sábado, 21 de enero de 2017

Un siglo de Ford



Se cumplen este año los cien de que John Ford dirigiera su primera película, The Tornado, en la que al parecer también actuaba. Digo al parecer porque aquellos rollos de celuloide se perdieron como se perdió Cuba y ya no cabe sino especular sobre su contenido al hilo de testimonios indirectos. Evidentemente, no cabe pensar que fuera todavía una obra maestra, pero sí el pistoletazo de salida -un tiro de revólver- de la gran carrera del genio del cinematógrafo. José Manel Benítez Ariza, acendrado cinéfilo, acaba de publicar Cosas que no creeríais, una excelente colección de ensayos sobre el séptimo arte cuyo subtítulo es "Una vindicación del cine clásico norteamericano". Allí se ocupa, entre muchos otros, de Ford. Entresacaría del capítulo a él dedicado una idea muy certera: "La mayoría de las películas de Ford se valen de esta ironía: los personajes casi nunca son conscientes de que sus esforzadas acciones, normalmente dictadas por la necesidad y llevadas a cabo en nombre de una elemental noción del deber, sólo adquieren significado en un designio mayor cuyo alcance de les escapa." Esa "bienaventurada ceguera", como dice Benítez Ariza, "evita que los encomiables personajes fordianos adquieran el endiosado carácter providencial de los héroes convencionales." Por ahí va Ford, en efecto: más por el respeto por los titanes que por el culto a los dioses o semidioses. De ahí su elevada humanidad.