domingo, 12 de febrero de 2017

A vueltas con Lezama



En 1961, Luis Cernuda mandaba una tarjeta postal a José Lezama Lima en la que acusaba recibo de Dador, la última publicación del cubano: era un mensaje escueto en el que simplemente agradecía la atención del envío y no entraba en detalles sobre el libro. Algunos años antes, en 1953, el poeta sevillano escribía también al habanero agradeciéndole, tardíamente, el envío de Analecta del reloj. Allí sí que se explayaba y entraba a fondo en la poesía de Lezama. Me parece que sus opiniones, dirigidas al mismo autor en carta y no mediante comentario indirecto publicado en reseña o estudio, hablan por sí mismas y, por debajo de la natural amabilidad habitual en las relaciones epistolares, pone los puntos sobre las íes en esto que últimamente se debate a partir de mi crítica de la edición de envoltorio tan hermoso de la Poesía completa de Lezama, en la que –se trata de mi opinión– es mejor el papel que lo envuelve que el caramelo, empalagoso y con sabor extravagante para mi paladar.
Decía Cernuda al cubano: “Hace tiempo que quería escribirle, y darle las gracias por el envío de Analecta del reloj, su libro tan inusitado en cualquier tierra de habla española, admirable y diabólicamente hermético. Pero no es usted autor de lectura, no digo ya fácil, ni siquiera difícil, sino recóndita, y exige tanto empeño y concentración como su trabajo ahincado y reconcentrado merece.” Añadía que acababa de estar con Octavio Paz y que tanto el mexicano como él sentían “muy vivo interés por sus escritos”. Y que él, Cernuda, sintió admiración y extrañeza al leer el estudio de Lezama sobre Góngora al publicarse en Orígenes. Las líneas que siguen vuelvo a reproducirlas en su integridad por lo valiosas que me parecen en esto de la poesía de Lezama:

No crea, al oírme estas palabras de “extrañeza”, “hermético”, recóndito, en prejuicio alguno. Trato de reconocer una cualidad suya o reacción de lector mía, nada más, sin que ello represente opinión favorable o desfavorable.
Es que usted, querido Lezama, no concede ventaja a priori al lector. Y como ocurre en el poeta, sus escritos en verso y prosa  corren paralelos y el mismo pensamiento, aunque en distinto medio, se enfrenta en uno y otra. No exige usted menos del lector cuando le habla en verso que cuando le habla en prosa.

Finalmente, antes de pasar a otro asunto, Cernuda declaraba, y yo creo que en clara oposición a la poesía: “No sé si decirle que prefiero los dos estudios sobre Garcilaso y sobre Góngora.” Yo, y con casi rubor por adosar el mío a esos nombres, tengo también en más estima la obra en prosa de Lezama que sus versos. Lo cual no quita para que en estos, como ha quedado de manifiesto en el debate mantenido estos días pasados, halle momentos felices y fogonazos intermitentes a los que el “ruido” de tanta iluminación eclipsa.
            He citado a Cernuda. Un poeta que él admiró y que yo admiro, Yeats, a quien he traducido por extenso, tiene una obra también amplia y variada. De ella no es el oscuro “Letra para música, quizá” lo que me parece más estimable, ni el galimatías en prosa Una visión, sino poemas memorables como “Un aviador irlandés prevé su muerte”, “Plegaria por mi hija” o “Meditaciones en tiempo de guerra civil”, por no hablar del hipnótico y mágico “El sueño de Aengus”. Pero lo más hermético de Yeats (muy diferente de lo hermético de Lezama) no invalida la altura del irlandés, que es a su vez profundidad. Sigo manteniendo que no me parece un gran poeta Lezama, como he descubierto gracias a mi crítica que es opinión extendida entre muchos, como también son numerosos, hay que reconocerlo,  los que la aprecian e incluso, en algún caso, idolatran. Ello no le resta grandeza como autor en conjunto, prodigioso creador de Paradiso y artífice de revistas, impulsor de movimientos y ensayista. Si no creo en el maniqueísmo en la vida en general, tampoco hago artículo de fe de las opiniones literarias, y no me niego en redondo a ver virtudes parciales en el protagonista u objeto de estos párrafos. Cierro con Cernuda, con quien empecé: hay quienes valoran más su época surrealista y los que anteponemos la de libros como Las nubes o Como quien espera el alba. Depende de gustos y afinidades. Ahora bien, hallo en el Cernuda más irracional elementos menos arbitrarios y gratuitamente floridos que en Lezama. Será por eso que el autor de La realidad y el deseo sí me parece un gran poeta y el de Dador no.



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