobre aquella luna trastocando las leyes de la astrofísica, un satélite que más aún que satélite fue planeta, y estrella solitaria cuya rareza no consintió tener sistema solar. A Chicharro le escribió más adelante para pedirle documentación de cara a la redacción de la entrada dedicada al Postismo de su Diccionario de los Ismos. Con aquella petición, declaraba: “Amo la geología del postismo y si no me siento sumido en sus ammonites aestéticas no es por falta de adhesión, o mejor, de intrusión, sino porque ciertas razones geográficas […] me obligan  a mí a comerme mis venas en soledad y en retiro hecho de trabajo y de obscuridad; sin resonancias ni compañerismo alguno.”
De las cartas del año 1945, recién regresado el futuro autor de Bronwyn a Barcelona tras el cumplimiento del segundo servicio militar, ahora en Zaragoza, lo más interesante y valioso que quedó fue su relación epistolar con Carlos Edmundo de Ory. Esta se desarrolló muy intensamente en una primera etapa que abarca desde el citado año a 1952, y una más breve y de menor afinidad a principios de los años setenta, cuando Cirlot ya había alcanzado su cenit creativo y se despeñaba, en lo humano, por la enfermedad: un cáncer de páncreas que se lo llevó a los 57 años.
            El epistolario se conserva perfectamente ordenado en la fundación gaditana que lleva el apellido de Ory (este, pese a su aspecto y formas de cierto alocamiento despreocupado, juguetón, hizo siempre gala de una gran meticulosidad incluso en épocas en las que aún no era bibliotecario, como si pusiera en práctica aquel dicho de Nietzsche de que “la madurez del hombre es haber a vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba de niño). Allí, en esas cajas, hay también recortes, números de revistas, manuscritos, borradores, postales, cuadernos dedicados, fotografías, tarjetas, libros en ejemplar único de aquellos de los que confeccionaba Cirlot como si estuviera en un scriptorium medieval de la Irlanda de la que procedía una rama de sus antepasados, los Butler… Gracias al celo de Ory (Carlos, como lo llaman los más cercanos), se han podido salvar materiales que de otra manera no habrían llegado hasta nosotros. Entre ellos, el Libro de Cartago y la Suite atonal (Cirlot destruyó todas sus partituras cuando vio que no pasaría de epígono como compositor). También, un largo poema que alcanza casi la docena de cuartillas, “Diálogo infinito”, que era desconocido hasta que lo hallé cuando preparaba la biografía de Cirlot entre aquella correspondencia y que, puesto luego a disposición de su hija Victoria, ha sido incluido en la reciente antología de la poesía cirlotiana preparada por Elena Medel El peor de los dragones.
            Cirlot hizo con sus papeles personales borrón y cuenta nueva en varias ocasiones, pero Ory fue acopiando desde el principio documento tras documento, de manera que tenemos las muchas cartas cruzadas entre los dos, que hasta la fecha solo se han publicado parcialmente. En ellas hay confidencias, peticiones de favores, tanteos poéticos, la forja de lo que llamarían sus protagonistas una “amistad celeste”. Llegaron a escribirse con tanta frecuencia, y tanta familiaridad adquirieron, que en cierto momento de silencio el barcelonés insta al gaditano, al que otras veces llama su hermano o “querido hijo” (Cirlot era siete años mayor): “¡Perro! ¿Por qué no me escribes?”
            Ory le dedicó en 1946 su “Ante un retrato tristísimo de J.E.C.” (luego, en 1963, “Inspirado en un retrato de JEC”). Acierta originalmente de pleno en el adjetivo, incluso en el superlativo que lo acrece, pues la tristeza fue elemento consustancial de Cirlot, tanto que en el genial retrato otro, el autorretrato que tituló “Momento”, en 1971, el autor de Susan Lenox escribió que casi siempre estaba triste, y aclaraba: “Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de Roma y de mis campañas con Lúculo, Pompeyo o Sila, / y de que recuerdo también el brillo dorado de mis mallas doradas en los tiempos románicos, / y proviene de que nunca pude encontrar a Bronwyn cuando, entonces, en el siglo XI, / regresé de la capital de Brabante y fui a Frisia en su busca. / Pero pensándolo bien, mi tristeza es anterior a todo esto, pues cuando fui en Egipto un vendedor de caballos, / ya era un hombre conocido por “el triste”.” Además, de puño y letra de Cirlot, el Libro de Cartago lleva como subtítulo entre paréntesis: “diario de una tristeza irrazonable”.
            Luego, Ory le dedicaría algunas páginas más en las que evocaba la relación que los unió y cómo esta, a la postre, se enfrió. Solo se vieron dos veces: una en Madrid, la otra en Barcelona. Su amistad fue la de dos de los más grandes poetas españoles de la segunda mitad del siglo XX, que en el caso de Cirlot fue una contingencia un tanto espectral, pues su mundo verdadero era el de la civilización sumeria, el de los cartagineses derrotados por Roma, el de la épica germánica, el de las pervivencias célticas en el cristianismo, el de la herejía al bigense.
            Lo que había de bromas en aquella primera etapa (como escribir Cirlot “Genio Nacional” tras el nombre del destinatario en un sobre dirigido a Ory a su pensión madrileña, entre otras expansiones festivas, asimismo en los remites, que alegrarían la mañana la cartero que hiciera el reparto) se convertirá en un tono lúgubre cuando en 1970 Cirlot ponga al corriente a su amigo de lo que ha publicado desde “entonces”. Y un buen número de líneas más abajo: “¡Cuánto hablo! ¿A quién? De fantasma a fantasma.” Ory mostró interés en publicar las viejas cartas. Cirlot lo desaprobó, más distante y desengañado, más nihilista. Dos cartas después, también en octubre de 1970: “En lo que se refiere a nuestra amistad, advierte (cosa extraña) que está hecha de adivinación más que de nada, pues apenas nos conocemos en realidad.” Les separan varias cosas, como la inclinación al budismo que siente Ory y el desprecio por esa corriente espiritual que tiene Cirlot, que como hombre occidental se siente muy lejos de la aniquilación del deseo.
            Ory se preocupó por la magia, por las posibilidades del lenguaje, entre las que intervienen las aliteraciones, tan cirlotianas. Pero uno fue alegre, infantil, lleno de asombro por todo; y el otro triste, muy viejo de reencarnaciones en las que en realidad (doble maldición) no creía, y horrorizado por nada y por lo nunca. El centenario de Cirlot ha pasado con menos ruido del que merece; ojalá el de Ory, dentro de pocos años, sirva para un mejor conocimiento del gran raro luminoso –como Cirlot fue el gran raro oscuro– de nuestra poesía reciente.
           




jueves, 7 de septiembre de 2017

El barbero de Sevilla




En la última visita a Dublín, hace pocos días, el taxista que nos llevó al hotel entabló conversación amable y parlanchina, no tanto por trabajarse una propina como por dar salida a esa facundia de los de su profesión cuando tienen alguien que los escucha y no amarra lengua y oídos con el cinturón de seguridad del silencio. Los veintitantos minutos que se tardan desde el aeropuerto a Stephen's Green dan para mucho, y cuando, pregunta habitual, respondimos a la interrogación sobre nuestra procedencia, el taxista, que era un calco del presidente de Sinn Féin hace cien años, Arthur Griffith, nos preguntó si conocíamos al "barbero de Sevilla". Resulta que una vez, estando de visita en la ciudad, se había cortado el pelo con Melado, el barbero que a mí mismo me atiende y que me había arreglado no hacía ni una semana. Melado es un gran profesional, autor de letras de sevillanas conocidísimas, y aparece en varias guías turísticas.





Arthur Griffith


Fue precisamente entonces cuando me dio Manuel Melado un ejemplar de su libro Cantares entre dos orillas, que reúne soleares, sevillanas, villancicos, seguidillas, coplas, junto a otros poemas también de corte popular de su amigo trianero Ángel Vela. Es un tipo de poesía esta que juega en una liga diferente de la que leemos y escribimos la mayoría, lo cual no es un juicio de valor, porque virtud de aquella es su honradez y su hondura difícilmente superable cuando da en la diana, ese blanco favorecido por la brevedad y la concentración. Nostalgia, ironía, gracia, son elementos que abundan aquí. Una muestra:

Que me costó un dinerá
el espejo que yo tengo
y la imagen que me da.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Dos versos de Hamlet





Cada vez es más cansado hablar de política. No lo haré y me limitaré a copiar aquí dos versos de "Hamlet" (3.3.1-2) que se pueden aplicar perfectamente al honorable presidente de la Dinamarca del Sur: “I like him not, nor stands it safe with us / To let his madness range. Therefore prepare you.” (“No me gusta, ni es seguro para nosotros / que esa locura suya campe a sus anchas. Preparaos entonces.”)    

martes, 5 de septiembre de 2017

Una botella






Se publicó antes del verano Verdad y media. Antología de aforismos españoles del siglo XXI (201-2016). Es el hermano mayor de una antología más sucinta, esta en tamaño bolsillo, también seleccionada por León Molina y publicada igualmente por La Isla de Siltolá dedicada al género. Realmente, el caudal de agudezas que discurre por el libro es enorme, y entre sus virtudes se encuentra la de aunar a nombres suficientemente conocidos otros que muchos descubrirán en estas páginas. Personalmente, habría agrupado los aforismos por temas o habría tratado de colocarlos en perchas diferentes, con algún tipo de criterio más allá del de estos capítulos abiertos con números romanos. Ello tiene sin embargo la consecuencia de que hay que espaciar la lectura para no fatigarse, lo cual es en realidad el mejor modo de leer estos y otros aforismos, que como tiros de precisión que son pierden definición y puntería en la humareda de toda una canana disparada sin interrupción. Hay decenas que podrían escribirse en mármol. Uno que también, pero que se escurre, por lo efímero de su objeto, es este de José Ángel Cilleruelo: "El tiempo es una bebida que se consume creyendo que la botella sigue llena en la nevera."

lunes, 4 de septiembre de 2017

Willy y George







Ignacio F. Garmendia publicaba en Diario de Sevilla esta extensa crítica de mi novela Los fantasmas de Yeats. Muchas gracias.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Librerías de Londres






Publiqué este artículo en el suplemento El Viajero de El País hace poco:


LIBRERÍAS DE LONDRES

Como ya nada es lo que era, conviene agarrarse a lo que es hoy antes de que deje de ser. Ya se verá qué es lo que lo sustituye, pero de momento ahí está el presente, sobre el cual –y sobre su padre el pasado y su hijo el futuro– escribió brillantemente T. S. Eliot en Cuatro cuartetos. Eliot fue editor y conoció bien el Londres de excelentes librerías que se agolpaban en torno de la milla de oro libresca, Charing Cross Road, que ha ido perdiendo locales independientes e incluso eslabones de cadenas (recuerdo un Waterstones, un Blackwell’s, un Books Etc.) pero mantiene aún muy alto el estandarte. El subgénero literario de obras sobre librerías cuenta con varios títulos destacados, el más exitoso el que hace unos años descubría una correspondencia comercial que viraba a lo personal y tenía como escenario el número 84 de la calle. De libro viejo, sigue estando allí en el número 56 Any Amount of Books, y en el 72 Quinto. Pero la parte del león se la lleva Foyles en el 107 de la calle. Ocupa ahora una ubicación próxima a la original pero es este un nuevo establecimiento amplio, luminoso, moderno, con café y sala de actividades que ha dejado como incunable a la vetusta tienda que lo precedió. Cuenta además con una nutrida selección de revistas especializadas, no solo literarias, entre las no se echa casi ninguna en falta. Cierra a las nueve de la noche de lunes a sábado (una hora bastante tardía para lo que se estila en Gran Bretaña).
            No muy lejos está el barrio de Bloomsbury, que presta su nombre a un grupo literario en el que descuella Virginia Woolf. El Museo Británico y la Universidad de Londres garantizan un ecosistema cultural que ha hecho posible un buen número de librerías, entre las que está, como herencia del espiritismo que tentó entre otros a Arthur Conan Doyle, las esotéricas The Atlantis y Treadwell’s. No pongo aquí sus direcciones, que el interesado ya las hallará por algún médium. Sí, más racionalista y pegada a la tierra, a unos pasos del museo, en el 14 de Bury Place se halla la London Review Bookshop, que cuenta con un familiar café anexo. A veces prolonga su horario, y siempre se pueden degustar junto a tentempiés vegetarianos cócteles. En su sótano cuenta con una excelente sección de poesía. La librería es la sede de un periódico quincenal que no solo contiene información y crítica bibliográfica sino debates sobre la actualidad social y política. De igual modo, quitando mesas y poniendo sillas, se celebran actos, charlas, presentaciones. Hace unas semanas, sin ir más lejos, ha intervenido Paul Auster.
            Si Londres tiene un centro, acaso sea Piccadilly Circus. En la avenida homónima, junto a Cordings, donde sir Eric Clapton y yo encuadernamos nuestras tripas (así se llama al interior de un libro) con chaquetas de clásico tweed, está la histórica Hatchards, que abrió en el siglo XVIII y siempre ha estado muy ligada a la realeza. Es una estupenda librería añeja, con moqueta y escalera de madera, con personal elegante que parece trabajar en un bufete. Parece la predilecta de los coroneles retirados con bigotillo y de las marquesas que se han dejado la pamela en casa: tiene por ello buenas secciones sobre historia militar y sobre genealogía y aristocracia. En un entorno mucho más actual, en breve transición de yardas a metros se encuentra la principal de las Waterstones ocupando todo un edificio. Lejanos están ya los días en que bajaba la persiana como una Cenicienta a la medianoche, pero las diez es una hora respetable que permite ese lujazo superior al de café, copa y puro: hojear libros después de cenar.
            Al otro lado del Río Grande de Oxford Street, al norte de ese muro de gente que se solidifica en las aceras, y en la muy agradable Marylebone High Street, merece la pena una visita a otro buque insignia: el de la pequeña cadena Daunt Books. En tres niveles, posee una hermosa galería con balaustrada de roble bañada por luz natural. Este confortable invernadero de libros con suelo de parquet tiene también sótano y acomoda libros finos y ladrillos tras la fachada también de ladrillos, no impresos, de un edificio eduardiano, interrumpidos por el escaparate con molduras verdes. También publican títulos selectos. Y su fuerte es una amplia panoplia de libros de viajes que compite con la no tan hermosamente dispuesta de Stanfords (12-14 de Long Acre, en Covent Garden).
            Una buena librería es un lugar en el que se suspende el tiempo y los números del reloj ceden a las letras. Con todo, quien quiera echarse temprano a la calle en busca de libros tiene, además de las sucursales de las estaciones de tren, Blackwell’s (50 High Holborn), que abre a las 8 de la mañana, aunque su oferta es limitada y su especialidad la economía.

            Fuera del centro, en el Notting Hill del Napoleón de Chesterton, abrió en 2009 la coqueta Lutyens & Rubinstein (21 Kensington Park Road), fundada por unas agentes literarias que saben lo que se traen entre manos y hasta organizan listas de bodas (cuyos regalos son, naturalmente, libros).

sábado, 2 de septiembre de 2017

54




Georg Christoph Lichtenberg


He empezado con energía esta antesala del otoño, aunque solo sea para que no se cumpla en mí, que justo ahora tengo esa edad, lo que Lichtenberg escribía en uno de sus aforismos (la traducción es de Juan Villoro) en una época en la que, claro está, era otra la esperanza de vida: "Tenía entonces 54 años, una edad en que -aun en los poetas- el entendimiento y la pasión empiezan a conferenciar sobre artículos de paz, y por lo general la alcanzan no mucho después."


viernes, 1 de septiembre de 2017

El regreso





En puridad, no me he ido. No ha habido actualizaciones del blog durante los meses de julio y agosto, pero uno ha continuado escribiendo, traduciendo, viajando, tomando nota aunque fuera mental de mil asuntos, estímulos y preocupaciones. A partir de hoy, septiembre ya encima, esta pantalla volverá a llenarse con entradas espero que diarias, salvo cuando algún inponderable acontezca o el más previsible de ellos, la pereza, pida su soldada. Seguirán viniendo aquí reflexiones, poemas, versiones, enlaces. Por su antigüedad (es de principios de enero), aunque se haya publicado hace pocas semanas, comienzo con el texto que el Anuario Joly 2017 Andalucía me solicitó sobre las efemérides literarias del pasado año, como se recordará cuarto centenario de las muertes de Cervantes y de Shakespeare. Desde que se escribió, se ha producido la buena noticia de que Juan Manuel Bonet ha sido nombrado director del Instituto Cervantes, y me consta que este tiene la intención de avanzar en la línea que comento a mitad de mi artículo. Bienvenido sea. Aquí, sin más dilación, mi balance de los mencionados fastos:



DE SHAKESPEARE Y CERVANTES


Lo lógico sería que de las personalidades artísticas y literarias se celebraran sus natalicios, ese echar a andar sus prodigios creativos. Sin embargo, debido a cierto gusto desmedido por las efemérides y por una necrofilia que solo se nos cura irreparablemente cuando acaba la vida, los aniversarios de las muertes también ocupan la atención, sin mucha distinción ni discernimiento entre lo festivo y lo luctuoso. Conmemorar el fallecimiento de alguien que destacó por su obra es como marcar con un hito o señal tras una inundación: hasta aquí llegaron las aguas. Que las de Shakespeare y Cervantes fueron caudales y hasta dos océanos nadie lo duda. Bien está entonces la conmemoración, además con la casualidad de las fechas de sus óbitos (una coincidencia espuria y de manga ancha, porque no murieron simultáneamente aunque se aproximaran mucho los calendarios con los que cada uno de los dos fue deshojando sus jornadas).
            Shakespeare leería la primera parte del Quijote, traducida al inglés en 1612, y en ella se basaría para su obra perdida Cardenio. Cervantes, entre los diferentes trabajos de recaudación y avituallamiento que desempeñó con tan mala fortuna que unas cuentas deficientes lo llevaron a parar con sus huesos a la cárcel, fue comisario de abastos de las naos de la Armada que partió para Inglaterra, a la que esta, visto el fracaso, puso el mote de Invencible no tanto con flema inglesa como con ese otro humor: la mala leche. Aparte de esto, y de que el posible destinatario de los Sonnets participó en el ataque a Cádiz de 1587, de la que querría tomar venganza la Armada, poco más une a ambos colosos muertos en 1616. Ahora, en la magnitud de sus obras los dos tienen en común brillar no solo por encima del resto de sus contemporáneos, sino proyectar esa estatura, a modo de larga sombra luminosa, sobre las generaciones siguientes.
            En los países de lengua inglesa, y no solo en el Reino Unido, Shakespeare ha sido celebrado el pasado año de mil maneras que van de las incontables adaptaciones de sus obras teatrales a la escritura a cargo de destacados narradores de novelas basadas libremente en algunas de esas comedias y dramas. Por lo que respecta a España y a Cervantes, a título privado muchas compañías de teatro han sumado su granito de arena al secarral de La Mancha, y no pocos ayuntamientos, diputaciones, universidades, han realizado sus aportaciones, que han incluido cursos, charlas y exposiciones. En Andalucía, los actos han tenido como eje un ciclo de conferencias que en colaboración con la Fundación Lara y Cajasol han hecho hablar de Cervantes a Trapiello, Eslava Galán o Caballero Bonald, entre otros. En el acto inaugural, la intervención de la consejera de Cultura fue la comidilla de los asistentes por ideologizar al manco de Lepanto haciéndolo poco menos que un pintoresco adalid de la Alianza de Civilizaciones, olvidando los años de cautiverio en Argel.
            Se ha echado en falta una implicación mayor del Estado representado por el Gobierno de la nación, que debería haber adoptado el cuarto centenario como una acción fundamental. Pero acaso esto hubiera sido pedir peras al olmo, porque el país sigue careciendo de Ministerio de Cultura y el Instituto Cervantes depende del de Asuntos Exteriores cuando lo cierto es que debería estar adscrito al del Interior (es decir, a un ministerio que se ocupara del alma española y que tuviera como  titular honorario de la cartera a Unamuno). ¿No tendría España que haber reivindicado con más brío y tino a su escritor más grande y universal?
            En la Nueva España, en las Indias a las que quiso marchar sin que se le concediera el preceptivo permiso, el Festival Cervantino de Guanajuato ha recordado por todo lo alto a don Miguel con Cervantes 400. De la locura al idealismo, donde en octubre hubo conciertos, espectáculos de danza, mesas redondas. Como no todo se agota en el Quijote, la Orquesta Nacional de España interpretó el Persiles y Sigismunda del peruano J. López. Es México un país que pese a sus enormes conflictos ha dado el paso de crear la Secretaría de Cultura (con rango de ministerio) cuando aquí se menosprecia la auténtica marca España, que es la de sus artistas y escritores: la de todos sus hijos quijotescos.
            El poeta malagueño Manuel Altolaguirre, creador de extraordinarias revistas, editó en Londres con su esposa Concha Méndez en 1934-1935 una exquisita, 1616, que explicaba en su subtítulo o llamada que aquel año saw the death of W. S. & M. de C., no hace falta decir a quiénes pertenecen esas iniciales. Curiosamente, no se publicó en sus páginas nada de Shakespeare ni de Cervantes, aunque sí versos de la Diana de Montemayor traducidos por Sidney en 1590. Fue otra Armada, ya no de guerra sino de literatura; no de cañones sino de cabos para unir y anclas con las que permanecer juntos.

            Dos veces cuatrocientos años hace que se fueron el autor del fingido loco Hamlet y el del loco que quizá no lo fue, Quijano. Ochocientos años sumados que, tan vivos están, semejan un suspiro.


viernes, 30 de junio de 2017

Espejuelos



El Periódico de Poesía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) llega a los cien números. Para celebrarlo, algunos de los colaboradores de estos años escribimos nuestros parabienes y balances en una sección que se denomina "Espejuelos". Aquí mis palabras.




(Fuego con Nieve volverá en septiembre. Para no agotar el caladero, justo es que entre en una necesaria parada biológica)

jueves, 29 de junio de 2017

El viajero





Estudio mucho
preparando un viaje,

dinastías y ciudades
que se me olvidan.

Sueño entonces que llueve
en mi destino:

empapa el monzón
mi desmemoria

mientras arrastra el agua

palacios y reyes.

miércoles, 28 de junio de 2017

Un viaje a Benarés






José Tono Martínez, autor de libros y proyectos raros y extravagantes (dicho sea en tono laudatorio, y sin querer hacer juego de palabras con su nombre), acaba de ver publicado en la editorial Polibeael relato de una estancia hace veintiún años en Benarés, la ciudad sagrada del Ganges. El rey de Ramnagar. Un viaje a India es una mezcla de crónica, ramillete de reflexiones, sucinta introducción a la metafísica védica y sus derivaciones y, sobre todo, el testimonio de un amor por los lugares distintos, ejes de energía, aunque este en pparticular se encuentre en franca decadencia y degradación, no solo por la contaminación y la basura, sino por la invasión occidental que va anegando, como las aguas del monzón, los ghats y los palacios, y el mundo que les otorgaba sentido. Merece la pena leerse por quien desee conocer algo de esa tierra y de su sacralidad, a pesar de ciertas reiteraciones y alguna digresión, porque cuando está inspirado (casi siempre), Tono Martínez sabe transmitir las sensaciones de un país singular e inabarcable. Como botón de ejemplo, sirva su narración de una pérdida en el laberinto de angostos callejones que se acumulan tras las fachadas que dan al río, y el paso junto a él, como por un túnel, de una procesión de leprosos.
     Tiene el lector la impresión de que a veces Tono hace decir a sus interlocutores cosas que él, ventrílocuo, desea dilucidar y exponer mediante ellos. Pero esto es recurso habitual de los autores de literatura de viajes y no hay que escandalizarse. Además de los indios con los que dialoga, el autor, su libro, se benefician de tres colaboradores de lujo: el filósofo y especialista en metafísica sagrada Ignacio Gómez de Liaño; el desaparecido fotógrafo Juan Ramón Yuste, de quien se ofrece un puñado de imágenes; y, finalmente y no por ello menos importante, el sanscritista Òscar Pujol, con quien mantiene una conversación que fue publicada como entrevista en Ajoblanco, que como en la mitología y religión india ha vuelto a reencarnar ¡en sí misma!, y está de nuevo disponible desde este mes en los quioscos.
     En la estela de los poetas y escritores que han escrito sobre la India (Paz, Maillard, Bonilla, Irazoki, Aguado, Glantz), José Tono Martínez aporta aquí su propia visión. Se lo agradecemos.

martes, 27 de junio de 2017

La poesía de Hilario Barrero






En Educación nocturna (Renacimiento, 2017), Hilario Barrero ha recogido una selección de sus poemas hasta la fecha. Era un libro muy esperado que permite ahora tener una imagen cabal del obra de este toledano transterrado en Brooklyn. Se me ocurren algunas observaciones sobre esta poesía, pero para qué intentar palabras nuevas cuando lo sustancial ya ha sido señalado por el prologuista de la antología, José Luis García Martín: "La gran historia colándose en la pequeña historia de un hombre que es como todos los hombres, que tuvo que luchar para hacer realidad su verdad, reprimida por los ojos turbios de la moral tradicional, pero que además sabe encontrar las palabras precisas para decir lo que todos hemos alguna vez sentido pero no acertábamos a expresar: el lanzazo cruel de la fugaz belleza entrevista, las noches de amor sin deseo y de deseo sin amor, la casi insoportable intensidad de algunos instantes que bastan para justificar una vida, el ultraje de los años, la gozosa variedad del mundo." 
     Hay aquí muchas estampas neoyorquinas, evocaciones de viajes europeos (el libro se cierra con el elegíaco "Plaza de san Marcos, Venecia"), celebraciones de cuerpos hermosos, de instantes que desembocan en la muerte. También el sexo, la iniciación en los misterios compartidos, el correlato de la juventud en que se convierte la vejez. Dejo el muy hermoso "Salvación" como muestra de la poesía de Hilario Barrero, como un pórtico que invite a adentrarse en ella:

SALVACIÓN

Pronto ya no estaremos juntos,
no oleremos las flores
ni los cuerpos de abril,
otra cometa entregará su infancia
al azul infinito,
vendrá otra tarde que no tendrá tus labios
y un nuevo cuerpo calentará otro lecho.
Contigo morirá lo que en mí vive
y en ti se salvará por lo que vive.

    

lunes, 26 de junio de 2017

De "Arden las redes"



Acompañé a Juan Soto Ivars en la presentación sevillana de su libro Arden las redes (Debate) hace pocas semanas. No suelo emplear esa técnica, pero días antes di con un yacimiento de tiras adhesivas para marcar páginas, y las empleé profusamente. Tomo ahora el libro de donde lo dejé y veo esas cabecitas de iceberg de colores fosforescentes: rosa, azul, verde, amarillo. Señalan páginas donde anoté párrafos o subrayé ideas. Una de ellas, que no me resisto a trasladar aquí:

Las redes sociales no fueron una respuesta a la necesidad de la humanidad, sino un reto de informáticos con tendencia a la misantropía, cuyo invento se salió de madre. Pusieron las herramientas al alcance de todo el mundo, y la auténtica baturaleza humana, baqueteada por el pánico, la inseguridad y la soledad, la transformó en el vehículo que transmite más velozmente los sentimientos de ofensa e indignación.

domingo, 25 de junio de 2017

Un vencejo







Como lapa a la roca bajo el agua,
en este mediodía de verano
estás pegado al mármol, a su atisbo
de último frescor bajo el bochorno.
El calor y la sed, dos alas negras
más poderosas que las tuyas.

Prietas las plumas, chamuscadas,
son la pizarra doble en que consigna
junio tu aturdimiento.
No has levantado nido, y te conformas
con este patio mío que te acoge,
su parva sombra como barro breve.

Inmóvil bajo el cielo que enhebrabas
ayer con tus pespuntes
que ahora corta el sol con sus tijeras,
como un ventilador desconectado
o su motor fundido de fatiga

tus aspas hoy se rinden al ardor.

sábado, 24 de junio de 2017

viernes, 23 de junio de 2017

"Poesía y espiritimo en Sevilla"



Así titula Alejandro Luque en El Correo de Andalucía la información sobre Los fantasmas de Yeats, publicada ayer a partir de su lectura y mis declaraciones.

jueves, 22 de junio de 2017

Un libro nuevo de Erika Martínez





Siempre es una buena noticia la aparición de un poemario de Erika Martínez. Con el primer de ellos, Color carne (2009), obtenía el Premio de Poesía Joven de Radio Nacional de España; el segundo, El falso techo (2013), gozó igualmente de muy buena acogida; hace pocos meses se publicó el tercero (en Pre-Textos como los anteriores), y se puedde afirmar que Chocar con algo consolida a la granadina como una de las mejores voces, señaladamente singular, reconocible, de la poesía española de su generación.
     Están aquí sus poemas en versículo, marca de la casa, pero también los construidos en verso digamos que ortodoxo. En unos y otros destaca Martínez como una finísima observadora. Siendo excelente todo el libro, tres poemas destacan, en mi opinión, como extraordinarios: "El guardapelo de las poetisas", "Choque de viseras" y "Talleres"; el primero, un agudo ejercicio de reivindicación de las poetas para quitarles tanto la carga falsamente idealizada entre suspiros y ayes como la cosificación de otras épocas; el tercero, sobre la creación que ella misma practica, una lección que encierra un oxímoron tan potente como este: "La poesía  es una discapacidad omnipotente de la palabra". En cuanto al segundo de ellos, se trata de un emocionante poema de amor con un punto ridículo (todas las cartas de amor son ridículas, pero más ridículos son quienes no han escrito nunca cartas de amor, aseveró Pessoa). Su tercera y última estrofa:

Las viseras chocaban cada vez
que intentábamos besarnos,
pero aprendimos
como dos rinocerontes,
y eran nuestros besos imposibles,
y muy viejos, y afilados.


(Chocar con algo se presenta esta noche a las nueve en la librería sevillana La Fuga)

miércoles, 21 de junio de 2017

lunes, 19 de junio de 2017

REGAR



Regar
en medio de un calor insoportable.
El agua se evapora.

No todo es el instante.
ya estás formando
las nubes de mañana.

viernes, 16 de junio de 2017

Molly Bloom en irlandés



El final de Ulises, de James Joyce, en irlandés (con el inglés abajo para comparar). Traducción de Breasal Uilsean y Séamas Ó hlnnéirghe tomada de la revista Nós:

…sea agus na sráideanna aite uilig agus na tithe bándearga gorma buí agus na hinscighmí róis agus na fóirdris agus na crobhanna dearga agus na cactais agus Giobráltar le linn mo ghirseoige mar a raibh mé i mo bhláth an tsléibhe sea nuair a chuir mé an rós i mo chiabh mar a ndéanadh na cailíní Andalúsaíacha nó an gcaithfidh mé dearg sea agus an chaoi ar phóg sé mé faoin mhúr Múrach agus smaoin mé d’aile nach cuma seisean ná duine eile agus ansin d’iarr mé air le mo shúile chun iarrata athuair agus sea agus d’iarr sé orm ansin go n-abróinn sea le sea a rá mo bhláth an tsléibhe thug mé i mo bhaclainn ar dtús é sea agus tharraing síos chugam é go raibh sé in ann mo chíocha a aireachtáil faoin bholtnas go léir sea agus bhí a chroí ag rith ar séarsa agus sea dúirt mé sea déanfaidh mé sea.


…yes and all the queer little streets and the pink and blue and yellow houses and the rosegardens and the jessamine and geraniums and cactuses and Gibraltar as a girl where I was a Flower of the mountain yes when I put the rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another and then I asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would I yes to say yes my mountain flower and first I put my arms around him yes and drew him down to me so he could feel my breasts all perfume yes and his heart was going like mad and yes I said yes I will Yes.

jueves, 15 de junio de 2017

Otra definición de la poesía





Poco después de entregar su producción poetica de muchos años en un grueso volumen, Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), el leonés de Riello Luis Miguel Rabanal publica ahora Los poemas de Horacio E. Cluck (Huerga & Fierro). Me ha recordado a Rafael Adolfo Téllez y sus Los cantos de Joseph Uber (2011)donde el andaluz creaba también un heterónimo que se desenvolvía en el mundo rural tan bien conocido por el autor. Una selección de los poemas de Téllez, incluidos los cantos, ha visto la luz hace pocos meses en la antología La soledad del aguacero (Renacimiento, como la poesía reunida de Rabanal) con prólogo -volvemos al simétrico reparto geográfico- de Andrés Trapiello y epílogo de José Julio Cabanillas.
     Rabanal, que ya había usado a Cluck hacía tiempo, lo recupera en este valioso libro mediante composiciones en verso que no adormece en el previsible ritmo y poemas en prosa que tienen no poco de narrativo, de episodios de una historia. Hay en él una labor de recuperación del lenguaje, también con el uso de palabras aldeanas -cilleros, tenadas, piérgulas, trébede, ganzas, aguzos- que no rescata la arqueología sino que se basta para ello el trapo limpio de la lengua, un tejido, un hilado que crea -y aquí viene esa posible definición, tan sugestiva- la poesía, "araña de efusión esplendorosa".

miércoles, 14 de junio de 2017

Luis Cernuda tomó su fusil





Luis Cernuda tomó su fusil







Había quedado con Francisco Barrionuevo en una vieja taberna de Sevilla. Lo hacemos de vez en cuando para hablar de poesía y ponernos al corriente de nuestras vidas. Barrionuevo es poeta de una excelente obra, casi toda inédita. Como Joan Margarit, es también arquitecto. Precisamente de un colega difunto venía a hablarme ese mediodía, de alguien a quien trató profesionalmente y con quien conversó prácticamente hasta su muerte, hace tres lustros. Antonio Delgado Roig (que llegó a ser casi centenario, pues cumplió los 99 años de edad) fue, además de autor de otros proyectos, el arquitecto de la basílica del Gran Poder y, en la aldea almonteña, del santuario del Rocío. Gran cofrade, era el hermano número uno de la Hermandad del Silencio, de la cual llegó a ser hermano mayor (como luego lo ha sido su hijo). Hombre culto, inquieto, de gran vitalidad, se le podía ver pasear su elegante figura, siempre caballeroso y bien vestido incluso en el verano tórrido hispalense, hasta poco antes de su fallecimiento. Lo que vino a decirme Paco Barrionuevo fue que, amigo del hijo de Delgado Roig, este le había estado hablando del servicio militar del padre, y que entre los papeles perfectamente clasificados, en su excelente archivo, había dado con unas fotografías de gran interés, no solo sentimental.
            En efecto, lo eran. Barrionuevo me espetó entre sorbo y sorbo de oloroso: ¿Tú has visto alguna vez a Cernuda con un fusil? Hice memoria rápidamente. Repasé mentalmente el magnífico Álbum editado por James Valender para la Residencia de Estudiantes, invoqué la amplia iconografía que he manejado de Cernuda durante los años de preparación de su biografía y aún después (esos retratos extraordinarios del fotógrafo mexicano Tomás Montero Torres, ya maduro el poeta), pero no había en los negativos de mi memoria ninguna imagen bélica de Cernuda, aparte de una fotografía de grupo en la que el poeta estaba de uniforme con compañeros de armas cumpliendo el servicio militar en Sevilla y, luego, en el patio de una casa de Madrid, dos –creo que eran dos– de Cernuda embutido en un impoluto mono blanco, que sin duda –era la época de llevarlo– lució a comienzos de la Guerra Civil. Estábamos a dos manzanas de la casa en que vivió Ángel María Yanguas Cernuda, el único sobrino del autor de La realidad y el deseo. Me pregunté si entre los documentos que todavía conserva la familia habría alguna otra foto aún ignorada. Negué: no, no se conoce ninguna de Cernuda portando armas. Paco desenfundó entonces su teléfono móvil y apuntó hacia mí: Mira, me dijo, como si fuera yo el que tenía que buscar un blanco. Era una vieja fotografía en blanco y negro, brillante en el cristal del iPhone, sorprendente por su nitidez, sin duda realizada por un fotógrafo profesional. Entre la veintena de mozos, distinguí el rostro familiar. Luis Cernuda, aún sin bigote, con el pelo negro y peinado hacia atrás, en un cuartel. Con un arma de fuego, como los compañeros de ese instante congelado. Y otra tomada con el grupo el mismo día poco antes (creo que Paco invirtió el orden para mostrarme primero la más sorprendente).


La historia del servicio de armas de Luis Cernuda durante la Guerra Civil es bien breve. Cernuda formó parte de la comisión de cultura del batallón Alpino Juventud, con el que marcharía al frente en derredor de la Ciudad Universitaria. Luego, por edad, por falta de inclinación militar, por sus cualidades como escritor, pasó a actividades de propaganda en la sede de la Alianza de Escritores Antifascistas en Madrid y en torno a la revista Hora de España en Valencia. Al estallar la contienda participó en transmisiones de radio junto con Arturo Serrano Plaja y Emilio Prados para el programa Madrid en armas, dirigido por el primero.
Pero antes, más de diez años antes, antes de la llegada de la República, el poeta sevillano tuvo que cumplir con el deber militar al ser llamado a filas su reemplazo. Aunque él realizó el servicio escalonadamente, como se permitía a los estudiantes universitarios, lo que él era a la sazón, le llegó como a todos la hora de comparecer en la Caja de Reclutas.
Las fotos no están fechadas, pero cabe datarlas hacia 1922 o principios de 1923. Según Joaquín Delgado-Roig fueron tomadas en el Cuartel del Carmen, en la calle Baños, anteriormente convento y en la actualidad Conservatorio Superior de Música “donde estaba parte de la guarnición del Tercer Regimiento de Artillería Ligera, conocido vulgarmente como “El Ligero”, donde el director de la banda montada de timbales y clarines era dirigida por el famosísimo Brigada Rafael”. Aparecen en ellas, además de Cernuda, y Antonio Delgado Roig, el librero Tomás Sanz, cuyo establecimiento de la calle Sierpes frecuentó Cernuda y que se anunciaba en la revista del 27 sevillano: Mediodía. Según recuerda a Barrionuevo también el hijo de Delgado Roig, “el Coronel que mandó por esa época el Regimiento era don Luis Rodríguez-Caso, uno de los fundadores del Betis y sobre todo el primer sevillano que promovió la Exposición Iberoamericana de 1929”.
Cernuda había sido hijo de militar (su padre fue coronel de Ingenieros, ascendido a general al pasar a la reserva) y había vivido durante su adolescencia en los pabellones del cuartel de la avenida de la Borbolla. Comenzó la carrera de Derecho en 1919, realizando un primer curso común a Filosofía y Letras, en el que fue profesor suyo Pedro Salinas, que acababa de obtener la cátedra de Literatura Española. Según el propio Cernuda, realizó el servicio militar en 1923-24, pero estuvo cumpliéndolo a trechos hasta después de acabados los estudios universitarios. Fue soldado de cuota, lo que evitó que tuviera que ir a la guerra de África, donde tantos españoles se dejaron la vida. El Tercer Regimiento de Artillería Ligera tenía su acuartelamiento principal en la Fábrica de Tabacos. A Cernuda no le gustaba nada montar caballerías (tuvo que aprenderlo, pues eran parte fundamental para el transporte de piezas artilleras), pero hubo de resignarse. Algo mayores que él, y por lo tanto de otra quinta, compañeros suyos de regimiento fueron Alejandro Collantes de Terán, poeta de Mediodía, y el novelista Manuel Halcón, amigo, primo y biógrafo de Fernando Villalón (con quien Cernuda amistó al final de su período sevillano).
En “Historial de un libro” Cernuda contó ese momento decisivo en el que, más allá de los primeros ejercicios escolares, sintió el llamado de la poesía: “Hacía entonces el servicio militar y todas las tardes salía a caballo con los otros reclutas, como parte de la instrucción, por los alrededores de Sevilla; una de aquellas tardes, sin transición previa, las cosas se me aparecieron como si las viera por vez primera, como si por vez primera entrara yo en comunicación con ellas, y esa visión inusitada, al mismo tiempo, provocaba la urgencia expresiva, la urgencia de decir dicha experiencia”. El texto “Sombras” de Ocnos refleja una estampa de su servicio militar, entre bestias y forraje. Luego pasó a la oficina del Regimiento, como años después a labores de retaguardia, y finalizó con sus obligaciones militares el 1 de noviembre de 1926.
La primera foto muestra a los mozos, aún plenamente civiles, con un sargento, bien visibles sus galones, con los brazos cruzados. Están en cuatro filas (Cernuda es el cuarto de la tercera fila por la izquierda, a su derecha se ve a Tomás Sanz y el segundo de la fila es Delgado Roig). Pertenece a la minoría que lleva pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, y es uno de los dos que lleva la aristocrática pajarita. Presentarse con pajarita a la Caja de Reclutas parece un gesto de distinción si no de altanería. Otro rasgo que se aprecia es que sin ser el más bajo de la fila, su estatura es inferior a la media. Es uno de los más repeinados, y aunque no se distingue brillantina, ese cabello sin raya y tan prensado sugiere algo de gomina o fijador. Entre los jóvenes los hay que intentan sonreír. No es el caso de Cernuda, que si mira a la cámara lo hace de manera abstraída, con cierta ausente melancolía, con seriedad.


En la siguiente imagen, las armas apoyadas en la pared, y otras que habría junto a ellas, han pasado a manos de los mozos. Los de la primera fila están de hinojos, con una rodilla levantada y la culata reclinada en el suelo. Los de la segunda, junto al bizarro sargento con mostacho, tienen las armas al hombro. Ahora el poeta sí mira al objetivo y hasta parece sonreír con una lejana sorna de sentirse inmortalizado (aunque la foto estuviera muerta de risa en una carpeta hasta hace nada) con esa pose, aún civil pero ya con un pie, o un hombro, en la milicia. Tampoco en esta ocasión vemos el calzado de Cernuda, que en todo caso imaginamos bien lustrado y en perfecto estado de revista, acaso unos botines como los del lechuguino que está en el centro de la aguerrida vanguardia en posición casi de tiro, ar. El arma parece ser una carabina Mauser conocida como “tercerola”, que por sus dimensiones más reducidas que las del fusil del mismo fabricante se empleaba por soldados que iban a caballo. Y poco más. Rompan filas.
Recientemente el Ayuntamiento de Sevilla aprobó en pleno, y por unanimidad, a iniciativa del Grupo Socialista y gracias al empeño del delegado de Cultura, Antonio Muñoz, adquirir la casa natal de Cernuda, tan ligada a Ocnos y a la educación sentimental del poeta. Aunque Antonio Delgado Roig ya no pueda rehabilitarla y se hayan perdido los detalles y anécdotas que hubiera podido referir a un biógrafo que se hubiese puesto antes a la tarea, cuando sea casa-museo y albergue actividades literarias, sendas reproducciones de estas fotografías deberían estar expuestas en sus vitrinas o paredes, testimonios de la juventud del mayor poeta nacido en Sevilla en el siglo XX y también de sus coetáneos, conocidos algunos, la mayoría anónimos.

(Publicado en la revista Clarín, 128. Mi agradecimiento a Joaquín Delgado-Roig y a Francisco Barrionuevo)